Los dejaron tirados junto a la carretera: masacre en Cauca eleva a 60 los homicidios múltiples en Colombia durante 2026


Cuatro hombres fueron hallados asesinados en una zona rural de Santander de Quilichao. Tres de las víctimas eran oriundas de Morales. El crimen vuelve a encender las alarmas sobre la violencia en el norte del Cauca y confirma que las masacres siguen ocurriendo con una frecuencia que preocupa a las autoridades y organizaciones de derechos humanos.

Cuando amanecía el miércoles en el corregimiento de Mondomo, zona rural de Santander de Quilichao, varios campesinos que transitaban por una vía terciaria encontraron una escena que ya resulta demasiado familiar en varias regiones del país: cuatro hombres asesinados y abandonados a un costado del camino.

Los cuerpos estaban tendidos junto a la carretera. Ninguno podía contar qué había pasado. Las respuestas llegaron después, poco a poco, entre inspecciones judiciales, llamadas desesperadas a familiares y el temor de una comunidad acostumbrada a convivir con la presencia de grupos armados.

Con este hecho, Colombia alcanzó la cifra de 60 homicidios múltiples registrados durante lo corrido de 2026.

Los nombres detrás de la tragedia

Con el avance de las labores de identificación, las autoridades lograron establecer quiénes eran tres de las víctimas.

Se trataba de Anderson Velasco, residente en la vereda Pan de Azúcar; Kevin Pulgarín Ruiz, del sector Los Cafés; y Sebastián Ribera Valencia, oriundo de la vereda San José. Los tres provenían del municipio de Morales, Cauca.

La cuarta víctima todavía permanece sin identificación oficial. Sin embargo, versiones preliminares indican que sería una persona procedente o residente de Jamundí, Valle del Cauca.

Mientras investigadores realizaban las diligencias en Mondomo, en Morales comenzaron a sonar los teléfonos con noticias devastadoras. Familiares, amigos y vecinos recibieron la confirmación de que tres hombres conocidos en la comunidad habían terminado convertidos en víctimas de una nueva masacre.

Una zona marcada por la violencia

Las primeras hipótesis apuntan a que los cuatro hombres habrían sido asesinados por integrantes de un grupo armado ilegal que mantiene presencia en esta región del norte del Cauca.

Por ahora las autoridades manejan varias líneas de investigación y trabajan en la recolección de pruebas y testimonios para establecer quién ordenó el crimen, cómo ocurrieron los hechos y cuál habría sido el motivo detrás de los asesinatos.

Lo cierto es que la masacre vuelve a evidenciar la compleja situación de seguridad que atraviesa esta parte del departamento.

La violencia se convirtió en una constante que altera la vida cotidiana de comunidades enteras. En muchas zonas rurales, el control territorial ejercido por estructuras armadas ilegales sigue condicionando la movilidad, la economía y la tranquilidad de los habitantes.

Advertencias que siguen vigentes

La Defensoría del Pueblo había advertido sobre los riesgos existentes en municipios como Santander de Quilichao mediante la Alerta Temprana 013 de 2025.

En ese documento, el organismo alertó sobre la presencia de grupos armados ilegales y los peligros que enfrentaban las comunidades civiles debido a disputas por el control territorial, actividades ilícitas y confrontaciones armadas.

Más de un año después de esa advertencia, la realidad demuestra que las amenazas continúan vigentes.

Cada nueva masacre fortalece la percepción de que las alertas institucionales siguen quedándose cortas frente a una violencia que encuentra espacios para reproducirse en diferentes rincones del país.

Colombia suma 60 masacres

El crimen ocurrido en Mondomo trasciende las fronteras del Cauca por una razón contundente: se convirtió en el homicidio múltiple número 60 registrado en Colombia durante 2026.

La cifra refleja una tendencia que mantiene en alerta a organizaciones sociales, defensores de derechos humanos y autoridades nacionales. Detrás de cada caso aparecen familias destruidas, comunidades golpeadas por el miedo y territorios donde la presencia de actores armados continúa imponiendo sus propias reglas.

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En Mondomo, los investigadores siguen buscando respuestas. En Morales, tres familias comenzaron a organizar funerales. Y en las estadísticas nacionales quedó registrada otra masacre que confirma que la violencia colectiva sigue siendo una de las heridas abiertas más profundas del país.


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