Pinedo recibe una Essmar aún en crisis: este es su plan para rescatarla y garantizar agua a Santa Marta


Tras casi cinco años de intervención de la Superservicios, la empresa vuelve al Distrito en un momento decisivo. El alcalde Carlos Pinedo prepara una estrategia de recuperación que deberá articular inversiones superiores al billón de pesos, nuevas fuentes de abastecimiento, la modernización del alcantarillado y el saneamiento administrativo y financiero de Essmar. La intervención dejó avances importantes, pero termina sin haber solucionado el problema que más golpea a los samarios: tener agua suficiente y continua en sus viviendas.

Santa Marta recuperó la Essmar, pero ahora comienza la parte más difícil: rescatarla y lograr que una empresa que durante años ha administrado escasez pueda convertirse en la herramienta para solucionar la histórica crisis de agua de la ciudad.

Ese es el desafío que asume el alcalde Carlos Pinedo Cuello después de que la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios ordenara finalizar la intervención de la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta, iniciada en noviembre de 2021.

La decisión devuelve al Distrito el control administrativo de la compañía después de casi cinco años y pone en marcha un plan de salvamento presentado por la administración de Pinedo, que fue uno de los elementos considerados para levantar la medida.

El regreso ocurre, además, en un momento excepcional. Por primera vez en años Santa Marta tiene simultáneamente sobre la mesa proyectos de gran escala para aumentar su oferta de agua, modernizar el alcantarillado y recuperar infraestructura crítica.

El reto será convertir ese paquete de inversiones en resultados.

Porque detrás de los anuncios, los contratos y las cifras existe una realidad que sigue castigando a numerosos barrios: hogares donde el agua no llega por días, sectores sometidos a bajas presiones, comunidades que almacenan cada litro disponible y una infraestructura de alcantarillado que continúa registrando rebosamientos.

Pinedo recibe entonces mucho más que una empresa. Recibe uno de los problemas históricos que ningún gobierno de Santa Marta ha logrado resolver definitivamente.

Un plan para sacar a Essmar de la emergencia permanente

El plan de salvamento presentado ante el Gobierno nacional busca cambiar la lógica con la que durante años ha funcionado el sistema de acueducto y alcantarillado de Santa Marta: atender daños, distribuir la escasez y reaccionar frente a emergencias.

La apuesta de Pinedo es articular a Essmar con el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado y las grandes obras que comienzan a estructurarse o ejecutarse en la ciudad.

El primer componente será administrativo.

Con el levantamiento de la intervención, Pinedo asumirá la presidencia de la Junta Directiva de Essmar y delegará funcionarios de su administración para iniciar el empalme con el equipo designado por Superservicios.

Ese proceso deberá establecer exactamente qué empresa recibe Santa Marta después de casi cinco años: situación financiera, obligaciones, cartera, contratos, procesos judiciales, estado de las redes, indicadores de operación, proyectos en ejecución y compromisos adquiridos.

El alcalde pide prudencia

“Este será un proceso que asumiremos con rigor, compromiso y responsabilidad. Como toda transición, requerirá tiempo y decisiones responsables, pero trabajaremos para que ese proceso sea lo más ágil posible y se traduzca en un servicio cada vez más eficiente, digno y de calidad para todos”, aseguró Pinedo.

La recuperación administrativa, sin embargo, es apenas una pieza. La verdadera apuesta está debajo de la tierra y en las nuevas fuentes de abastecimiento que deberán alimentar el sistema.

El Curval, una de las grandes apuestas por el agua

Uno de los proyectos llamados a cambiar el panorama es el sistema de El Curval.

La iniciativa contempla una nueva Planta de Tratamiento de Agua Potable y obras complementarias para incorporar aproximadamente 800 litros de agua por segundo al sistema.

La administración distrital señala que la inversión supera los $890.000 millones y que el proyecto ya fue adjudicado. La obra contempla infraestructura de captación, conducción, tratamiento, almacenamiento y distribución que deberá integrarse al sistema existente.

El impacto esperado es enorme: la nueva capacidad permitiría beneficiar a más de la mitad de la población de Santa Marta y reducir parte del déficit que durante décadas ha obligado a administrar el servicio mediante sectorizaciones.

Pero El Curval tampoco será suficiente por sí solo.

Santa Marta ha crecido mientras sus fuentes tradicionales permanecieron prácticamente iguales. Los ríos que bajan de la Sierra Nevada presentan fuertes variaciones de caudal durante las temporadas secas y los pozos subterráneos utilizados para complementar el abastecimiento tienen limitaciones.

Por eso el plan contempla diversificar las fuentes.

La desalinizadora entra en la ecuación

La otra gran pieza es la planta desalinizadora proyectada para Santa Marta.

El proyecto tiene recursos del orden de $786.000 millones y contempla una planta principal en el sector de Pozos Colorados, con una capacidad estimada cercana a los 600 litros por segundo.

Su importancia radica precisamente en que permitiría disminuir la dependencia exclusiva de las fuentes superficiales y subterráneas.

Si El Curval y la desalinizadora logran entrar en funcionamiento y articularse correctamente con la infraestructura existente, Santa Marta podría incorporar alrededor de 1.400 litros por segundo adicionales, aunque la disponibilidad efectiva dependerá de la ejecución final y de las condiciones técnicas de ambos proyectos.

Esa cifra ayuda a dimensionar la oportunidad que enfrenta la ciudad.

El desafío de Pinedo será conseguir que Essmar esté administrativa, financiera y técnicamente preparada para recibir y operar un sistema mucho más grande que el actual.

Porque producir más agua servirá de poco si una parte considerable termina perdiéndose en redes deterioradas.

El otro problema está en las tuberías

El plan de recuperación también deberá atacar uno de los problemas históricos de Essmar: las pérdidas de agua.

Cuando Superservicios realizaba vigilancia especial antes de intervenir la compañía encontró niveles extraordinariamente altos. En 2019 las pérdidas rondaban el 60,1 por ciento; en 2020 fueron del 54,3 por ciento y para abril de 2021 estaban nuevamente alrededor del 58,8 por ciento.

Eso significaba que una proporción enorme del agua incorporada al sistema no terminaba siendo efectivamente facturada, producto de fugas, conexiones irregulares, deficiencias de medición y problemas de infraestructura.

Por eso el rescate de Essmar necesita avanzar simultáneamente en producción y distribución.

La ciudad requiere nuevas fuentes, pero también reposición de redes, sectorización, control de presiones, micromedición y reducción de pérdidas.

De lo contrario, Santa Marta podría aumentar considerablemente su producción sin conseguir que toda esa nueva agua llegue de manera eficiente a los usuarios.

Alcantarillado: la otra cara de la crisis

El plan tampoco puede limitarse al acueducto.

Durante años, los rebosamientos de aguas residuales se convirtieron en otra de las imágenes recurrentes de la crisis de servicios públicos de Santa Marta.

Uno de los mayores problemas estaba concentrado en la Estación de Bombeo de Aguas Residuales Norte, pieza fundamental para movilizar las aguas servidas de buena parte de la ciudad.

Su recuperación demandó una inversión superior a los $31.000 millones y permitió intervenir integralmente una infraestructura que llevaba cerca de tres décadas sin una modernización de ese tamaño.

A esa obra se suman proyectos de colectores sanitarios como Bellavista y Pescaíto, concebidos para aumentar la capacidad del sistema y disminuir los rebosamientos.

La modernización será indispensable porque el crecimiento urbano terminó desbordando en varios puntos una infraestructura diseñada para una Santa Marta mucho más pequeña.

¿Qué dejó realmente la intervención?

Ese es precisamente el punto donde comienza el balance de los casi cinco años durante los cuales Superservicios manejó directamente Essmar.

La intervención comenzó en noviembre de 2021 después de un diagnóstico crítico.

Antes de la toma de posesión, Superservicios había identificado problemas técnicos, financieros y administrativos. De los 46 pozos empleados para abastecimiento, 39 carecían entonces de permisos de explotación vigentes. También existían dificultades de calidad, elevados niveles de pérdidas y serios problemas de continuidad.

Había sectores con menos de 18 horas diarias de servicio y otros donde la continuidad estaba por debajo de diez horas.

Financieramente la situación tampoco era favorable y la entidad de vigilancia concluyó que existían condiciones que comprometían la capacidad de la compañía para prestar adecuadamente sus servicios y atender sus obligaciones.

Ese fue el punto de partida.

Mejoró la calidad y hubo inversiones

La intervención sí consiguió avances que forman parte de la Essmar que ahora recibe el Distrito.

Uno de los más relevantes fue la calidad del agua suministrada.

A los primeros 100 días de intervención, Superservicios reportó que el Índice de Riesgo de Calidad del Agua —IRCA— se ubicaba en 4,83, dentro de la clasificación de agua apta para consumo humano.

La empresa ha sostenido posteriormente que el indicador permaneció por debajo del 5 por ciento durante los últimos años, correspondiente a la categoría “sin riesgo”.

También hubo inversiones para recuperar infraestructura, mejorar estaciones, reponer redes de acueducto y alcantarillado, aumentar la micromedición y fortalecer procesos de facturación y recaudo.

En 2025, Superservicios anunció proyectos e inversiones superiores a $50.000 millones para aumentar la oferta hídrica, optimizar sistemas y disminuir pérdidas.

La empresa que vuelve al Distrito, por tanto, tiene diferencias frente a la que fue intervenida.

Pero existe un indicador mucho más difícil de defender.

Cinco años después, el agua sigue faltando

La intervención termina sin haber solucionado estructuralmente el abastecimiento de Santa Marta.

Ese es su principal pendiente.

Los períodos de sequía siguen reduciendo los caudales de las fuentes que alimentan los sistemas de Mamatoco y El Roble. Los daños sobre redes principales continúan dejando grandes sectores sin servicio y la empresa todavía debe recurrir a sectorizaciones y abastecimiento alternativo en momentos críticos.

La contradicción resume buena parte de lo ocurrido: Essmar pudo mejorar indicadores internos, recuperar infraestructura y avanzar administrativamente, pero la ciudad siguió creciendo más rápido que su capacidad para producir y transportar agua.

Y esa dificultad tampoco podía solucionarse exclusivamente desde la empresa.

Santa Marta necesita obras estructurales de dimensiones que superan su operación cotidiana. Precisamente allí aparecen El Curval, la desalinizadora y el Plan Maestro como las apuestas para intentar cerrar finalmente el déficit.

Pinedo se juega una de sus principales promesas

El alcalde recibió el levantamiento de la intervención como una victoria para la autonomía de Santa Marta, pero también como una responsabilidad política enorme.

“Después de una intensa agenda con el Gobierno nacional y de insistir en la necesidad y el impacto positivo para la ciudad de avanzar en esta decisión, recibimos una noticia muy importante: la Superservicios ordenó el fin de la intervención de la Essmar, vigente desde 2021. La empresa recupera su autonomía administrativa y comienza una nueva etapa para Santa Marta”, señaló.

Pinedo asegura que el objetivo será recuperar la confianza ciudadana y mejorar progresivamente el servicio.

La próxima semana comenzará el empalme y allí aparecerá la primera radiografía completa de la empresa que deja la intervención.

Después vendrá una etapa todavía más compleja: mantener funcionando el sistema mientras avanzan las grandes obras, conseguir recursos para renovar redes, disminuir pérdidas, mejorar el recaudo y preparar a Essmar para administrar la nueva infraestructura.

El calendario también juega en contra. Las soluciones estructurales requieren años, mientras la gente necesita agua hoy.

De administrar la escasez a garantizar el servicio

Ese será finalmente el parámetro con el que se juzgue el plan de salvamento.

Durante décadas, Santa Marta ha discutido sobre operadores, intervenciones, empresas, estudios, diseños y proyectos mientras la crisis se repite cada temporada seca.

Ahora coinciden tres circunstancias que pocas veces se habían presentado al mismo tiempo: Essmar vuelve al Distrito, existen proyectos multimillonarios encaminados para aumentar la oferta y hay un Plan Maestro que pretende ordenar las inversiones del sistema.

La oportunidad es histórica, pero también lo es el riesgo de repetir los errores del pasado.

Pinedo deberá demostrar que recuperar Essmar significa algo más que recuperar su Junta Directiva y el control administrativo de una empresa pública.

El verdadero rescate ocurrirá si logra sanearla, reducir las pérdidas, modernizar las redes y conseguir que El Curval, la desalinizadora, los colectores y las demás inversiones terminen funcionando como un solo sistema.

Porque después de casi cinco años de intervención y décadas de crisis, Santa Marta entra nuevamente en una etapa de grandes proyectos para resolver su problema más antiguo.

Esta vez, con inversiones que superan el billón de pesos y Essmar nuevamente bajo control de la ciudad, la expectativa será mucho mayor.

Y también lo será la responsabilidad si, al final del proceso, los samarios siguen abriendo la llave y esperando que salga agua.


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