Operativo militar contra las ACSN desata crisis en la Troncal del Caribe: turistas atrapados y tensión total


Expertos advierten que detrás de las protestas también podría existir presión del grupo armado para frenar la ofensiva militar.

La carretera está cerrada. Los vehículos permanecen detenidos durante horas bajo el sol. Turistas que intentaban llegar a las playas del Caribe o regresar a sus ciudades quedaron atrapados en ambos sentidos de la Troncal del Caribe. Algunos caminan entre filas interminables de buses y camiones buscando información. Otros simplemente esperan.

En Guachaca, a unos 60 kilómetros de Santa Marta, el puente festivo se convirtió en una crisis de orden público.

La vía que comunica al Magdalena con La Guajira permanece bloqueada por comunidades que denuncian presuntos abusos de la fuerza pública durante los operativos militares que se desarrollan en la vereda Quebrada del Sol contra las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada (ACSN).

La situación escaló rápidamente. Ya se reportó la incineración de un vehículo y la tensión sigue aumentando mientras continúan los enfrentamientos en las montañas cercanas.

Lo que ocurre en este corredor estratégico va mucho más allá de una protesta comunitaria. En el fondo, refleja una disputa por el control territorial en una zona donde la presencia del Estado históricamente ha sido limitada y donde los grupos armados han logrado construir relaciones complejas con la población.

Los disparos que desocuparon una vereda

La madrugada del operativo cambió la rutina de Quebrada del Sol.

Habitantes de la zona relatan que las detonaciones comenzaron desde las primeras horas del día. Ráfagas de fusil, sobrevuelos militares y movimientos de tropas provocaron temor entre decenas de familias campesinas.

Muchos decidieron abandonar sus viviendas.

La mayoría se desplazó hacia la vereda Los Linderos buscando refugio mientras se desarrollaban las operaciones.

«Las familias salieron porque tenían miedo. Había niños, adultos mayores y mujeres embarazadas. La gente escuchaba disparos por todos lados y prefirió irse«, contó un líder comunitario de la zona que pidió reserva de su identidad por razones de seguridad.

La comunidad sostiene que varios civiles habrían resultado lesionados durante los procedimientos militares y exige investigaciones sobre los hechos.

Fotografías y videos difundidos por habitantes muestran personas con heridas y rastros de sangre. Hasta el momento no existe un pronunciamiento oficial que esclarezca las circunstancias en las que se produjeron esas lesiones.

Una relación marcada por la desconfianza

La tensión entre comunidades rurales y fuerza pública en este sector de la Sierra Nevada no es nueva.

Campesinos e indígenas han denunciado durante años señalamientos que los vinculan con estructuras armadas ilegales.

Líderes locales aseguran que esa situación ha deteriorado la relación con las autoridades.

«La comunidad siente que la están tratando como si fuera parte del conflicto. Aquí viven familias trabajadoras que han estado en medio de la guerra durante décadas«, señaló un representante cívico.

La desconfianza aumentó recientemente tras la muerte de un conductor de transporte turístico durante un procedimiento atribuido a integrantes del Gaula Militar. Ese episodio provocó bloqueos y movilizaciones que dejaron una profunda fractura entre la población y la fuerza pública.

Ahora, con las operaciones en marcha contra las ACSN, esa tensión volvió a explotar.

El poder silencioso de las ACSN

Sin embargo, detrás de las denuncias también aparece una realidad difícil de ignorar.

Quebrada del Sol es considerada por organismos de seguridad como una zona de influencia histórica de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra.

En ese territorio, según diversas fuentes consultadas por EL TIEMPO, el grupo armado ha construido durante años una relación cercana con parte de la población.

Muchos de sus integrantes son nacidos en la misma región. Algunos tienen familiares, amigos o conocidos dentro de las comunidades donde operan.

Ese fenómeno ha generado una convivencia compleja que dificulta separar completamente las dinámicas sociales de la presencia armada.

Alberto Medina, experto en seguridad y conflicto, explica que la situación responde a un patrón frecuente en zonas bajo influencia de organizaciones ilegales.

«Cuando un grupo armado logra consolidarse territorialmente durante años, desarrolla vínculos sociales, económicos y familiares con la comunidad. Eso hace que cualquier operación militar genere reacciones que pueden mezclarse entre reclamos legítimos de la población y los intereses estratégicos de la organización ilegal«, explicó.

Según el analista, las protestas podrían estar reflejando ambas realidades al mismo tiempo.

Por un lado, habitantes que denuncian posibles excesos de la fuerza pública.

Por otro, una organización armada interesada en reducir la presión militar sobre sus estructuras.

La carretera convertida en escenario de la disputa

La Troncal del Caribe se transformó en el punto visible de esa confrontación. Los bloqueos impiden el tránsito de vehículos particulares, transporte de carga, buses interdepartamentales y automotores turísticos.

La situación afecta el abastecimiento de productos, retrasa operaciones comerciales y golpea uno de los corredores turísticos más importantes del norte del país.

La afectación resulta especialmente grave durante el puente festivo, cuando miles de viajeros se movilizan entre Santa Marta, Palomino, Riohacha y otros destinos del Caribe.

Algunos turistas han permanecido atrapados durante horas sin acceso a información clara sobre cuándo podrá restablecerse la movilidad.

Las autoridades mantienen presencia permanente en la zona mientras intentan recuperar el tránsito vehicular.

La crisis evidencia las dificultades que enfrenta el Estado para consolidar su autoridad en sectores de la Sierra Nevada donde las estructuras armadas han logrado arraigo social y control de facto.

Mientras las tropas continúan avanzando en Quebrada del Sol y las comunidades mantienen las protestas sobre la Troncal del Caribe, la región permanece atrapada entre dos fuerzas enfrentadas.

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En medio de esa disputa quedan campesinos, indígenas, comerciantes y turistas que hoy pagan el costo de una guerra que sigue definiendo la vida cotidiana en uno de los corredores más importantes del Caribe colombiano.


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