Joven murió y no supo por qué; esperaba una amiga para hacerle una carrera en moto y quedó en la mitad de un ataque a bala


El joven de 19 años, murió tras recibir cuatro impactos de bala durante un ataque sicarial contra una vivienda en el barrio Evaristo Sourdís, en Barranquilla. La Policía confirmó que el joven no era el blanco de los sicarios.

Estaba esperando. Quieto, sin esconderse. Y las balas lo atravesaron hasta matarlo. Cuatro disparos le arrancaron la vida a Andrés Felipe Sandoval Rodríguez, un joven de 19 años que no tenía nada que ver con el ataque que se desató frente a él.

Eran las 8:45 de la noche del viernes 24 de abril. Andrés Felipe permanecía sobre su motocicleta en la carrera 9E con calle 97A-26, en el barrio Evaristo Sourdís. Iba a hacer un favor: recoger a una conocida para llevarla a su destino. Nunca llegó a hacerlo.

Dos hombres en motocicleta irrumpieron en la escena. El parrillero sacó el arma y disparó sin pausa contra una vivienda del sector. No miró a quién tenía al lado. No midió consecuencias. Solo disparó.

Andrés estaba ahí. A metros. Expuesto. Y las balas lo encontraron.

Cuatro impactos y una vida apagada

El ataque fue breve, pero suficiente. Cuatro impactos de bala lo dejaron gravemente herido sobre la vía. La sangre empezó a correr mientras los sicarios huían.

Quedaron los gritos. La desesperación. Vecinos corriendo, intentando ayudarlo, levantándolo como pudieron para llevarlo al Camino Bosque de María.

Entró con vida. Pero no resistió.

Minutos después, los médicos confirmaron lo inevitable: Andrés Felipe había muerto.

No era el objetivo

Las primeras investigaciones de la Policía Metropolitana de Barranquilla son claras: el ataque iba dirigido contra la vivienda frente a la que estaba estacionado. Andrés Felipe no estaba en la mira.

Murió por estar ahí. Por esperar. Por hacer un favor.

Murió por balas que no eran para él.

Un joven con futuro

Tenía 19 años. Era egresado de la IED Mundo Bolivariano. No registraba antecedentes ni amenazas. Se preparaba para ingresar al Ejército Nacional. Tenía planes, metas, una vida por construir. Nada de eso alcanzó.

El dolor que no cabe en palabras

Lo mataron por hacer un favor”, dicen sus familiares entre lágrimas. Lo repiten como intentando entender lo que no tiene lógica.

Hoy lo lloran. Hoy lo sepultan. Hoy enfrentan una pérdida que llegó sin aviso, sin razón, sin explicación suficiente.

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La búsqueda de los responsables

Peritos de la Policía Judicial analizan cámaras de seguridad y recogen testimonios para identificar a los autores del ataque. La investigación avanza sobre el objetivo real del atentado y las circunstancias que dejaron a un joven inocente en medio del fuego.


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