Nain, el más buscado del Caribe reaparece armado y en oración con líderes religiosos: “para Dios no hay límites”


Alias “el Bendito Menor” volvió a aparecer en una fotografía con hombres armados y líderes religiosos que llegaron hasta la montaña. Mientras las autoridades lo persiguen con recompensa vigente, su imagen desata polémica por el mensaje que proyecta en medio del conflicto.

Naín Pérez Toncel, el hombre señalado como uno de los más buscados del Caribe colombiano apareció en una imagen tomada en zona montañosa de la Alta Guajira, junto a hombres con prendas militares y armas largas. A su lado, un grupo de líderes religiosos que, según se conoció, llegaron hasta ese territorio para llevar un mensaje espiritual.

La escena muestra fusiles visibles, presencia armada y, en el centro, el líder armado que sigue siendo objetivo prioritario de las autoridades.

La imagen convierte en otro capítulo dentro de la exposición pública de alias “el Bendito Menor”, quien en varias ocasiones ha desafiado el cerco institucional mostrando fragmentos de su cotidianidad.

Pero lo que terminó de encender las redes fue el mensaje que acompañó la imagen: “para Dios no hay límites”. Una frase que para algunos suena a reflexión… y para otros, a ironía pura en medio de una persecución que no se detiene.

Mientras recibe la llamada “palabra de Dios”, la ofensiva de la Fuerza Pública continúa en la Sierra Nevada y la Alta Guajira. Las autoridades mantienen activa una recompensa millonaria para quien entregue información que permita ubicarlo.

El contraste es evidente: de un lado, la búsqueda intensificada; del otro, una aparición que proyecta calma en medio de la persecución.

Una imagen que incomoda y divide

La fotografía ha generado reacciones inmediatas. Para algunos, se trata de un intento de mostrar un giro espiritual o una faceta distinta del hombre detrás de las estructuras armadas. Para otros, es una puesta en escena que busca enviar un mensaje de control territorial y capacidad de mantenerse vigente.

Más allá de la imagen, lo que queda es el mensaje.

Naín Pérez Toncel sigue apareciendo cuando quiere, en el lugar que decide y bajo condiciones que reflejan su entorno: armas, territorio y ahora religión.

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Su nombre continúa en la lista de los más buscados, su ubicación sigue siendo incierta para las autoridades y su figura permanece en el centro de una narrativa que mezcla violencia, poder y exposición pública.


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