Petro propone recortar cultivos de Banano en Magdalena para llevar agua a la gente


El presidente Gustavo Petro planteó en Ciénaga disminuir parte de las plantaciones bananeras para garantizar más agua a las comunidades. La propuesta provocó una inmediata reacción del sector productor, que advirtió sobre el impacto que tendría en miles de empleos y en una de las actividades económicas más importantes del departamento.

El presidente Gustavo Petro puso el dedo en una de las heridas más sensibles del Magdalena y abrió una confrontación que sacudió al departamento.

Desde Ciénaga, el mandatario lanzó una propuesta explosiva: reducir parte de las plantaciones de banano para que el agua que baja de la Sierra Nevada llegue primero a las comunidades y no termine, según sus palabras, alimentando un modelo agrícola orientado a la exportación y a los ricos.

La afirmación cayó como una bomba en una región donde el banano representa empleo, riqueza y el sustento de miles de hogares.

«Primero la gente, después los negocios«

Ante pescadores y habitantes de la región, Petro aseguró que gran parte del agua que necesita la población está siendo utilizada por extensas áreas cultivadas de banano.

Por eso planteó la necesidad de disminuir el volumen de las plantaciones para permitir que el recurso hídrico fluya hacia poblaciones que llevan años enfrentando dificultades de abastecimiento.

Para el presidente, la prioridad debe ser garantizar agua para el consumo humano antes que para cualquier actividad económica. Incluso sostuvo que Colombia está exportando el agua que necesita a través de las toneladas de banano que salen hacia mercados internacionales.

La respuesta fue inmediata

La reacción de los bananeros llegó pocas horas después.

La Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira, Asbama, rechazó el planteamiento presidencial y aseguró que convertir al banano en el responsable de la crisis hídrica es un error que desconoce décadas de abandono estatal e insuficiente infraestructura para el manejo del agua.

El gremio sostiene que la verdadera emergencia se encuentra en la falta de reservorios, acueductos, recuperación de cuencas y sistemas eficientes de distribución.

Para los productores, reducir cultivos no resolverá el problema de fondo y sí podría provocar una crisis económica de enormes proporciones.

Más de 18 mil familias sienten la amenaza

Detrás de cada hectárea de banano hay miles de personas que dependen de esta actividad para sobrevivir.

Las cifras del sector muestran una realidad difícil de ignorar. Más de 18.000 familias obtienen su sustento directo de la industria bananera. El sector genera cerca del 9,4 % del empleo formal del Magdalena y mueve alrededor de 800.000 millones de pesos anuales en salarios.

Por eso la propuesta presidencial fue interpretada por muchos trabajadores como una amenaza a la estabilidad económica de una región donde conseguir empleo formal sigue siendo una lucha diaria.

La preocupación también alcanza a pequeños productores, transportadores, empacadores, técnicos y comerciantes que dependen del movimiento generado por el banano.

El agua contra la economía

La polémica volvió a dividir al Magdalena en dos posiciones cada vez más marcadas.

Por un lado están las comunidades que llevan años reclamando acceso permanente al agua potable y que consideran urgente revisar la manera como se utiliza el recurso.

Por el otro, un sector productivo que sostiene miles de empleos y que rechaza ser señalado como el principal responsable de una crisis que se ha construido durante décadas.

El debate ya dejó de ser únicamente ambiental o agrícola.

Lo que está sobre la mesa es una decisión que enfrenta dos necesidades fundamentales para la región: garantizar agua para la población o mantener intacta una de las industrias que más dinero y empleo genera en el departamento.

Una discusión que apenas comienza

Las palabras de Petro lograron algo que pocos temas consiguen en el Magdalena: poner a hablar al mismo tiempo a campesinos, pescadores, empresarios, trabajadores y líderes comunitarios.

La pregunta que ahora recorre la Zona Bananera, Ciénaga y Santa Marta es tan sencilla como incómoda: si el agua no alcanza para todos, ¿quién debe ceder primero?

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Esa respuesta definirá mucho más que el futuro del banano. También definirá cómo sobrevivirá una región donde el agua se está convirtiendo en el recurso más disputado de todos.


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