
“Lo vi vivo y sentí alivio”: madre samaria suplica al Gobierno repatriar a su hijo capturado en la guerra de Ucrania
La mujer pidió a la Cancillería y a organismos humanitarios activar las gestiones diplomáticas para lograr el regreso de su hijo, Carlos Alberto González, quien permanece bajo custodia de las fuerzas ucranianas tras rendirse en medio de un combate. La mujer asegura que el joven viajó a Rusia tras aceptar una oferta laboral que, según denuncia, terminó siendo muy distinta a la que le prometieron.
Una guerra que estalla a miles de kilómetros logró destrozar un hogar en Santa Marta. Desde la capital del Magdalena, una madre vive pendiente de cualquier noticia que le permita volver a abrazar a su hijo. Sabe que sigue con vida, pero también que permanece retenido en Ucrania después de rendirse en medio de un enfrentamiento armado. Ahora, con la angustia acumulada durante meses, decidió acudir al Gobierno colombiano para pedir que lo traigan de regreso.
Yamile González elevó una solicitud formal ante el Ministerio de Relaciones Exteriores y pidió el respaldo de la Cruz Roja Internacional para que se activen los mecanismos diplomáticos y humanitarios que permitan la repatriación de su hijo, Carlos Alberto González, así como la de otros colombianos que atraviesan la misma situación.
Un viaje que terminó en la guerra
La historia, según el relato de la madre, comenzó con un mensaje recibido por WhatsApp. Allí le ofrecieron al joven la posibilidad de viajar a territorio ruso bajo unas condiciones de contrato, un periodo de entrenamiento de aproximadamente 40 días y una preparación antes de cualquier misión.
Sin embargo, asegura que esa promesa jamás se cumplió.
“A mi hijo le dijeron que iba a recibir cerca de 40 días de entrenamiento, pero eso nunca ocurrió. Antes de cumplir un mes ya lo habían llevado a una base y después terminó en una zona de combate. Esos muchachos fueron llevados con promesas que, según mi hijo, nunca se cumplieron”, afirmó Yamile González.
De acuerdo con su versión, en menos de un mes Carlos Alberto ya estaba integrado a una unidad militar y enviado directamente a una zona de combate, sin haber recibido la instrucción que le habían prometido antes de salir de Colombia.
La rendición para seguir con vida
El momento más crítico llegó durante un fuerte enfrentamiento armado. La unidad en la que se encontraba el colombiano sufrió importantes bajas y la situación se volvió insostenible.
Ante ese escenario, Carlos Alberto González y otros cuatro ciudadanos colombianos decidieron deponer las armas y entregarse a las fuerzas ucranianas con el objetivo de preservar sus vidas.
Desde entonces permanece bajo custodia militar, a la espera de que su situación jurídica sea resuelta mientras su familia lucha desde Colombia para conseguir apoyo diplomático.
La incertidumbre terminó parcialmente cuando Yamile logró establecer una videollamada con su hijo días después de la captura. Verlo con vida alivió un dolor que durante semanas parecía insoportable.
“Cuando vi a mi hijo sentí un alivio enorme. Le doy gracias a Dios porque pude hablar con él, pero hay muchas madres que todavía no saben dónde están sus hijos. Esa incertidumbre es muy difícil de soportar”, expresó.
La mujer insiste en que su petición va mucho más allá del caso de Carlos Alberto. Asegura que existen más familias colombianas atravesando la misma angustia y considera urgente que el Estado intervenga.
“No estoy luchando solamente por mi hijo. Estoy luchando por todos esos jóvenes colombianos y por todas las madres que viven esta misma angustia. No podemos quedarnos calladas. Necesitamos que nuestras voces sean escuchadas”, manifestó.
Un llamado urgente a la Cancillería
Con la solicitud presentada, Yamile González espera que la Cancillería active los mecanismos previstos en el derecho internacional para gestionar el retorno seguro de los colombianos retenidos en medio del conflicto entre Rusia y Ucrania.
Además de buscar la repatriación de su hijo, la madre pretende que este caso sirva como una advertencia sobre las ofertas de reclutamiento que circulan a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería, donde, según denuncia, varios jóvenes habrían aceptado propuestas laborales que terminaron llevándolos a uno de los conflictos armados más peligrosos del mundo.
Hoy, desde Santa Marta, su batalla ya no se libra en un campo de combate. Se libra entre documentos, solicitudes diplomáticas y la esperanza de que una llamada del Gobierno le confirme que el regreso de su hijo dejó de ser un anhelo para convertirse en una realidad.
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