Patrullas del Ejército recorren pueblos vacíos mientras el miedo sigue gobernando en Zona Bananera


Comercios cerrados, calles vacías y familias sin sustento marcan las jornadas de tensión que atraviesan los corregimientos de Zona Bananera, donde grupos armados ilegales obligaron a paralizar la actividad económica mientras el miedo sigue gobernando incluso con presencia militar.

En Zona Bananera ya casi nadie abre una puerta sin mirar dos veces hacia la calle. Los negocios bajaron sus rejas, las motos desaparecieron de las esquinas y las tiendas dejaron de vender hasta lo más básico. Los corregimientos comenzaron a parecer pueblos abandonados, como si la vida hubiera decidido esconderse antes de que anocheciera.

La orden fue clara: cerrar todo. Y en esta tierra donde el banano mueve la economía y el trabajo diario sostiene la comida de miles de familias, detener el comercio durante varios días ha sido como apagarle el oxígeno al municipio.

Desde el sábado y durante este domingo, tropas del Ejército Nacional comenzaron a recorrer calles, trochas y cascos urbanos. Los soldados aparecieron en patrullas constantes, caminando entre negocios cerrados y corredores vacíos, intentando devolver una tranquilidad que todavía nadie siente.

Porque aunque los uniformados estén en las calles, el miedo sigue sentado dentro de las casas.

El pueblo donde nadie quiere hablar

En algunos corregimientos apenas se escucha el sonido de una motocicleta pasando a lo lejos. Hay tiendas que llevan días sin abrir y vendedores que prefirieron guardar sus productos antes que exponerse.

La escena se repite una y otra vez: puertas metálicas abajo, calles sin clientes, familias encerradas y miradas nerviosas detrás de las ventanas.

Muchos habitantes evitan hablar. Otros bajan la voz antes de mencionar quién estaría detrás de las amenazas. El nombre del Clan del Golfo se mueve entre murmullos, entre frases cortas y silencios incómodos.

Un comerciante resumió el temor que hoy domina la zona con una frase que se escucha en varios rincones del municipio: “ellos se van y uno queda”.

La frase iba dirigida a los patrullajes militares.

Porque aunque reconocen la presencia del Ejército, muchos habitantes sienten que las operaciones duran unas horas, mientras los grupos armados permanecen instalados en el territorio.

La muerte que habría desatado el paro

En la Zona Bananera la tensión explotó después del asesinato de un presunto líder del Clan del Golfo en esta región del Magdalena. Desde entonces comenzaron las presiones ilegales para obligar al cierre total del comercio.

El temor terminó expandiéndose rápidamente entre veredas y corregimientos.

Las llamadas intimidantes empezaron a circular entre comerciantes y propietarios de negocios. Algunos recibieron advertencias directas. Otros simplemente entendieron el mensaje cuando vieron las calles vacías y a sus vecinos cerrando.

Desde entonces conseguir alimentos básicos también se volvió una dificultad.

Hay familias que tienen problemas para abastecerse porque varios establecimientos dejaron de funcionar. El transporte disminuyó, el comercio se paralizó y el dinero dejó de circular en una población donde gran parte de la gente vive del día a día.

Cada jornada sin trabajo significa una comida menos sobre la mesa.

El Ejército tomó las calles

Frente a la crisis, tropas del Ejército Nacional asumieron el control de distintos corregimientos mediante patrullajes permanentes coordinados con la Alcaldía de Zona Bananera y la Secretaría del Interior.

Los soldados recorren zonas rurales y urbanas con el objetivo de vigilar puntos críticos, contener hechos violentos y recuperar el control del orden público.

La estrategia fue impulsada por la alcaldesa Clareth Olaya Jiménez y ejecutada con acompañamiento del secretario del Interior y Convivencia Ciudadana, Héctor Zuleta Rovira, quien supervisa los operativos junto a la fuerza pública.

Las imágenes de militares caminando entre calles vacías se han vuelto parte del paisaje de estos días. Pero el temor sigue intacto.

Porque mientras los uniformados avanzan por las vías principales, en los corregimientos la gente todavía siente que cualquier palabra puede costarles caro.

La súplica de un territorio cansado

En Zona Bananera el miedo ya dejó de ser una sensación pasajera. Se convirtió en rutina.

La gente habla de zozobra, de hambre, de incertidumbre y de abandono. Muchos sienten que quedaron atrapados entre la presión de los grupos armados y una presencia institucional que todavía no logra devolverles confianza.

Lea aquí: Gobernación y CamComercio reactivan agenda para destrabar proyectos del tren, colegio, aeropuerto y vías

Por eso las comunidades comenzaron a pedir la intervención urgente del Gobierno Nacional.


¿Quieres pautar

con nosotros?