
Margarita Guerra contraataca al caicedismo: responde a críticas de deslealtad y denuncia obras inconclusas y corrupción hospitalaria
La gobernadora del Magdalena cuestionó obras inconclusas, problemas en hospitales y el manejo de los recursos públicos después de recibir críticas de militantes del movimiento que respaldó su elección. “Yo no llegué a la Gobernación para pagar favores”, afirmó.
El abrazo duró unos segundos, pero terminó por hacer más visible el rompimiento total entre Margarita Guerra y el sector político que la llevó a la Gobernación del Magdalena. Mientras posaba con ella para una fotografía, el presidente Abelardo de la Espriella lanzó una broma con destinatario propio: “Le va a dar un yeyo a Caicedo”.
La escena ocurrió el 30 de octubre en Santa Marta, después de la presentación de una iniciativa de abastecimiento de agua para la capital y municipios del departamento. Guerra había respaldado los anuncios nacionales y ofrecido articulación institucional a través de Aguas del Magdalena. El encuentro terminó entre sonrisas y con una referencia directa al líder de Fuerza Ciudadana, Carlos Caicedo.
Después circularon videos de militantes que cuestionaron la lealtad de la mandataria hacia Caicedo y hacia el movimiento. La respuesta de Guerra llegó durante uno de sus recorridos por los municipios: ante un encuentro que describió como una reunión de más de 300 líderes, defendió su autonomía y trasladó la discusión a las condiciones en las que, según sostuvo, encontró parte de la administración.
Su mensaje no incluyó un anuncio formal de retiro de Fuerza Ciudadana, pero sí expresó una distancia política: su obligación, aseguró, está con los habitantes del Magdalena y no con intereses particulares.
Una gobernadora elegida con el respaldo de Caicedo
El origen de la controversia está en la relación que hizo posible su llegada al poder. Guerra ganó las elecciones atípicas del 23 de noviembre de 2025 con el respaldo del proyecto político de Caicedo, después de que fuera anulada la elección de Rafael Martínez. Su candidatura representó la continuidad de Fuerza Ciudadana en la administración departamental.
Ese antecedente explica el peso del abrazo con De la Espriella. Para el movimiento que impulsó su candidatura, la cercanía con un presidente ubicado en una orilla política distinta tiene implicaciones que superan una fotografía. Para Guerra, según el argumento que ha defendido públicamente, la coordinación entre gobiernos debe responder a las necesidades del territorio.
La tensión, además, venía de antes. En agosto, la prensa regional había divulgado un comunicado en el que la gobernadora denunciaba presiones y hostigamientos, defendía su autonomía y cuestionaba presuntas prácticas irregulares en dependencias y hospitales. Aquel pronunciamiento no identificaba por nombre a los responsables de esos hechos.
El episodio presidencial encontró, por tanto, una relación que ya mostraba diferencias públicas.
Hospitales y obras: el centro de su respuesta
En su intervención más reciente, Margarita Guerra comenzó atribuyendo parte del atraso departamental a las confrontaciones personales.
“El Departamento del Magdalena, por tantas peleas individuales, por eso tiene el retraso que hoy tiene”, manifestó antes de dirigirse a quienes la señalan de desleal.
La mandataria cuestionó las obras inconclusas, la pérdida de recursos públicos y las dificultades para prestar servicios de salud. También mencionó vías próximas a entregarse que, según su relato, presentan huecos.
Uno de los pasajes más fuertes estuvo relacionado con la infraestructura hospitalaria.
“No se justifica que en los hospitales se pensaron en jardineras, pero no pensaron en los aires acondicionados para ponernos a operar. Eso sí es deslealtad”, expresó.
Luego afirmó haber encontrado un hospital de primer nivel con 14 abogados y relató la pregunta que hizo frente a esa situación: “¿Ustedes prestan servicios de salud o son un consultorio jurídico?”.
Se trata de señalamientos de la gobernadora. En el material suministrado no se identifican los hospitales, los contratos, las obras ni los funcionarios a los que se refiere, ni se aportan informes de control que permitan establecer responsabilidades.
“Los recursos del departamento no tienen dueño distinto al pueblo”
Guerra también rechazó que su mandato deba limitarse a quienes votaron por ella.
“Mi lealtad es con el Departamento del Magdalena. No por los 184 mil que votaron por mí, sino por más de un millón de habitantes del Departamento del Magdalena, indistintamente del color político”, sostuvo.
En el mensaje que acompaña sus declaraciones insistió en que los recursos públicos deben financiar obras y soluciones para las comunidades.
“Yo no llegué a la Gobernación para pagar favores, alimentar intereses particulares ni beneficiar a unos pocos”, afirmó. Y agregó: “Los recursos del departamento no tienen dueño distinto al pueblo; tampoco tienen color político”.
Con esas palabras, la mandataria planteó el desacuerdo como una discusión sobre la manera de gobernar y sobre los límites entre el respaldo electoral de una organización y la autonomía de quien ejerce el cargo.
Una confrontación pública, con preguntas pendientes
El intercambio deja mucho más rota la relación entre Fuerza Ciudadana y la gobernadora que reivindica decisiones propias. A Guerra, por su parte, le corresponde sustentar los cuestionamientos administrativos con los que respondió a las críticas políticas.
La controversia ya superó el abrazo presidencial. Ahora involucra el balance de las administraciones anteriores, el manejo de los recursos departamentales y la capacidad de Guerra para sostener su gobierno mientras se distancia públicamente del liderazgo que respaldó su elección.
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