El dolor apagó su corazón: murió Eva Sandritch, la madre que salió de UCI para despedir a su hija


La mujer oriunda de Candelaria, en Cerro de San Antonio, conmovió al país cuando salió de una UCI con una bala de oxígeno para darle el último adiós a Alison. Once días después de aquel desgarrador momento, falleció tras sufrir un paro cardiorrespiratorio.

La muerte llegó dos veces a la misma familia en menos de dos semanas. Primero se llevó a Alison, una niña de apenas cuatro años. Después, cuando todavía el dolor de esa despedida seguía abierto, terminó arrebatando la vida de Eva Sandritch, la madre que había conmovido al país por levantarse de una cama de cuidados intensivos para darle el último adiós a su hija.

La noticia de su fallecimiento fue confirmada en la noche de este viernes. Eva, oriunda del corregimiento de Candelaria, en el municipio de Cerro de San Antonio, Magdalena, sufrió un paro cardiorrespiratorio mientras permanecía bajo observación médica en un centro asistencial de Valledupar.

Su historia había trascendido las fronteras de su pueblo y del departamento. Miles de personas siguieron durante días la batalla de aquella mujer que, aun enfrentando una delicada condición de salud, encontró fuerzas para cumplir lo que consideraba una obligación de madre: despedir a la pequeña que había sido el centro de su vida.

El golpe que cambió todo

El pasado 9 de junio, mientras permanecía internada en una Unidad de Cuidados Intensivos, Eva recibió la noticia que ninguna madre está preparada para escuchar. Alison, su hija de cuatro años, había fallecido.

La tragedia golpeó con fuerza a una mujer que ya luchaba por mantenerse con vida. Sin embargo, quienes la acompañaban fueron testigos de una determinación que terminó convirtiéndose en símbolo de amor y sacrificio.

A pesar de las limitaciones físicas y de los riesgos médicos, Eva pidió salir del hospital para asistir a las exequias de su hija. El personal médico autorizó el traslado bajo estrictas condiciones y con acompañamiento permanente.

La escena quedó grabada en la memoria de quienes estuvieron presentes.

La despedida que conmovió al país

Apoyada por una bala de oxígeno y asistida por personal médico, Eva se levantó de la camilla para acudir al encuentro más doloroso de su vida.

Frente al pequeño ataúd de Alison, la madre encontró fuerzas que parecían imposibles. Familiares, amigos y vecinos observaban en silencio mientras aquella mujer enfrentaba el momento más devastador que puede vivir un ser humano.

Las imágenes de esa despedida comenzaron a circular rápidamente y provocaron una ola de solidaridad. Desde distintos rincones del país llegaron mensajes de apoyo, oraciones y cadenas de fe para pedir por su recuperación.

Muchos veían en ella a una madre luchadora. Otros simplemente intentaban comprender cómo alguien podía sostenerse en pie después de recibir un golpe tan brutal.

Terminadas las honras fúnebres, Eva regresó esa misma noche al hospital. Su estado seguía siendo delicado y los médicos continuaron trabajando para estabilizarla.

Una esperanza que se fue apagando

Durante los días siguientes, familiares y allegados permanecieron atentos a cada reporte médico. Había esperanza de que pudiera superar la crisis y regresar a casa.

Las muestras de cariño continuaron llegando. Su historia había unido a personas que jamás la conocieron personalmente, pero que encontraron en ella el reflejo del amor incondicional de una madre.

Sin embargo, la batalla llegó a su final.

La noche del viernes, Nixon Richard Gerardino, quien había acompañado de cerca el proceso, confirmó que Eva falleció tras sufrir un paro cardiorrespiratorio.

La noticia cayó como un nuevo golpe para una familia que todavía intentaba asimilar la muerte de Alison.

Dos despedidas en once días

En Candelaria, el pequeño corregimiento donde nació Eva, la tristeza volvió a instalarse entre sus habitantes. La familia enfrenta ahora un duelo doble que ha estremecido a toda la población.

La historia de Eva quedará marcada como la de una mujer que, aun cuando su propio cuerpo libraba una batalla contra la muerte, encontró la fuerza necesaria para cumplir una última misión: abrazar por última vez a su hija y acompañarla en su despedida.

Once días después de aquel adiós, su corazón dejó de latir. Para mucho fue una madre que ya no quiso luchar porque mayor fueron sus ganas de partir para reencontrarse con su pequeña en el cielo. 


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