
Terremoto de 7,4 en Colombia: a 50 kilómetros de profundidad, el desastre habría sido “casi apocalíptico”, advierte experto
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país este lunes tuvo una profundidad cercana a los 100 kilómetros, un factor determinante para entender por qué la energía sísmica no golpeó la superficie con una intensidad todavía mayor. Un experto en ingeniería sísmica explicó qué ocurrió bajo tierra, por qué el movimiento pudo sentirse en amplias zonas del país y cuáles son las edificaciones más vulnerables ante un nuevo sismo.
La magnitud de 7,4 explica una parte de la fuerza del terremoto que estremeció a Colombia, pero hay otro dato que resulta determinante para entender el alcance de la tragedia: la profundidad. El movimiento se produjo a casi 100 kilómetros bajo tierra y, según el ingeniero Daniel Ruiz, PhD en Ingeniería de la Universidad Javeriana, esa distancia permitió que la energía sísmica se distribuyera antes de alcanzar la superficie.
La diferencia pudo haber sido enorme
Durante una entrevista en Recap Blu, de Blu Radio, el especialista planteó un escenario que dimensiona la importancia de ese factor: si un terremoto de la misma magnitud hubiera ocurrido a unos 50 kilómetros de profundidad, la devastación podría haber sido “casi que apocalíptica”.
La afirmación permite entender que la magnitud de un terremoto, aunque fundamental, no determina por sí sola sus consecuencias. La profundidad, la distancia hasta las zonas pobladas, el tipo de suelo y la calidad de las construcciones también pueden definir cuánta energía termina sintiéndose en superficie y qué tan graves son los daños.
La profundidad que marcó la diferencia
Un terremoto ocurre cuando se libera de manera súbita la energía acumulada en el interior de la Tierra. Esa energía viaja en forma de ondas sísmicas hasta alcanzar la superficie y puede provocar movimientos de distinta intensidad dependiendo de las características del evento.
En el caso del sismo que afectó a Colombia, el origen profundo del movimiento permitió que la energía recorriera una mayor distancia antes de llegar a la superficie.
Ruiz explicó que, al producirse a casi 100 kilómetros de profundidad, la energía pudo irradiarse sobre una zona amplia. Esto ayuda a explicar por qué el movimiento fue percibido en diferentes regiones y, al mismo tiempo, por qué sus efectos en determinados puntos pudieron ser diferentes.
El experto insistió en que comparar dos terremotos únicamente por su magnitud puede llevar a conclusiones equivocadas. Un sismo de igual magnitud puede producir daños radicalmente distintos si ocurre a diferentes profundidades o afecta zonas con condiciones geológicas y urbanas diferentes.
Por eso, la profundidad se convierte en una de las variables fundamentales para analizar lo ocurrido.
El movimiento de la placa de Nazca
Detrás del terremoto hay un proceso tectónico que se desarrolla mucho más allá de lo que puede percibirse en la superficie.
De acuerdo con la explicación entregada por Ruiz, el movimiento está relacionado con la placa de Nazca, una enorme estructura tectónica que se desplaza y se introduce por debajo de la placa Suramericana.
Ese proceso genera acumulación de energía durante largos periodos. Cuando las fuerzas acumuladas superan la resistencia de las rocas, se produce una liberación repentina que puede generar terremotos de gran magnitud.
La importancia de esta dinámica está en su escala. No se trata de un fenómeno aislado que afecte únicamente el lugar donde se encuentra el epicentro. El movimiento de estas placas puede generar ondas capaces de propagarse a través de amplias zonas del territorio.
De ahí que un terremoto originado en el occidente del país pueda sentirse en ciudades ubicadas a cientos de kilómetros.
Un terremoto en Venezuela no estaría relacionado
La cercanía temporal entre distintos movimientos sísmicos también ha generado preguntas sobre una posible conexión entre ellos.
Durante la entrevista, Ruiz descartó que el terremoto registrado en Colombia tuviera una relación directa con el movimiento ocurrido en Venezuela. Según el especialista, ambos eventos se produjeron en contextos tectónicos diferentes.
Mientras el terremoto colombiano está asociado con la interacción de la placa de Nazca y la placa Suramericana, el evento venezolano corresponde a una zona relacionada con la placa del Caribe.
Por esa diferencia, el experto señaló que no existe evidencia para establecer que ambos terremotos formen parte de un mismo fenómeno. Que dos movimientos ocurran con poca diferencia de tiempo no significa necesariamente que uno haya provocado al otro.
¿Qué hacer si vuelve a temblar?
La tragedia también deja una pregunta inmediata para millones de colombianos: ¿Qué hacer si ocurre otro terremoto?
La respuesta, según Ruiz, depende en buena medida del tipo de construcción en la que se encuentre una persona. En ingeniería sísmica, explicó, cada edificación tiene un comportamiento diferente debido a su configuración estructural.
En construcciones bajas, una evacuación rápida puede ser una alternativa, siempre que pueda realizarse de manera segura y evitando ventanas, vidrios y elementos que puedan desprenderse.
La situación cambia en edificios altos. En estos casos, intentar evacuar durante el movimiento puede aumentar el riesgo, especialmente si existen daños estructurales o si las escaleras resultaron afectadas.
El especialista recomienda identificar dentro de la construcción elementos estructurales resistentes, como columnas o muros de concreto, y alejarse de ventanas y objetos que puedan caer.
La recomendación fundamental es evitar tomar decisiones impulsivas durante los primeros segundos del movimiento. La respuesta debe estar relacionada con las características de la edificación y con las condiciones del lugar.
El terremoto también vuelve a poner sobre la mesa una discusión que resulta clave para Colombia: la calidad de las edificaciones y el cumplimiento de las normas de construcción sismorresistente.
Ruiz señaló que las construcciones más vulnerables son aquellas que fueron levantadas sin criterios adecuados de resistencia sísmica. Entre ellas se encuentran algunas edificaciones de autoconstrucción y estructuras de mampostería sin el debido refuerzo.
Una construcción hecha principalmente con ladrillos, pero sin elementos estructurales adecuados como columnas y vigas, puede presentar fallas graves durante un movimiento fuerte. El problema es que, en determinadas circunstancias, el deterioro puede producirse rápidamente y dejar poco margen para reaccionar.
Por eso, la magnitud de una tragedia sísmica no depende únicamente de la fuerza del terremoto. También depende de qué tan preparado está el territorio para recibirlo.
La lección que deja el terremoto
El terremoto de magnitud 7,4 vuelve a recordar que Colombia se encuentra en una región con una actividad tectónica importante y que los movimientos sísmicos forman parte de la dinámica natural del territorio.
La profundidad del evento pudo contribuir a limitar un impacto todavía mayor, pero el escenario también deja una advertencia: un terremoto de características similares, ocurrido más cerca de la superficie o en una zona densamente poblada con edificaciones vulnerables, podría generar consecuencias mucho más graves.
La prevención, por eso, comienza mucho antes de que vuelva a temblar. Revisar las condiciones estructurales de las viviendas, respetar las normas de construcción, identificar zonas seguras y conocer cómo actuar según el tipo de edificación son medidas que pueden marcar la diferencia.
El terremoto ya dejó una tragedia en Colombia. La pregunta que queda ahora es cuánto está preparado el país para enfrentar el próximo.
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