
La dolorosa petición del padre de joven que se ahogó en cascada; la muerte ocasionó el cierre del lugar
El joven de 23 años permaneció varias horas atrapado en una fosa de Pozo Verde después de hundirse mientras nadaba con su pareja. Amigos y habitantes de la zona recuperaron el cadáver sin equipos especializados, mientras el padre emprendía el viaje para recibirlo.
El padre de Abraham Gil recibió por teléfono las dos noticias que terminaron de destruir cualquier esperanza. Primero le comunicaron que su hijo había muerto en la cascada Pozo Verde, en Santa Marta. Después volvieron a llamarlo para decirle que, tras varias horas de búsqueda, el cuerpo finalmente había sido recuperado.
Su respuesta fue inmediata y desesperada: pidió que nadie lo moviera del lugar. Quería llegar hasta la zona y hacerse cargo personalmente de su hijo, el joven de 23 años que había entrado a nadar con su pareja y terminó atrapado en una de las fosas profundas de la cascada.
Dos llamadas para confirmar la tragedia
Adriana Bernal, gestora social y propietaria de los predios donde se encuentra Pozo Verde, fue la encargada de comunicarse con el padre de Abraham. La primera conversación ocurrió después de confirmarse que el joven había desaparecido bajo el agua; la segunda, cuando habitantes del sector lograron sacar el cadáver.
“Lamentablemente tuve que darle la noticia vía telefónica al papá de la muerte de su hijo y hoy nuevamente darle la noticia de que rescataron su cuerpo. Él me pidió encarecidamente que no le movieran a su hijo de ahí, que él mismo lo iba a recoger”, relató Bernal.
La petición reflejó el drama de una familia que permanecía lejos del lugar mientras amigos y miembros de la comunidad adelantaban la búsqueda. El padre comenzó entonces su desplazamiento hacia la zona para encontrarse con su hijo, aunque ya sin la posibilidad de hallarlo con vida.
Un amigo se sumergió sin oxígeno ni linternas
Abraham se hundió durante la tarde del domingo mientras nadaba junto a su pareja. Desde ese momento comenzó una búsqueda marcada por la angustia y las dificultades de acceso a Pozo Verde, ubicada a unas dos horas de la zona urbana de Santa Marta.
Los organismos de socorro no pudieron llegar a tiempo debido a la distancia y a las condiciones del terreno. Ante la ausencia de equipos especializados, fueron amigos del joven y habitantes de la comunidad quienes asumieron la peligrosa tarea de localizarlo.
Uno de sus amigos se lanzó varias veces a la poza sin tanque de oxígeno, linternas ni elementos profesionales para una recuperación subacuática. Después de varios intentos encontró el cuerpo atrapado en la fosa profunda, logró amarrarlo con una cuerda y, con ayuda de otras personas, lo sacó a la superficie.
La maniobra también expuso a quienes participaron en el rescate. El sitio es conocido por sus remolinos y por las corrientes de retorno generadas por la caída del agua, condiciones que pueden arrastrar a los bañistas hacia las zonas más hondas y dificultar su salida.
Pozo Verde será cerrado definitivamente
La muerte de Abraham Gil llevó a la propietaria del terreno a anunciar el cierre definitivo del acceso a la cascada. La medida busca impedir el ingreso informal de visitantes y evitar que una tragedia similar vuelva a ocurrir.
“La primera medida va a ser cerrar definitivamente la cascada y restringir el acceso a personas que visiten de manera informal. El turismo es para disfrutar y vivir la naturaleza, no para despedirse de la vida”, manifestó Adriana Bernal.
La decisión también vuelve a poner sobre la mesa los riesgos de visitar parajes naturales alejados de la ciudad, especialmente aquellos que carecen de vigilancia permanente, rutas rápidas de evacuación y presencia cercana de organismos de emergencia.
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Mientras se concreta el cierre del paso, la tragedia deja una escena difícil de borrar: un grupo de jóvenes recuperando el cuerpo con sus propios medios y un padre avanzando hacia Pozo Verde después de pedir por teléfono que nadie moviera a su hijo. Abraham ya había sido encontrado, pero el rescate que su familia esperaba terminó convertido en la despedida más cruel.
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