
Los hermanos adolescentes que sobrevivieron a la muerte de su familia en el terremoto de Venezuela y volvieron a salvarse en el sismo de Colombia
Tras perder a su madre, su abuela y su hermano menor en el colapso de su edificio en La Guaira, los jóvenes de 15 y 17 años llegaron a Cali para empezar de cero, donde el pasado 10 de agosto volvieron a salir ilesos de un potente sismo de magnitud 7,4.
Winder y Deivi Delfín, de 15 y 17 años, se han convertido en los jóvenes protagonistas de una impactante historia de supervivencia al salir con vida de dos desastres naturales en países distintos.
El pasado 10 de agosto, ambos hermanos se encontraban en la ciudad de Cali cuando un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el territorio colombiano, provocando severos daños en la capital del Valle del Cauca y dejando más de 200 personas fallecidas.
Afortunadamente, pese a la magnitud del evento, los dos adolescentes lograron salir completamente sanos y salvos del movimiento telúrico.
Sin embargo, la experiencia no era nueva para ellos, pues ya venían arrastrando el trauma de un evento similar ocurrido semanas atrás.
El 24 de junio, los hermanos Delfín sobrevivieron a un mortífero temblor en Venezuela que destruyó varias estructuras en La Guaira, entre ellas el edificio donde habitaban.
En esa tragedia, la familia sufrió la dolorosa pérdida de la madre de los jóvenes, su abuela y el hermano más pequeño del hogar.
Tras el colapso, Winder y Deivi, acompañados por su padre Deivid Delfín, trabajaron incansablemente durante 26 días utilizando únicamente una pala y un cuchillo de cocina hasta poder ubicar y extraer los restos de sus familiares.
Fue precisamente esa trágica pérdida la que motivó al padre, quien se desempeña como barbero, a trasladarse con sus dos hijos sobrevivientes hacia Colombia en busca de tranquilidad y un nuevo comienzo.
Sin embargo, el reciente movimiento telúrico en Cali volvió a poner en riesgo la vida de los adolescentes.
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Al momento del sismo, su padre no estaba en la vivienda y corrió desesperado por las calles pensando que perdería a sus dos únicos hijos, encontrándolos a salvo en el lugar.
“Se me salieron las lágrimas y todo, porque me daba miedo lo que viví ya, lo que vivieron mis hijos. No quiero que les pase nada a mis hijos”, el progenitor rompió en llanto al recordar el momento, expresando el profundo temor de que sus hijos vuelvan a pasar por una pesadilla semejante, mientras los dos jóvenes enfrentan el reto de superar el impacto emocional de haber salido con vida de dos terremotos seguidos.
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