
“Hay tanta que debería ser gratis”: indígena cuestiona cómo Santa Marta tiene tantos ríos cerca y más de 40 barrios padecen por agua
Dwiungumu eltayrona cuestionó la paradoja que vive Santa Marta: un territorio rodeado por la riqueza hídrica de la Sierra Nevada mientras más de 40 barrios padecen problemas de abastecimiento de agua potable. “Bajé desde la Sierra y me toca comprar agua”, afirmó el indígena, quien preguntó abiertamente dónde está la responsabilidad frente a una crisis que golpea desde hace años a la ciudad.
Santa Marta tiene mar, montañas y numerosos ríos que nacen en la Sierra Nevada, pero en pleno 2026 miles de sus habitantes siguen sufriendo por no tener acceso al agua potable. La contradicción resulta todavía más difícil de comprender para quienes viven en las partes altas del macizo montañoso y observan diariamente la riqueza natural que desciende hacia el Caribe.
Uno de ellos es Dwiungumu eltayrona, creador de contenido indígena que lanzó un duro cuestionamiento después de bajar de la Sierra Nevada y encontrarse con una realidad que para él resulta absurda: tener que comprar agua en una ciudad ubicada al pie de uno de los sistemas montañosos con mayor riqueza hídrica de esta región del país.
“Bajo desde la Sierra y me toca comprar agua, pero realmente pienso que el agua debería y es gratis”, expresó.
Su reflexión aparece precisamente cuando más de 40 barrios de Santa Marta vienen padeciendo dificultades asociadas al abastecimiento, una crisis que durante años ha obligado a numerosas familias a depender de carrotanques, albercas, tanques de almacenamiento y otras alternativas para garantizar agua en sus viviendas.
“¿Será necesario que Santa Marta viva esta crisis?”
Dwiungumu habló desde un punto alto de la Sierra Nevada. A su alrededor se observan cultivos de banano, aguacate, piña, maíz y mango, una imagen que para él demuestra la capacidad productiva y la riqueza natural de un territorio donde el agua constituye un elemento fundamental.
Desde allí puso sobre la mesa una pregunta que desde hace años también se hacen habitantes de Santa Marta: ¿cómo puede una ciudad rodeada por semejante riqueza natural continuar atravesando una crisis de abastecimiento?
“Entonces mi pregunta es: ¿será que Santa Marta necesita vivir esta crisis por la falta de agua? ¿Será que el problema somos nosotros los pueblos indígenas? ¿Será el Gobierno?”, cuestionó.
El interrogante también toca un asunto sensible. La Sierra Nevada alberga importantes fuentes hídricas, pero su aprovechamiento requiere considerar aspectos ambientales, técnicos y sociales, además de la protección de un ecosistema considerado estratégico para toda la región.
Ríos alrededor y barrios esperando agua
La paradoja señalada por el indígena tiene como escenario una extensa red hídrica que nace en la Sierra Nevada. En esta región se encuentran ríos como el Palomino, Don Diego, Guachaca, Mendihuaca y Buritaca, además de otras corrientes que descienden por diferentes sectores del macizo.
Santa Marta también cuenta con fuentes utilizadas históricamente para su abastecimiento, mientras otras corrientes recorren diferentes sectores rurales y urbanos. Sin embargo, la existencia de agua en el territorio por sí sola no resuelve el problema: captarla, tratarla y llevarla de manera continua y segura hasta los hogares requiere infraestructura suficiente y una planificación capaz de responder al crecimiento de la ciudad.
Y es precisamente allí donde aparece el contraste denunciado por Dwiungumu: la riqueza hídrica está a pocos kilómetros, pero para numerosas familias conseguir agua potable sigue siendo una preocupación cotidiana.
Más de 40 barrios padecen la crisis
La situación se ha vuelto especialmente compleja en sectores donde las dificultades en el suministro obligan a las familias a modificar sus rutinas. Cuando llega el agua, almacenarla se convierte en prioridad; cuando el servicio falla durante periodos prolongados, comienza la búsqueda de alternativas.
“Más de 40 barrios están sufriendo esta crisis por la falta de agua y realmente esto es triste”, aseguró el indígena.
La escasez también representa un golpe para el bolsillo. Comprar agua, pagar por sistemas alternativos de abastecimiento o mantener recipientes y tanques termina convirtiéndose en un gasto adicional para hogares que, al mismo tiempo, necesitan el líquido para actividades tan elementales como cocinar, bañarse, lavar y mantener condiciones adecuadas de higiene.
Una deuda que Santa Marta arrastra desde hace años
El problema del agua potable está lejos de ser nuevo para Santa Marta. El crecimiento urbano, las limitaciones del sistema de acueducto, las temporadas de sequía y la reducción de los caudales de las fuentes utilizadas para abastecer la ciudad han provocado episodios críticos durante distintos periodos.
La discusión ha dado paso a anuncios, estudios, proyectos y propuestas encaminadas a encontrar soluciones estructurales. Sin embargo, para el ciudadano que permanece esperando el servicio en su vivienda, la crisis se mide de una forma mucho más sencilla: tener o quedarse sin agua cuando abre la llave.
Por eso las palabras de Dwiungumu eltayrona encuentran eco en una ciudad que lleva años preguntándose cómo solucionar definitivamente uno de sus problemas más antiguos.
La paradoja de una ciudad con sed
Santa Marta llegó a sus 501 años cargando todavía una deuda básica con buena parte de su población. Mientras la Sierra Nevada continúa alimentando ríos y quebradas que recorren este territorio, decenas de barrios siguen padeciendo dificultades para recibir agua potable con regularidad.
Dwiungumu no presentó una fórmula técnica para solucionar el problema. Hizo algo más sencillo: planteó desde la Sierra una pregunta que resume la frustración de miles de samarios.
Si existe semejante riqueza hídrica alrededor de Santa Marta, ¿por qué en pleno 2026 todavía hay familias que tienen que luchar diariamente para conseguir agua?
La respuesta corresponde a las autoridades y a quienes tienen en sus manos la planificación y ejecución de las soluciones. Mientras llega, en más de 40 barrios la crisis continúa sintiéndose dentro de las casas, donde un servicio tan elemental como abrir una llave y encontrar agua sigue sin estar garantizado todos los días.
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