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Abrazado al ataúd de su madre y con su padre luchando por vivir: el doble dolor de Erick García tras incendio que destruyó casa en Santa Marta 


La imagen de Erick aferrado al féretro de Adriana Ortiz Agudelo conmovió al país. La mujer, dedicada al oficio pastoral, murió junto a dos niños que había acogido como hijos en el incendio del 31 de octubre en Santa Marta. Mientras la despedía, su padre permanecía en Bogotá, donde recibe atención por graves quemaduras.

Erick García abrazaba el ataúd de su madre y, entre lágrimas, le pedía a Dios una explicación. A su alrededor estaban familiares y allegados que intentaban sostenerlo durante la despedida, pero ninguna palabra conseguía aliviar el dolor de verla allí. Adriana Ortiz Agudelo, la mujer que lo había criado y que había dedicado buena parte de su vida a servir a otros, murió atrapada en el incendio de una vivienda del barrio Santa Cruz, en Santa Marta.

“¿Por qué, Dios, por qué, si ella era tan buena?”, lamentaba Erick, aferrado al cajón. La pregunta la hacía un hijo que no lograba comprender cómo su madre, una mujer de fe, dedicada al oficio pastoral y querida por su comunidad, había encontrado un final tan doloroso. La imagen de ese abrazo circuló por las redes sociales y le dio la vuelta al país.

Para él, las últimas horas han sido las más difíciles de su vida. Al dolor de sepultar a su mamá se suma el temor de perder también a su padre, Juan Arcesio García Nieto, quien sufrió quemaduras de consideración en la misma emergencia y permanece bajo atención médica en Bogotá.

Una despedida atravesada por el miedo

Mientras Erick despedía a Adriana, su padre libraba otra batalla lejos de Santa Marta. Juan Arcesio estaba con ella en el apartamento cuando las llamas arrasaron con el lugar. Sobrevivió al incendio, pero la gravedad de sus lesiones hizo necesario su traslado urgente a la capital del país en un avión medicalizado dispuesto por la Alcaldía de Santa Marta.

Su edad añade complejidad a la recuperación y mantiene en angustia a sus seres queridos. Para Erick, la tragedia sigue abierta: ha tenido que enfrentar la muerte de su madre mientras espera noticias sobre la evolución de su papá.

Durante el sepelio, familiares y amigos lo acompañaron e intentaron consolarlo. Sin embargo, cada abrazo al féretro dejaba ver lo difícil que era separarse de su madre. Su pregunta a Dios permanecía sin respuesta, en medio de una despedida para la que nadie en esa familia estaba preparado.

Los dos niños que Adriana acogió como hijos

Adriana era recordada como buena madre, vecina y amiga. Su vocación de servicio también había marcado la vida de Victoria, de seis años, y Noah, de cinco, los dos pequeños que murieron en la misma emergencia. No eran sus hijos de sangre, pero ella había decidido asumir su crianza y darles un hogar porque sus madres no tenían cómo responder por ellos.

Desde entonces, los rodeó de amor y procuró educarlos con buenos valores. Esa decisión hacía parte de la mujer que hoy recuerdan sus allegados: alguien dispuesta a hacerse cargo de otros y a ofrecerles protección.

La madrugada del pasado 31 de octubre, el fuego los sorprendió mientras dormían. Adriana quedó atrapada y murió en la vivienda. Los niños fueron rescatados con quemaduras graves, pero tampoco sobrevivieron. Los esfuerzos por auxiliarlos no pudieron evitar que tres integrantes de ese hogar perdieran la vida.

La tragedia dejó a una comunidad de luto y a Erick frente a varias pérdidas al mismo tiempo: su madre, los pequeños que ella había acogido y el hogar que las llamas destruyeron.

Una familia que necesita volver a levantarse

Los allegados han emprendido una campaña solidaria para ayudar a Erick a reconstruir lo que quedó destruido y atender los gastos relacionados con la situación de su padre. El acompañamiento que comenzó durante la emergencia y continuó en el sepelio busca ahora convertirse en ayuda para los días que vienen.

Son jornadas marcadas por el duelo y por la espera de noticias desde Bogotá. A la familia le corresponde resolver necesidades urgentes cuando todavía intenta asimilar lo ocurrido.

La imagen de Erick abrazado al ataúd permitió que muchas personas conocieran la dimensión de esa pérdida. Allí estaba un hijo despidiendo a la mujer que lo había criado, preguntando entre lágrimas por qué había muerto de esa manera y cargando, al mismo tiempo, con el miedo por la vida de su padre. Mientras Santa Marta despedía a Adriana, Victoria y Noah, él aún esperaba poder volver a abrazar a Juan Arcesio.


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