
Hallaron su moto abandonada y después su cuerpo: tenía apenas 17 años
Su familia y organizaciones sociales señalan preliminarmente al ELN, mientras las autoridades investigan las circunstancias del crimen.
Magnely Pallares Franco tenía 17 años y había construido su proyecto de vida alrededor del trabajo comunitario, el deporte, la cultura y la búsqueda de paz en el Catatumbo. Primero apareció la motocicleta en la que se movilizaba. Después encontraron su cuerpo sin vida en la vereda Versalles, zona rural de Tibú, Norte de Santander.
Según la información entregada por la Asociación por la Unidad Campesina del Catatumbo (Asuncat), el adolescente habría sido retenido por hombres armados antes de ser asesinado. La organización y sus familiares señalaron preliminarmente al ELN como presunto responsable, aunque las autoridades todavía deben esclarecer quién lo mató y cuál fue el móvil.
Magnely era hijo de Alirio Pallares, reconocido líder campesino e integrante de la junta directiva de Asuncat. Su asesinato golpeó directamente a una familia que ha participado durante años en procesos sociales y volvió a demostrar la vulnerabilidad de los habitantes rurales atrapados en la confrontación armada.
Creció dentro de la Guardia Campesina
Magnely no llegó recientemente a las actividades comunitarias. Desde niño participó en los procesos organizativos de Asuncat y se convirtió en uno de los pioneros de su Guardia Campesina, un espacio desde el cual las comunidades promueven la protección del territorio y la convivencia.
Pablo Téllez, presidente de la asociación, aseguró que el adolescente venía formando un pensamiento crítico y construyendo su futuro alrededor de iniciativas de transformación social.
“El día de ayer fue asesinado el hijo del compañero Alirio Pallares, un joven que, incluso desde niño, fue pionero, inició con la Guardia Campesina e iba construyendo desde su fondo y alrededor de la asociación su pensamiento crítico, su pensamiento de transformación, su pensamiento de poder participar en la construcción de la paz para la región del Catatumbo y este país”, manifestó.
Quienes lo conocieron también lo recuerdan por su cercanía con otros jóvenes y su participación en actividades deportivas y culturales.
Magnely trabajaba como peluquero y había regresado al territorio después de permanecer un tiempo desplazado junto a su madre en Bogotá.
Volvió con la intención de trabajar. Su regreso, sin embargo, terminó convertido en otra muerte violenta dentro de una región donde la población civil sigue soportando las consecuencias de la presencia armada.
Una retención todavía rodeada de preguntas
La información conocida indica que Magnely habría sido interceptado mientras se desplazaba por la zona. Más tarde fue encontrada su motocicleta y posteriormente apareció su cuerpo.
Asuncat atribuyó preliminarmente el crimen a integrantes del ELN. Sin embargo, hasta el momento no existe una confirmación oficial sobre la responsabilidad de esa organización armada ni se conocen públicamente pruebas que permitan reconstruir con precisión lo sucedido.
También circuló una versión según la cual el adolescente habría sido utilizado para facilitar la huida de hombres armados durante una operación de la Fuerza Pública. Esa hipótesis tampoco ha sido confirmada por las autoridades.
Pablo Téllez explicó que aún existen dudas sobre la manera en que ocurrió el homicidio. Los investigadores deberán determinar dónde fue retenido, quiénes se lo llevaron, cuánto tiempo permaneció en poder de sus captores y si el crimen estuvo relacionado con una emboscada o con otra acción armada.
“Mi niño bonito, vuela muy alto”
El asesinato dejó a Alirio Pallares enfrentando el dolor de perder a su hijo mientras sigue exigiendo paz para el territorio. Después de conocer la noticia, el dirigente campesino publicó un mensaje en el que pidió que la muerte de Magnely no termine convertida en una cifra más.
“Mi niño bonito, Magnely Pallares Franco. Vuela muy alto, papi. Desde el cielo ayúdanos a que en el Catatumbo haya paz y que más jóvenes no mueran así como tú. Te amo y te voy a llevar siempre en mi corazón”, escribió.
El padre también cuestionó las condiciones de seguridad que soportan las comunidades campesinas. En medio de la disputa armada, incluso trabajar, desplazarse entre veredas o desarrollar actividades cotidianas puede representar un peligro para quienes habitan la región.
Magnely apenas comenzaba a construir su vida. Había crecido viendo a su familia participar en procesos sociales y decidió vincularse a iniciativas comunitarias. A los 17 años, el mismo conflicto que buscaba transformar terminó arrebatándole la vida.
Ya figura entre los líderes asesinados en 2026
La Defensoría del Pueblo rechazó el asesinato y reiteró su preocupación por los riesgos que enfrenta la población civil en las zonas rurales del Catatumbo. El organismo recordó que los niños, niñas y adolescentes gozan de protección especial bajo el Derecho Internacional Humanitario y deben permanecer por fuera de las hostilidades.
El Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) incluyó el caso de Magnely en su registro de líderes y defensores de derechos humanos asesinados durante 2026. Con este crimen, la organización contabilizó 110 casos en lo corrido del año.
La investigación deberá establecer quién ordenó y ejecutó el homicidio. Mientras llegan esas respuestas, una familia campesina despide a un adolescente que pasó de ser pionero de la Guardia Campesina a integrar el doloroso registro de personas asesinadas por defender y acompañar procesos comunitarios en Colombia.
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