
El miedo pudo más que los llamados a la calma: Santa Marta amaneció con comercios cerrados y calles vacías
Aunque las autoridades señalaron como falso el panfleto atribuido a las ACSN y el presidente Abelardo de la Espriella aseguró que impediría un paro armado, comerciantes del Mercado Público, el Centro, el barrio Once de Noviembre y sectores de la Troncal del Caribe prefirieron cerrar sus puertas ante el temor de represalias por la muerte de alias ‘Cholo’.
El paro armado fue desmentido, pero el miedo sí logró paralizar buena parte de Santa Marta. Este martes 22 de septiembre, numerosos comerciantes dejaron sus negocios cerrados, las calles registraron poca actividad y sectores habitualmente concurridos amanecieron bajo una tensión que la presencia de la Fuerza Pública no consiguió disipar por completo.
El presidente Abelardo de la Espriella viajó personalmente a la ciudad y advirtió que impediría cualquier intento de bloquear las vías o someter a la población. Sin embargo, después de los enfrentamientos en la Sierra Nevada, la muerte de José Luis Pérez Villanueva, alias ‘Cholo’, y la circulación de un panfleto amenazante, muchos samarios decidieron protegerse antes que comprobar si las intimidaciones eran reales.
Comerciantes prefirieron mantener las puertas cerradas
Desde las primeras horas de la mañana, el impacto se hizo evidente en el Mercado Público, el Centro y barrios como Once de Noviembre. Varios establecimientos permanecieron cerrados y sus propietarios optaron por suspender la atención, pese al despliegue de policías y militares en puntos estratégicos.
La misma situación se observó en algunos negocios ubicados sobre el corredor de la Troncal del Caribe. Aunque las autoridades habían anunciado el restablecimiento de la movilidad, la actividad comercial seguía reducida y muchos ciudadanos evitaron desplazarse ante la posibilidad de nuevos bloqueos o ataques.
La decisión de cerrar fue preventiva. No obedeció a una orden oficial ni a la confirmación de un paro armado, sino al temor acumulado después de los hechos violentos registrados durante las horas anteriores. Para los comerciantes, abrir significaba quedar expuestos en caso de que la situación volviera a salirse de control.
Un panfleto desmentido que produjo efectos reales
La incertidumbre aumentó con la difusión de un comunicado atribuido a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. El documento anunciaba un supuesto paro armado durante 48 horas en el Magdalena y concentraba sus advertencias sobre Santa Marta, la Troncal del Caribe y la Zona Bananera.
Aunque se indicó que el panfleto sería falso, su contenido se propagó rápidamente y terminó condicionando el comportamiento de comerciantes, transportadores y habitantes. La amenaza carecía de reconocimiento oficial, pero encontró una ciudad golpeada por los bloqueos y la quema de dos busetas de transporte público ocurridos tras el operativo en Quebrada del Sol.
El resultado fue una especie de parálisis impuesta por el temor. Sin necesidad de que existiera una orden comprobada del grupo armado, numerosos negocios bajaron sus persianas y muchas personas permanecieron en sus viviendas para evitar quedar en medio de una posible represalia.
La muerte de alias ‘Cholo’ disparó la tensión
La alarma comenzó después de la operación desarrollada por la Fuerza Pública en las estribaciones de la Sierra Nevada. Allí murió José Luis Pérez Villanueva, conocido como alias ‘Cholo’ o ‘Comando 25’, señalado por las autoridades como segundo cabecilla de las ACSN y uno de sus principales mandos militares.
La acción dejó varios integrantes de la estructura muertos y otros capturados. También permitió la incautación de un poderoso arsenal, en lo que el Gobierno presentó como un golpe directo contra el mando y la capacidad armada de la organización.
Tras conocerse el resultado del operativo, se registraron bloqueos en la Troncal del Caribe y fueron incendiadas dos busetas. Estos hechos elevaron el temor entre las comunidades ubicadas en el corredor hacia La Guajira y dejaron abierta la posibilidad de nuevas acciones violentas como respuesta a la muerte del cabecilla.
El Gobierno desplegó la Fuerza Pública
Ante la alteración del orden público, las autoridades instalaron un Puesto de Mando Unificado para coordinar la respuesta institucional, recuperar la movilidad y reforzar la seguridad en las zonas consideradas más vulnerables.
Uniformados fueron ubicados en puntos estratégicos de Santa Marta y de la Troncal del Caribe. La orden del presidente Abelardo de la Espriella fue impedir nuevos bloqueos y garantizar que las carreteras nacionales permanecieran abiertas, posición que el mandatario ha reiterado frente a protestas o acciones promovidas por organizaciones armadas.
El despliegue permitió recuperar el tránsito por el corredor vial, pero devolverle la confianza a la población resultó más difícil. La ciudad amaneció funcionando a medias: con vías habilitadas y presencia institucional, aunque con comercios cerrados y ciudadanos todavía encerrados por precaución.
Santa Marta intenta recuperar la normalidad
El supuesto paro armado seguía sin estar confirmado y el panfleto había sido cuestionado por las autoridades. Aun así, sus consecuencias se hicieron visibles en la actividad comercial y en la reducción del movimiento en distintos sectores de la capital del Magdalena.
Santa Marta intenta retomar su rutina bajo vigilancia de la Fuerza Pública, mientras las autoridades mantienen el seguimiento a cualquier posible reacción de las ACSN. La amenaza pudo ser falsa, pero el miedo que provocó fue suficiente para cerrar negocios, vaciar calles y demostrar que, después de la violencia en la Sierra Nevada, la tranquilidad todavía no ha regresado por completo.
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