
Félix Abraham Gil, ‘El Gato’: el joven alegre de Jumbo que murió con apenas 23 años en un paseo con su pareja
Compañeros, amigos y familiares recuerdan al joven samario como una persona inteligente, trabajadora, noble y siempre dispuesta a servir. Su muerte en la cascada Pozo Verde dejó un profundo vacío entre quienes compartieron con él.
Félix Abraham Gil tenía apenas 23 años y ya había logrado algo que muchos tardan toda una vida en conseguir: ser recordado con cariño en cada espacio que ocupaba. Para sus amigos era ‘El Gato’; para sus compañeros de trabajo, un joven inteligente y servicial; para los clientes que atendía, el asesor amable de Samsung en Jumbo.
Su muerte en la cascada Pozo Verde acabó de manera cruel con una vida que apenas comenzaba a tomar forma. Detrás del joven que perdió la vida durante un paseo junto a su pareja había un trabajador dedicado, un amigo leal y una persona cuya alegría se convirtió en el recuerdo más repetido después de la tragedia.
El asesor amable que atendía en Jumbo
Abraham residía en el barrio La Ciudadela, en Santa Marta, y desde hacía cerca de dos años trabajaba como asesor de la marca Samsung en el establecimiento Jumbo de la ciudad. Allí pasaba buena parte de sus días explicando productos, resolviendo dudas y atendiendo a las personas que llegaban al almacén.
Quienes compartieron con él ese espacio destacan su inteligencia y la facilidad que tenía para relacionarse con el público. Abraham procuraba ofrecer un trato cercano y amable, una cualidad que le permitió ganarse el respeto de sus compañeros y dejar una buena impresión entre los clientes.
Su trabajo representaba mucho más que una ocupación cotidiana. Era uno de los escenarios en los que mostraba su disposición para servir y su capacidad para establecer vínculos con quienes lo rodeaban. Por eso, la noticia de su fallecimiento golpeó con fuerza a las personas que estaban acostumbradas a verlo cumplir cada jornada.
‘El Gato’, como lo llamaban sus amigos
Fuera del almacén, Abraham era conocido cariñosamente como ‘El Gato’. Sus amigos lo describen como un joven espontáneo, feliz y con una personalidad que difícilmente pasaba inadvertida.
También resaltan su nobleza y la fidelidad que demostraba hacia las personas cercanas. Para quienes compartieron momentos importantes con él, Abraham era ese amigo que conservaba los vínculos y sabía acompañar cuando alguien necesitaba apoyo.
Las palabras con las que hoy lo despiden coinciden en varios aspectos: tenía buen corazón, transmitía alegría y trataba a los demás con calidez. Su manera de relacionarse hizo que, con apenas 23 años, construyera afectos profundos entre familiares, amigos, compañeros y conocidos.
Una vida que terminó demasiado pronto
Abraham tenía trabajo, una relación sentimental y un entorno que valoraba su presencia. Su vida transcurría entre las responsabilidades laborales, la familia, los amigos y los planes que compartía con su pareja.
Precisamente, se encontraba disfrutando de un paseo junto a ella cuando ocurrió la tragedia en Pozo Verde, un paraje natural ubicado en la parte alta del sector de La Lisa, dentro de la jurisdicción rural de Las Tinajas.
El joven ingresó a la poza para bañarse y posteriormente desapareció en el agua. Su pareja pidió ayuda y comenzó una búsqueda que se extendió durante varias horas. El cuerpo fue encontrado en las primeras horas del lunes, confirmando el desenlace que sus seres queridos se resistían a aceptar.
El recuerdo que deja Abraham
El hecho ocurrido en Pozo Verde ya es conocido, pero la historia de Abraham va mucho más allá de sus últimos momentos. Su vida no puede quedar resumida únicamente en el lugar donde murió ni en las circunstancias de la tragedia.
Era el muchacho de La Ciudadela que salía todos los días a trabajar; el asesor que atendía con amabilidad en Jumbo; el amigo al que llamaban ‘El Gato’ y el joven espontáneo que, según sus allegados, transmitía felicidad a quienes tenía cerca.
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Su ausencia deja un puesto vacío en el trabajo, un amigo menos en las reuniones y un dolor profundo dentro de su familia. Félix Abraham Gil murió con solo 23 años, cuando todavía tenía proyectos por cumplir y muchas experiencias por vivir.
Hoy, sus seres queridos intentan despedirlo recordando al hombre que fue antes de la tragedia: trabajador, inteligente, noble, alegre y fiel con sus amigos. Ese es el perfil de ‘El Gato’, el joven samario cuya vida terminó demasiado pronto en las aguas de Pozo Verde.
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