Naín, el hombre que se burla del Estado, ya no corre solo: la cacería es internacional y su caída, dicen, está cerca


La inclusión de la DEA en la búsqueda de alias ‘Naín’ marca un nuevo nivel en la persecución contra el líder de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra. Mientras él se exhibe sin miedo en redes, las autoridades aseguran que el cerco se estrecha y su captura sería cuestión de días.

Va sobre una motocicleta. El viento le golpea la cara. No se esconde. No baja la mirada. No acelera por miedo.

Alias Naín Pérez Toncel, el ‘Bendito Menor’, rueda por los caminos de La Guajira como si nada lo tocara, como si la guerra que lleva encima no fuera con él.

A su lado va ‘La Bebecita’, su pareja. Y en su voz, grabada y difundida sin pudor, hay una frase que se escucha como desafío:

“Mil millones dando vuelta… y relajadito”.

Pero mientras él se muestra tranquilo, el país entero lo está buscando.

De objetivo nacional a cacería internacional

Naín Pérez dejó de ser un problema regional. Ya no es solo el jefe armado que controla rutas, impone miedo y paraliza territorios.

Ahora es un objetivo que cruzó fronteras.

La entrada de la DEA a su búsqueda no es un detalle menor. Es una señal clara: su accionar ya no se entiende solo en la lógica del conflicto local, sino dentro de una red criminal con alcance internacional, marcada por el narcotráfico y la salida de droga hacia el Caribe.

Las autoridades colombianas lo dicen: esto cambió de nivel.

Un grupo élite del Gaula Militar, junto con unidades de la Dijín, la Sijín, inteligencia técnica y humana, y ahora agencias internacionales, están tras su rastro. Cada movimiento cuenta. Cada error puede ser el último.

El poder que lo convirtió en objetivo

Con apenas 26 años, Naín construyó poder a punta de sangre, presión y control.

En municipios como Riohacha, Uribia, Maicao, Albania y Manaure, su nombre no es solo conocido: pesa.

Se le atribuyen homicidios selectivos, extorsiones sistemáticas y la imposición de paros armados que congelaron la vida cotidiana.

Comerciantes obligados a pagar. Comunidades sometidas al miedo. Jóvenes tentados con dinero, motos y promesas rápidas para entrar a la estructura.

Ese dominio fue el que lo puso en la mira. No solo por lo que hace, sino por lo que representa: un liderazgo criminal capaz de paralizar territorios completos.

El cerco que se cierra

Mientras Naín se graba y se muestra, su estructura se desmorona.

Las autoridades han golpeado sus anillos de seguridad.

Han caído hombres de confianza. Han capturado piezas clave en su red financiera. Y en operaciones recientes, al menos nueve de sus integrantes fueron neutralizados.

El mensaje es claro: lo están dejando solo.

El cerco ya no es una amenaza. Es una realidad que se mueve en tierra, aire y tecnología. Se rastrea. Se intercepta. Se sigue cada pista.

Incluso, desde el alto gobierno se habla de operaciones más contundentes, siempre bajo una condición: evitar afectaciones a civiles.

“Hasta la muerte”: la promesa del perseguido

Naín lo ha dicho. No piensa entregarse.

Su discurso no es de escape, es de confrontación. De permanencia. De resistencia. “Hasta la muerte”, ha dejado entrever.

Y ahí está la línea que divide esta historia: de un lado, un hombre que se muestra invencible; del otro, un Estado que asegura tenerlo rodeado.

La caída que anuncian

Las autoridades lo repiten: es cuestión de días.La recompensa por su captura asciende a cientos de millones, pero el dinero ya no es el único motor. La presión es política, institucional y ahora internacional.

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Naín sigue rodando. Sigue hablando. Sigue desafiando. Pero cada kilómetro que avanza parece más corto que el anterior.

Porque esta vez no lo buscan solo aquí. Lo buscan en todas partes.


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