Margarita se aleja del naranja y se acerca a Abelardo: la gobernadora empieza a construir su propio proyecto político


La gobernadora del Magdalena muestra cada vez más distancia de la identidad política con la que llegó al poder y fortalece públicamente su cercanía con el presidente Abelardo de la Espriella. Mientras recorre municipios, anuncia inversiones y busca consolidar una relación directa con las comunidades, en el escenario político comienza a tomar fuerza una lectura: Margarita Guerra quiere convertirse en cabeza de su propio proyecto y llegar a las elecciones regionales de 2027 con candidatos a alcaldías y Gobernación.

Margarita Guerra parece haber decidido que su futuro político no tiene que depender exclusivamente del color naranja que la llevó a la Gobernación del Magdalena. Sin anunciar formalmente una ruptura con Fuerza Ciudadana, la mandataria viene construyendo una imagen cada vez más propia y, paralelamente, mostrando una cercanía que ya resulta inocultable con el presidente Abelardo de la Espriella.

Las señales han dejado de ser coincidencias. Guerra ha utilizado sus redes sociales para felicitar al mandatario, respaldar decisiones de su Gobierno y destacar públicamente su gestión. Después del operativo contra alias ‘Bendito Menor’, por ejemplo, la gobernadora publicó un contundente “¡Tenemos Presidente!”, un mensaje que trascendió rápidamente el ámbito institucional y generó interpretaciones políticas sobre la relación que comienza a construirse entre ambos.

A esa exposición pública se suma otro detalle mucho más personal: la mandataria ha llegado a utilizar como fotografía de perfil de WhatsApp una imagen en la que aparece junto al jefe de Estado. En política, donde cada fotografía y cada mensaje suelen tener una lectura, el gesto difícilmente pasa inadvertido.

Del naranja a una identidad propia

Margarita Guerra llegó al Palacio Tayrona respaldada por una estructura política identificada durante años con el naranja del Caicedismo. Sin embargo, su administración empieza a mostrar señales de una nueva etapa.

La gobernadora no ha anunciado una ruptura con Fuerza Ciudadana y, por ahora, hablar de una separación definitiva sería anticiparse a los hechos. Lo que sí resulta visible es su esfuerzo por fortalecer una identidad personal, construir relaciones propias y marcar una agenda que tenga su nombre y su sello.

La cercanía con Abelardo de la Espriella forma parte de ese nuevo escenario. Guerra estuvo presente en su posesión presidencial y desde entonces ha expresado públicamente su disposición de trabajar articuladamente con el Gobierno Nacional. También le ha solicitado intervención directa frente a problemas del Magdalena, como la crisis del servicio de energía y la situación de seguridad.

El viernes volvió a coincidir con el mandatario durante la Cumbre de Gobernadores realizada en Mompox, donde los mandatarios regionales discutieron con el Gobierno Nacional asuntos relacionados con descentralización, regalías, seguridad, salud y fortalecimiento financiero de los departamentos.

Margarita quiere jugar con equipo propio

Pero detrás de la relación institucional comienza a abrirse una discusión mucho más grande: ¿qué hará Margarita Guerra cuando llegue la hora de disputar nuevamente el poder territorial en el Magdalena?

En sectores políticos del departamento crece la expectativa alrededor de la posibilidad de que la gobernadora termine liderando un movimiento propio con aspiraciones de competir en las elecciones regionales de 2027.

La apuesta sería ambiciosa: tener candidatos competitivos en varias alcaldías y, especialmente, jugar un papel determinante en la escogencia del próximo gobernador del Magdalena.

Eso significaría que Guerra dejaría de ser únicamente la mandataria que recibió el respaldo de una estructura política para convertirse en cabeza de una propia. El objetivo sería llegar al final de su administración con suficiente capital político para sentarse en la mesa electoral como protagonista y no simplemente como heredera de decisiones tomadas por otros.

Por ahora no existen candidaturas anunciadas ni una estructura electoral presentada oficialmente. Sin embargo, los movimientos empiezan mucho antes de las inscripciones y Margarita parece haber entendido que para construir poder propio necesita algo fundamental: territorio.

Obras, municipios y contacto directo con la gente

Mientras crecen las especulaciones políticas, Guerra intensifica su presencia fuera de Santa Marta.

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La mandataria viene recorriendo municipios mediante una estrategia denominada “Maratón con Resultados”, entregando proyectos, poniendo primeras piedras y anunciando nuevas inversiones. Este fin de semana, por ejemplo, estuvo en el sur del Magdalena, donde inició las obras de un acueducto regional para comunidades rurales de Guamal, con una inversión superior a los $13.500 millones. También entregó el sistema de alcantarillado de Pinto Viejo y anunció avances para futuras obras de agua potable.

La agenda le permite mostrar gestión, pero también tiene inevitablemente una consecuencia política: aumenta su exposición, fortalece el contacto directo con alcaldes y dirigentes locales y le permite construir reconocimiento en municipios donde se decidirá buena parte de la próxima elección departamental.

Guerra parece querer que la gente identifique directamente las inversiones con su administración y su liderazgo. Esa diferenciación será fundamental si finalmente decide levantar una estructura política independiente de aquella que inicialmente respaldó su llegada al poder.

Abelardo aparece en el nuevo mapa

En ese rompecabezas aparece Abelardo de la Espriella.

El presidente también comienza a construir una estructura política nacional alrededor de su nuevo partido, Defensores de la Patria, cuya estrategia tiene entre sus componentes una relación estrecha con gobernadores y alcaldes y una bandera de descentralización.

Por eso la cercanía entre Guerra y De la Espriella despierta especial interés. Hasta ahora puede explicarse perfectamente dentro de las relaciones institucionales entre Nación y departamento, pero la frecuencia de los mensajes públicos, los elogios de la gobernadora y las fotografías compartidas alimentan inevitablemente las interpretaciones sobre una eventual convergencia política.

Todavía falta mucho para saber si esa cercanía terminará convertida en una alianza electoral. Lo evidente es que Margarita Guerra está enviando señales diferentes a las de sus primeros meses de gobierno.

El naranja pierde protagonismo, su nombre gana espacio y Abelardo de la Espriella aparece cada vez más cerca.

La batalla que viene por el Magdalena

Los próximos meses permitirán establecer hasta dónde llegará la transformación política de Margarita Guerra. La gran prueba estará en conocer quiénes comienzan a rodearla, qué dirigentes municipales se acercan a su administración y, principalmente, cuáles serán las figuras que terminarán apareciendo bajo su sombrilla para disputar alcaldías y Gobernación.

Porque una cosa es gobernar con independencia y otra muy distinta construir una fuerza capaz de sobrevivir electoralmente después de abandonar el Palacio Tayrona.

Margarita parece dispuesta a intentarlo.

Mientras entrega obras, recorre pueblos y fortalece su relación con el Gobierno Nacional, la gobernadora comienza a dibujar un mapa diferente para 2027. Un mapa donde el naranja ya no parece ser el único color y donde ella pretende dejar de ser una pieza de un proyecto político para convertirse en la mujer que dirija el suyo.


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