Cuatro muertos en segundos: así fue la masacre que desató el horror y el miedo en Pueblo Viejo


Cuatro muertos, dos heridos y cinco capturados dejó una masacre en Pueblo Viejo, un municipio golpeado por la falta de agua, las amenazas a pescadores y el miedo creciente por la disputa criminal en la zona. Las autoridades señalan a las Autodefensas Conquistadores de la Sierra como responsables del ataque.

Las celebraciones por el Día de las Madres empezaron con una escena de guerra en Pueblo Viejo. La alegría se convirtió en gritos de horror cuando hombres armados llegaron en motocicletas y descargaron una lluvia de balas contra un grupo de personas que departía en una calle del barrio La Esperanza, en el corregimiento de Palmira, jurisdicción de Pueblo Viejo.

El ataque fue brutal. Sin tiempo para correr, esconderse o reaccionar, las víctimas quedaron atrapadas en medio de los disparos. Amigos, familiares, pescadores y vecinos cayeron uno tras otro sobre el pavimento mientras la gente corría desesperada buscando salvarse.

Cuando cesaron los tiros, seis personas estaban tiradas en el suelo. Algunas murieron en el lugar. Otras alcanzaron a ser auxiliadas, pero fallecieron camino al centro asistencial. Dos sobrevivieron y permanecen heridas, aunque estabilizadas.

Palmira amaneció con miedo, rabia y dolor.

Un pueblo agotado por la violencia

La masacre golpeó a una comunidad que ya venía soportando días de angustia. Pueblo Viejo y sus corregimientos atraviesan una crisis que parece no dar tregua. Más de 15 días sin agua potable, amenazas constantes contra pescadores y una seguidilla de hechos violentos han ido arrinconando a la población.

Por eso, lo ocurrido en Palmira terminó de desatar el temor entre los habitantes.

Los moradores del sector aseguran que la ráfaga de disparos fue interminable. Algunos dicen que se lanzaron al piso pensando que los pistoleros iban a entrar casa por casa. Otros todavía siguen en shock por la cantidad de tiros que escucharon en plena noche.

“Fue horrible. Aquí la gente estaba tranquila compartiendo y comenzaron a dispararle a todo el mundo”, contó un residente de la zona mientras observaba las manchas de sangre que quedaron sobre la calle.

La comunidad insiste en que varias de las víctimas eran pescadores y relaciona el ataque con las intimidaciones que desde hace semanas vienen denunciando hombres dedicados a trabajar en la Ciénaga Grande.

La reacción de la Policía

El comandante de la Policía Metropolitana de Santa Marta, coronel Jaime Ríos, confirmó que detrás de esta acción criminal estaría el grupo Autodefensas Conquistadores de la Sierra, conocidos también como Los Pachenca.

Según explicó el oficial, tras la masacre se desplegó una reacción inmediata que permitió capturar a cinco presuntos responsables e incautar dos armas de fuego.

“Estas personas tienen antecedentes y según información de inteligencia pertenecerían a Los Pachenca o Conquistadores de la Sierra”, señaló el coronel.

Varios de los detenidos son jóvenes.

Las autoridades sostienen que una de las hipótesis apunta a un posible ajuste de cuentas entre estructuras criminales que se disputan el control territorial y las economías ilegales en esta zona del Magdalena.

Sin embargo, en las calles de Palmira la gente tiene otra percepción. Muchos creen que la violencia ya dejó de ser un problema entre delincuentes y terminó golpeando directamente a familias trabajadoras que viven de la pesca y sobreviven en medio del abandono estatal.

Entre el abandono y el terrorLa tragedia dejó al descubierto la fragilidad en la que viven decenas de comunidades de Pueblo Viejo. Mientras los habitantes reclaman agua potable y garantías para trabajar, la violencia sigue imponiendo el miedo.

En las últimas semanas, pescadores denunciaron amenazas para impedirles salir a faenar. Ahora, después de la masacre, el temor aumentó. Hay familias encerradas en sus casas y madres que prefieren que sus hijos no salgan en las noches.

La celebración del Día de las Madres quedó marcada por el luto.

Lo que debía ser una noche de música, cerveza y encuentro terminó con ataúdes, patrullas y familias destrozadas llorando sobre cuerpos cubiertos con sábanas.

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La Policía ya prepara la judicialización de los cinco capturados por el delito de homicidio agravado. Mientras tanto, en Palmira todavía intentan entender cómo en cuestión de segundos una fiesta terminó convertida en un cementerio.


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