
Llueve y el río Manzanares desnuda una vez más la falta de cultura ciudadana: la basura de Santa Marta termina en el mar
Las lluvias volvieron a arrastrar plásticos, residuos y sedimentos acumulados en el río Manzanares hasta la playa de Los Cocos. La escena, repetida durante años, expone las fallas en prevención y limpieza, pero también una conducta ciudadana que convierte el cauce en depósito de basura y al Caribe en el destino final de los desperdicios.
Cada vez que llueve fuerte en Santa Marta, el río Manzanares termina mostrando una realidad incómoda: toneladas de residuos arrojados irresponsablemente en calles, canales y alrededores del cauce son arrastradas hasta el mar. Esta vez volvió a ocurrir y la playa de Los Cocos recibió una mezcla de basura, plásticos, material orgánico y sedimentos que dejó una enorme mancha marrón sobre el Caribe.
Las imágenes tomadas desde el aire resultan contundentes. El agua turbia salió por la desembocadura y avanzó sobre el mar llevando consigo desperdicios acumulados a lo largo del recorrido del río. Más allá del sedimento natural que movilizan las crecientes, entre el material también aparecen residuos que jamás deberían estar allí.
El problema se repite con cada temporada de lluvias y vuelve a dejar una pregunta incómoda para Santa Marta: ¿cuánto de lo que termina contaminando sus playas comienza con ciudadanos que siguen utilizando calles, canales y el propio río como basurero?
El río termina devolviendo lo que le arrojan
La contaminación que aparece en Los Cocos no nace cuando el Manzanares desemboca en el Caribe. Comienza kilómetros atrás, en diferentes sectores atravesados por el río y en zonas desde donde las lluvias arrastran los residuos hacia su cauce.
Botellas, bolsas, empaques, recipientes y basura doméstica se acumulan en puntos críticos y permanecen allí hasta que llega un aguacero suficientemente fuerte para moverlos. Con el incremento del caudal, los desperdicios comienzan un recorrido que termina frente a una de las zonas costeras más visibles de Santa Marta.
La lluvia simplemente deja al descubierto el problema.
Mientras el sedimento y el material orgánico hacen parte de los elementos que naturalmente puede transportar un río durante una creciente, la presencia de plásticos y basura tiene detrás una responsabilidad humana que resulta imposible esconder.
La cultura ciudadana vuelve a quedar en deuda
Durante años, buena parte de la discusión se ha concentrado en las jornadas de limpieza y las intervenciones que deben realizar las autoridades. Es una responsabilidad que sigue vigente y que requiere acciones permanentes, especialmente antes y durante las temporadas de mayores precipitaciones.
Pero limpiar el Manzanares una y otra vez difícilmente resolverá el problema si continúan apareciendo personas que arrojan residuos al cauce, sus alrededores, canales y espacios públicos.
La escena de Los Cocos también habla de cultura ciudadana.
Cada bolsa lanzada a un canal, cada botella abandonada cerca del río y cada montón de desperdicios depositado en lugares indebidos puede terminar siendo arrastrado cuando llega la lluvia. Lo que aparentemente desaparece con la corriente simplemente cambia de lugar y termina contaminando otro ecosistema.
En Santa Marta, ese destino muchas veces es el mar Caribe.
También hay responsabilidad de las autoridades
La conducta ciudadana tampoco puede convertirse en excusa para desconocer las obligaciones institucionales. Habitantes y líderes comunitarios vienen reclamando mayor limpieza de la cuenca, mantenimiento de puntos críticos y controles frente a la disposición irregular de residuos.
Las acciones preventivas resultan fundamentales para retirar material acumulado antes de que las crecientes lo transporten hacia la desembocadura.
También se requieren controles efectivos en los sectores donde de manera recurrente aparecen basureros improvisados, acompañados de campañas de educación ambiental que trasciendan las jornadas ocasionales y permitan atacar el problema desde su origen.
La preocupación aumenta por las consecuencias que estos residuos pueden generar sobre el ecosistema marino y por el impacto visual y ambiental en una ciudad cuya economía y proyección turística están estrechamente vinculadas con sus playas.
Una escena que Santa Marta repite cada vez que llueve
Después del aguacero llega prácticamente la misma imagen: el Manzanares aumenta su caudal, el agua cambia de color y una corriente cargada de residuos desemboca frente a Los Cocos.
Luego aparecen las fotografías, los videos, las críticas y las jornadas de limpieza. Con el paso de los días la escena desaparece, hasta que vuelve a llover.
Romper ese círculo requiere mantenimiento y prevención de las autoridades, pero también algo mucho más elemental: que los ciudadanos dejen de tratar el río y los canales que desembocan en él como depósitos de basura.
Porque el Manzanares no produce botellas, bolsas ni empaques. Los arrastra.
Y cada vez que las lluvias los llevan hasta Los Cocos, el río termina exponiendo frente al mar una parte del problema que Santa Marta todavía tiene pendiente por resolver: aprender a cuidar la ciudad antes de exigir que alguien llegue a limpiarla.
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