
Colombia se alista para otra ola de migrantes venezolanos: ahora llegarán ancianos, familias destruidas y sobrevivientes de terremotos
Los devastadores terremotos que sacudieron a Venezuela reactivaron las alertas migratorias en Colombia. Expertos advierten que el flujo de personas aumentará en las próximas semanas, esta vez con una población mucho más vulnerable: adultos mayores, familias que lo perdieron todo y sobrevivientes que cruzarán la frontera huyendo del colapso sanitario y la devastación.
La tragedia volverá a empujar a miles de venezolanos hacia la frontera con Colombia.
Esta vez no huyen únicamente de una crisis económica o política, sino de ciudades reducidas a escombros, hospitales colapsados y un país que enfrenta una de las peores emergencias humanitarias de los últimos años. Los expertos advierten que el país debe prepararse para recibir una nueva ola migratoria marcada por el dolor, la enfermedad y la desesperación.
Los terremotos del pasado 24 de junio, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron un panorama devastador. Según las cifras oficiales del gobierno venezolano, hasta el 9 de julio se contabilizaban 3.890 personas fallecidas, miles de heridos y decenas de miles de damnificados, especialmente en el estado La Guaira. A esa tragedia se suma la estimación de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que calcula que cerca de 6,76 millones de personas resultaron afectadas por la catástrofe.
La directora de la OIM, Amy Pope, advirtió que el desplazamiento de personas será una consecuencia inevitable de la emergencia y pidió acelerar la ayuda humanitaria para evitar que la situación siga agravándose.
Un éxodo que jamás terminó
Para Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, la migración venezolana nunca desapareció. Lo ocurrido con los terremotos simplemente acelerará un fenómeno que llevaba años desarrollándose y que ahora tendrá un rostro mucho más vulnerable.
«Lo que continuaremos viendo es la salida de población venezolana«, explicó el investigador, quien considera que miles de familias volverán a mirar hacia Colombia como la única alternativa para proteger su vida.
Rodríguez señala que durante años muchos adultos mayores permanecieron en Venezuela mientras sus hijos emigraban.
Permanecieron cuidando sus viviendas, aferrados a la esperanza de permanecer en el país donde construyeron toda una vida. Sin embargo, el desastre terminó por destruir esa posibilidad.
«Muchos de los que están en Colombia van a tratar de traerse a sus adultos mayores, a sus abuelos, a sus padres, para tratar de protegerlos un poco de todo lo que va a pasar en Venezuela en los próximos meses ante toda esta dinámica en salud pública«, afirmó.
El especialista sostiene que Colombia deberá prepararse para recibir una población con necesidades mucho más complejas que las registradas durante las primeras olas migratorias.
Llegarán con las manos vacías
La emergencia también sepultó la identidad de miles de sobrevivientes. Entre los edificios destruidos quedaron pasaportes, cédulas, registros civiles y otros documentos indispensables para cualquier trámite migratorio.
«Cuando se les vino el edificio encima, no tenían pasaporte, no tenían cédula, ni los documentos básicos para reiniciar un proyecto de vida«, explicó Rodríguez.
Esta situación, advierte, obligará a Colombia a fortalecer nuevamente mecanismos de regularización como el Estatuto Temporal de Protección para Migrantes Venezolanos, con el fin de evitar que miles de personas queden atrapadas en la informalidad o la ilegalidad por una tragedia que escapó completamente de sus manos.

El sistema de salud, otro motivo para huir
A la destrucción causada por los sismos se suma una amenaza silenciosa que preocupa a los organismos internacionales: el deterioro del sistema sanitario venezolano.
La Organización Panamericana de la Salud alertó sobre el riesgo de brotes de enfermedades como cólera, sarampión, dengue y zika, mientras gran parte de la infraestructura hospitalaria quedó seriamente afectada.
Tres hospitales quedaron completamente fuera de servicio y otros cincuenta continúan operando con daños estructurales, reduciendo considerablemente la capacidad de atención médica en medio de una emergencia que sigue creciendo.
Para Rodríguez, este panorama tendrá consecuencias directas para Colombia, ya que buena parte de quienes crucen la frontera serán adultos mayores o personas con enfermedades que requerirán atención médica permanente.
«Será una dinámica que tenga como elemento adicional una población adulta mayor que requiere una serie de servicios que hacen esta situación incluso muchísimo más compleja«, advirtió.
El investigador también hizo un llamado para que la solidaridad internacional no desaparezca cuando pase el impacto mediático de la tragedia.
«Los colombianos tenemos que jugar un papel muy importante; hay sectores médicos y gremios que están haciendo una ayuda muy importante, que hay que continuar haciéndola, no solamente por una semana, sino incluso por meses, para evitar que Venezuela caiga en una situación mucho más compleja», sostuvo.
Una tragedia que también cambia la política
El desastre también modificó el panorama político venezolano. Según Rodríguez, la emergencia desplazó las discusiones sobre una eventual transición democrática y permitió que el régimen concentrara la atención nacional en la reconstrucción.
«Los terremotos juegan a favor para que el régimen pueda dilatar el mayor tiempo posible esta situación«, aseguró.
El investigador explicó que el proceso para conformar un nuevo Consejo Nacional Electoral quedó suspendido y que la oposición atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad.
Para él, el desafío que enfrenta Venezuela ya dejó de ser exclusivamente político o económico.
«La recuperación de Venezuela ya no solo pasa por la transición política y la recuperación socioeconómica, sino por la reconstrucción material del país», concluyó.
Mientras el número de fallecidos, desaparecidos y damnificados continúa aumentando, miles de familias vuelven a mirar hacia Colombia buscando refugio. Esta vez la migración llega cargada de pérdidas irreparables, adultos mayores que necesitan protección, personas que perdieron hasta su identidad bajo los escombros y sobrevivientes que cruzarán la frontera convencidos de que quedarse dejó de ser una opción.
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