
Mayo dejó 116 asesinatos y se convirtió en el mes más violento de la historia reciente del Atlántico
La escalada criminal alcanzó un nivel sin precedentes durante mayo. Barranquilla y su área metropolitana concentraron 100 de los 116 homicidios registrados en el departamento, una cifra que disparó las alarmas de las autoridades y profundizó el miedo de miles de ciudadanos que hoy conviven con la violencia como parte de su rutina diaria.
Mayo terminó dejando una cifra devastadora para el Atlántico. Un total de 116 personas fueron asesinadas durante el mes, convirtiéndolo en el periodo más sangriento del año y en uno de los más violentos que recuerde el departamento en tiempos recientes.
La tragedia golpeó con mayor fuerza a Barranquilla y su área metropolitana, donde ocurrieron 100 de esos homicidios. Detrás de cada número hay una familia destruida, una silla vacía y una comunidad que observa cómo la violencia sigue avanzando sin encontrar freno.
Una ciudad marcada por el miedo
La inseguridad dejó de ser una preocupación lejana para convertirse en una realidad que acompaña cada jornada. Los asesinatos aparecen frente a tiendas, en calles transitadas, cerca de viviendas y en sectores donde la vida parecía transcurrir con normalidad.
Hoy, muchos comerciantes levantan las puertas de sus negocios con incertidumbre. Los vecinos observan con desconfianza cada motocicleta que se acerca y los habitantes de numerosos barrios han incorporado nuevas medidas de precaución para protegerse de una violencia que parece surgir en cualquier momento.
La sensación de vulnerabilidad se ha extendido por toda el área metropolitana. El temor ya no distingue sectores ni horarios.
Los números que encendieron las alarmas
Las estadísticas reflejan con crudeza la dimensión de la crisis.
Barranquilla encabezó el registro con 58 homicidios durante mayo. Le siguió Soledad con 30 casos y Malambo con 12. Los demás municipios del departamento sumaron 16 asesinatos adicionales, siendo Sabanalarga uno de los territorios más afectados fuera del área metropolitana.
La magnitud de la cifra resulta aún más impactante al compararla con los meses anteriores. Enero había cerrado con 79 homicidios, febrero con 76, marzo con 68 y abril con 56. Mayo rompió completamente esa tendencia y disparó los indicadores de violencia a niveles que superaron todos los registros del año.
Mientras tanto, Puerto Colombia y Galapa lograron cerrar el mes sin homicidios reportados.
El sicariato y las disputas criminales
Las autoridades sostienen que gran parte de los asesinatos están relacionados con enfrentamientos entre estructuras criminales que se disputan territorios, rentas ilegales y control de actividades delictivas.
El sicariato sigue apareciendo como uno de los principales protagonistas de esta violencia. Los ataques suelen ejecutarse con rapidez, en plena vía pública y ante la mirada de testigos que pocas veces alcanzan a reaccionar antes de que los responsables desaparezcan.
Sin embargo, para los ciudadanos el origen de los crímenes termina pasando a un segundo plano. Lo que permanece es la sensación de que cualquier persona puede quedar expuesta a una balacera o a un ataque armado en medio de actividades cotidianas.
Un aumento que preocupa
La situación adquiere una dimensión aún más grave cuando se analiza el comportamiento anual.
Entre Barranquilla y los municipios de su área metropolitana se han contabilizado 439 homicidios en lo que va del año. Durante el mismo periodo de 2025 se registraban 304 casos.
La diferencia es de 135 asesinatos más, lo que representa un incremento del 44,4 %, una variación que evidencia el deterioro de las condiciones de seguridad y la capacidad de expansión de las estructuras criminales.
La violencia ya forma parte del paisaje
Barranquilla sigue funcionando. Los buses continúan recorriendo las calles, los negocios abren sus puertas y miles de personas salen cada mañana a trabajar. Sin embargo, debajo de esa aparente normalidad crece una tensión constante.
La violencia dejó de ser un episodio aislado que sorprende ocasionalmente a la ciudad. Hoy aparece con una frecuencia que inquieta a sus habitantes y que obliga a modificar hábitos, horarios y recorridos.
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Los 116 homicidios registrados en mayo dejan una conclusión contundente: el Atlántico atraviesa uno de los momentos más delicados en materia de seguridad, mientras la ciudadanía espera respuestas efectivas para evitar que el próximo récord vuelva a escribirse con sangre.
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