No ganó ni el de Uribe ni el de Petro: nace un nuevo fenómeno electoral en Colombia llamado Abelardo de la Espriella


No ganó ni el de Uribe ni el de Petro: nace un nuevo fenómeno electoral en Colombia llamado Abelardo de la Espriella

El abogado barranquillero rompió todos los pronósticos, desbarató buena parte de las encuestas y terminó convirtiéndose en la gran sorpresa de las elecciones presidenciales. Su discurso de mano dura, su estilo desafiante y una campaña construida desde las redes sociales lo llevaron a disputar la Presidencia en segunda vuelta.

Las elecciones presidenciales de 2026 dejaron una conclusión que pocos se atrevían a pronosticar hace apenas algunos meses: Colombia no terminó votando masivamente por el candidato del uribismo tradicional ni consolidó el heredero político de Gustavo Petro en primera vuelta. Lo que apareció fue un fenómeno distinto, inesperado y profundamente mediático llamado Abelardo de la Espriella.

El abogado penalista, conocido durante años por sus polémicas intervenciones públicas, logró convertirse en uno de los dos hombres que disputarán la Casa de Nariño tras una campaña que rompió casi todas las reglas tradicionales de la política colombiana.

Mientras los partidos históricos intentaban movilizar maquinarias y estructuras regionales, Abelardo construyó una candidatura basada en redes sociales, transmisiones en vivo, discursos explosivos y una imagen cuidadosamente diseñada para proyectar autoridad, fuerza y confrontación.

Los resultados del preconteo terminaron confirmando que el llamado “Tigre” dejó de ser una figura mediática para transformarse en una fuerza electoral real que logró seducir a millones de colombianos cansados de la política tradicional.

El candidato del chaleco blindado

Durante la campaña, una de las imágenes más repetidas fue la de Abelardo de la Espriella llegando a plazas públicas protegido con chaleco blindado y hablando detrás de atriles reforzados.

Su discurso estuvo marcado por constantes advertencias sobre amenazas en su contra y por una narrativa de confrontación directa contra las organizaciones criminales.

Prometió una ofensiva sin precedentes contra grupos armados ilegales, narcotraficantes y estructuras delincuenciales. Habló de recuperar territorios dominados por la violencia y de imponer una política de seguridad que, según él, cambiará radicalmente el rumbo del país.

La seguridad terminó convirtiéndose en el corazón de su campaña.

Mientras gran parte de Colombia observaba con preocupación el aumento de hechos violentos en varias regiones, Abelardo encontró un mensaje capaz de conectar con sectores que exigen respuestas más contundentes frente a la criminalidad.

La campaña que nació en internet

Una de las claves de su crecimiento fue su capacidad para dominar la conversación digital.

A diferencia de campañas tradicionales llenas de actos protocolarios y discursos calculados, Abelardo apostó por videos espontáneos, intervenciones agresivas, lenguaje directo y una comunicación permanente con sus seguidores.

Su figura se convirtió en tendencia constante en plataformas digitales. Cada declaración generaba debates, apoyos y rechazos, pero casi nunca pasaba desapercibida.

Ese fenómeno terminó amplificando su alcance mucho más allá de los escenarios políticos convencionales.

Miles de jóvenes que tradicionalmente permanecían alejados de la política comenzaron a seguir sus contenidos, comentar sus propuestas y compartir sus intervenciones en redes sociales.

La estrategia convirtió a De la Espriella en uno de los candidatos con mayor presencia digital de toda la campaña electoral.

El golpe al establecimiento político

La gran sorpresa de la jornada también tiene otra lectura: ni el candidato respaldado por el expresidente Álvaro Uribe logró quedarse con el liderazgo de la derecha tradicional ni el petrismo consiguió asegurar una victoria anticipada.

En medio de esa polarización apareció un actor nuevo que terminó absorbiendo buena parte del voto inconforme.

Su crecimiento modificó completamente el tablero político.

Lo que comenzó como una candidatura vista por muchos como una apuesta mediática terminó convirtiéndose en una opción presidencial con millones de votos y una presencia nacional imposible de ignorar.

Ahora Colombia entra a una segunda vuelta marcada por dos modelos opuestos: la continuidad de la izquierda representada por Iván Cepeda y la propuesta de mano dura impulsada por Abelardo de la Espriella.

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Lo que ocurra en las próximas semanas definirá si el fenómeno que nació en redes sociales termina convirtiéndose en el próximo presidente de Colombia o si su irrupción quedará como una de las sorpresas electorales más grandes de la historia reciente del país.


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