
Con amplio prontuario y ligados a ‘Los Costeños’: así actuaron los sicarios que dispararon sin piedad y mataron a niño de 12 años
Los presuntos asesinos de Juan Manuel Hernández acumulaban múltiples anotaciones por homicidio y porte ilegal de armas, pero seguían libres. Dispararon de forma indiscriminada contra una tienda del barrio La Esmeralda y una bala terminó en la cabeza de un menor que solo hacía un mandado.
Los dos hombres que dispararon en la tienda del barrio La Esmeralda sabían lo que estaban haciendo y aun así apretaron el gatillo. Lo hicieron sin importar que en el lugar hubiera un niño de 12 años. Hoy, el seguimiento al caso de Juan Manuel Hernández revela el perfil de dos sicarios con historial criminal que, pese a sus antecedentes, seguían sueltos y armados.
El ataque ocurrió la tarde del jueves 22 de enero. Sebastián Luis Jiménez Pérez, de 23 años, y Juan Carlos Lara Bustos, de 47, alias ‘Coqui’, llegaron en motocicleta y abrieron fuego contra un grupo de personas reunidas frente a la tienda Tercer Mileno. No apuntaron a una sola persona. Dispararon a diestra y siniestra. En medio de esa ráfaga, una bala impactó en la cabeza del menor que minutos antes había salido de su casa por un encargo de su mamá.
Las cámaras de seguridad no dejan espacio a dudas. En el video se observa la frialdad del ataque: el parrillero desenfunda el arma, dispara varias veces y huye. No hay advertencias, no hay pausa, no hay intento de evitar a quienes estaban alrededor. La escena dura segundos, pero fue suficiente para matar a un niño.
El prontuario criminal
La investigación judicial destapó lo que más indigna a la ciudadanía: los dos capturados tenían un largo historial delictivo. Jiménez Pérez registraba cinco anotaciones judiciales, entre ellas homicidio, porte ilegal de armas y hurto. Lara Bustos, alias ‘Coqui’, tenía al menos siete registros, seis de ellos por homicidio. Aun así, ninguno estaba privado de la libertad el día del crimen.
Según las autoridades, ambos harían parte de la estructura criminal Los Costeños, organización señalada de protagonizar una violenta disputa por el control de las extorsiones en Barranquilla. Una guerra que se libra en las calles y que no distingue entre objetivos criminales y víctimas inocentes.
El atentado, de acuerdo con las investigaciones, iba dirigido contra un hombre conocido como ‘el Cachaco’, quien logró huir en medio del pánico. Juan Manuel no tenía a dónde correr. Cayó en el lugar, mientras los sicarios escapaban como si nada hubiera pasado.
La captura se produjo minutos después, en el barrio El Bosque, a varios kilómetros del sitio del ataque. Para entonces, el daño ya estaba hecho. Un niño estaba muerto y dos hombres con historial de sangre volvían a ser noticia, no por sus antecedentes, sino por la vida que apagaron.
El caso de Juan Manuel Hernández se convirtió en símbolo de la indolencia criminal y de las fallas de un sistema que permite que hombres con prontuarios por homicidio sigan circulando armados por la ciudad.
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