
El miedo manda en La Guajira: disparos, asesinatos y comercios cerrados por paro armado que ordenó Nain sin aval de las ACSN
Aunque las ACSN desautorizaron la orden atribuida al comando Menor, la violencia se adelantó a cualquier versión oficial: tiros en Riohacha, dos homicidios y una población que optó por cerrar antes que arriesgar la vida.
El paro armado fue negado por las Autodefensas Conquistadores de la Sierra, pero el miedo ya está ejecutado. En varias localidades de La Guajira, los comerciantes bajaron las puertas, las calles se vaciaron y los disparos comenzaron a marcar el ritmo de una amenaza que nadie confirma del todo, pero que todos acataron. La orden no necesitó firma oficial de las ACSN: bastó la solicitud de Nain Pérez Toncel en un video para imponerse.
Las Autodefensas Conquistadores de la Sierra aseguraron en un comunicado que no ordenaron ningún paro armado. Sin embargo, un video atribuido a ‘Nain’ encendió las alarmas y activó una reacción inmediata en el comercio.
Muchos locales decidieron no abrir. Otros lo intentaron, pero terminaron cerrando obligados por la presión y el temor. La decisión fue colectiva: proteger la vida por encima de cualquier ingreso.
Las autoridades reforzaron el pie de fuerza e hicieron llamados a la normalidad, pero la realidad en las calles fue otra. El miedo se instaló primero y desplazó cualquier intento institucional de control.
Los disparos que confirmaron el terror
La tensión se convirtió en hechos. En Riohacha, hombres armados en moto recorrieron el sector del Mercado Viejo y dispararon al aire frente a un establecimiento de comida. También ordenaron cerrar una tienda de cadena ARA.
La escena fue suficiente. Los pocos comerciantes que habían abierto cerraron de inmediato. La advertencia dejó de ser un rumor y pasó a sentirse como una orden ejecutada.
Aunque dos presuntos responsables de actos violentos contra el comercio fueron capturados, el mensaje de miedo ha circulado con fuerza: quien desafíe el ambiente impuesto, será objetivo.
El silencio volvió a dominar la zona. Negocios cerrados, calles contenidas y una ciudad que opera bajo la lógica del miedo.
Los muertos que encendieron las alarmas
Mientras Riohacha se paralizaba, la violencia avanzaba en otros municipios. La Guajira amaneció con dos homicidios que agravaron el panorama.
En Manaure fue asesinado Raúl Gámez, conocido como ‘Raulito’. Hombres armados lo interceptaron en pleno casco urbano y le dispararon hasta dejarlo sin vida. Su nombre habría aparecido en un panfleto amenazante que circuló en las últimas horas a nombre de Nain Pérez.
En Barrancas, otro ataque sicarial acabó con la vida de Wilmer Molina, un conductor descrito por sus allegados como trabajador. Su muerte generó desconcierto en la comunidad, que aún no entiende las razones del crimen.
Dos hechos distintos, en territorios diferentes, pero con un mismo efecto: elevar la sensación de que la violencia se está moviendo promovida por el grupo de comando Menor.
Autoridades reaccionan, pero el miedo va adelante
El despliegue de la fuerza pública se intensificó en puntos estratégicos. Policía y Gaula reforzaron su presencia e insistieron en que no existe una orden oficial de paro armado.
Aun así, la percepción ciudadana se impuso sobre los comunicados. Comerciantes, transportadores y familias optaron por resguardarse. La economía se frenó y la rutina se rompió.
En La Guajira, la institucionalidad intenta recuperar el control, pero va detrás de un fenómeno que ya tomó ventaja: el miedo colectivo.
Una calma que no es normalidad
Hoy el departamento en el segundo día de paro se mueve en una tensa quietud. Los negocios que abren lo hacen con incertidumbre, las calles siguen vigilantes y cada ruido se interpreta como una posible señal de riesgo.
La pregunta que queda en el ambiente no es si hubo o no paro armado. La realidad es otra: la violencia logró el efecto que buscaba.
Y en La Guajira, cuando el miedo manda, no hace falta que nadie confirme nada para que todo se detenga.
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