El misterio del mal olor de las camisetas de fútbol que desespera a los hinchas de Colombia


Muchos creen que es culpa del sudor, o de la falta de higiene, pero la ciencia dice otra cosa. El material con el que están hechas la mayoría de camisetas deportivas es el verdadero responsable de ese olor que vuelve una y otra vez, incluso después de lavarlas.

Seguro le ha pasado. Lava la camiseta, le echa buen detergente, queda oliendo a limpio y hasta piensa que ahora sí desapareció el problema. Pero se la pone para ver un partido, salir a jugar o caminar un rato, y en cuestión de minutos vuelve ese olor en las axilas que hace dudar si realmente la había lavado o si se echaron suficiente desodorante. Aunque muchos se burlan de la situación, la explicación no tiene que ver, necesariamente, con la higiene.

Con el Mundial de 2026, miles de personas volvieron a ponerse la camiseta de su selección y, de paso, regresó una pregunta que aparece en casi todas las casas: ¿por qué esas camisetas parecen guardar el olor a sudor por más que pasen por la lavadora?

La culpa no la tiene el sudor

Lo primero que aclaran los expertos es que el sudor, por sí solo, casi no tiene olor.

Lo que pasa es que las bacterias que viven naturalmente sobre la piel empiezan a descomponer ese sudor y ahí aparece el famoso “grajo” que tantos conocen. El problema es que el poliéster, material con el que están hechas la mayoría de camisetas de fútbol, atrapa esas bacterias, la humedad y los aceites de la piel con mucha facilidad.

Por eso pasa algo tan común: la camiseta sale limpia del clóset, pero apenas empieza a calentarse el cuerpo, el olor reaparece como si nunca hubiera pasado por la lavadora o faltara desodorante.

El poliéster juega en contra

Las camisetas deportivas están diseñadas para ser livianas, secarse rápido y aguantar el uso constante. Para eso usan poliéster y, muchas veces, elastano.

El detalle es que ese mismo material también se queda con los compuestos que producen el mal olor. Es como si la tela tuviera memoria. Usted la lava, pero pequeñas partículas siguen ahí y, cuando vuelve a usarla, el olor regresa.

La dermatóloga Ana Molina explica que el poliéster es uno de los tejidos que más favorece ese problema. Después aparece el nylon. En cambio, telas como el algodón, el lino o la lana permiten que la piel respire mejor y no retienen tanto esos olores.

No todas las personas huelen igual

También hay otra realidad: no todas las personas producen el mismo olor corporal.

La alimentación, las hormonas, la genética, algunos medicamentos e incluso el estrés hacen que una camiseta huela diferente dependiendo de quién la use. Hay quienes juegan un partido completo y apenas sudan, mientras otros sienten que el olor aparece casi de inmediato.

Expertos afirman que se puede combatir, pero hay que cambiar algunos hábitos

No existe una fórmula mágica, pero sí varias cosas que ayudan bastante.

Lavar la camiseta después de cada uso, no dejarla húmeda dentro del bolso, usar poco suavizante, remojarla de vez en cuando con agua y vinagre blanco, utilizar detergentes para ropa deportiva y dejar que se seque completamente antes de guardarla puede hacer una gran diferencia.

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Así que la próxima vez que alguien haga el chiste de que “esa camiseta huele a grajo”, quizás no sea porque esté sucia. En muchos casos, el verdadero culpable es el poliéster, una tela que sirve para correr, jugar y alentar durante 90 minutos, pero que también tiene la mala costumbre de quedarse aferrada a los olores mucho más de lo que cualquiera quisiera.


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