“Perdón, nos equivocamos”: sicarios llaman a familia de joven de 17 años asesinada y confirman que la mataron por error


Días después del crimen que estremeció al barrio Las Américas de Barranquilla, los responsables del asesinato del la joven contactaron a su familia para pedir disculpas y admitir que ella no era el objetivo. La explicación no alivió el dolor: lo convirtió en una tragedia aún más cruel.

Primero fueron los disparos. Después la tragedia. Y días más tarde llegó lo impensable: una llamada.

Al otro lado de la línea, una voz desconocida soltó una frase que ningún padre debería escuchar jamás:—“Disculpa… nos equivocamos. No era tu hija la que íbamos a matar.

Así confirmó un sicario a la familia de Luzdaris Maickell Guerrero Corro, la adolescente de 17 años asesinada dentro de su propia casa en el barrio Las Américas, que su muerte había sido producto de una confusión.

No buscaban a Luzdaris. No tenía cuentas pendientes. No estaba en problemas. Simplemente estuvo en el lugar equivocado cuando hombres armados decidieron disparar.

Y ahora, después de enterrarla, sus padres saben que murió sin razón.

Un crimen sin explicación… hasta ahora

El homicidio ocurrió el 25 de febrero de 2026, cuando dos hombres armados irrumpieron violentamente en la vivienda familiar y le dispararon en repetidas ocasiones. La joven, aprendiz del SENA en diseño gráfico, murió en el lugar antes de recibir ayuda médica.

La escena dejó más preguntas que respuestas. Nadie entendía por qué una estudiante descrita como tranquila, dedicada y amante del canto había sido ejecutada dentro de su hogar.

Familiares insistían en lo mismo: Luzdaris era una joven de su casa, sin conflictos ni malas amistades. Cantaba, estudiaba y soñaba con un futuro distinto.

La explicación llegó días después. Y fue peor que cualquier sospecha.

El perdón que no sirve

El padre de la menor recibió la llamada que cambió el sentido del duelo.No fue una amenaza, fue una disculpa. Los asesinos admitieron que habían cometido un error.

Las palabras no trajeron alivio. Solo rabia.

Me piden perdón, pero ¿quién me devuelve a mi hija?”, repite el padre, atrapado entre la incredulidad y el dolor por la ausencia.

Porque saber que no la mataron por algo que hizo no consuela. Al contrario: duele más entender que murió sin motivo. Pero al menos su imagen queda limpia ante cualquier cuestionamiento público que justifique su muerte violenta. Ahora queda claro que murió porque alguien decidió disparar primero y preguntar después.

Una vida común alcanzada por la violencia

Luzdaris había llegado del SENA apenas minutos antes del ataque. En la casa estaban sus familiares realizando trabajos domésticos cuando quedó sola por unos instantes. Ese fue el momento que aprovecharon los sicarios para entrar y disparar.

Vecinos escucharon las detonaciones. Luego vino el caos, los gritos y la certeza inmediata de que algo irreparable había ocurrido.

La joven, que soñaba con cantar y construir una vida en Colombia tras migrar desde Venezuela, se convirtió en otra víctima de la violencia que golpea al Atlántico, donde la mayoría de homicidios se cometen bajo modalidad de sicariato.

El dolor que viajó de regreso

Tras el asesinato, la familia regresó a Venezuela para enfrentar el duelo lejos del lugar donde todo ocurrió.

Ahora vuelven con una ausencia imposible de explicar.

Un puesto vacío en la mesa. Una habitación intacta. Una voz que ya no canta.

Y una verdad que pesa más que cualquier mentira: Luzdaris no murió por quién era, sino por un error armado.

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Las autoridades judiciales continúan investigando para identificar y capturar a los responsables del crimen, mientras la comunidad educativa y vecinos siguen conmocionados por un caso que evidencia cómo la violencia puede irrumpir incluso en hogares sin vínculos con el crimen.


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