
La historia del joven que dejó Alemania para vivir en un corregimiento del Caribe y hoy enamora a sus estudiantes enseñando inglés
Abraham Ziegler-Fourie cambió la rutina de una de las ciudades más grandes de Europa por las calles tranquilas de Aguada de Pablo, en Sabanalarga. Llegó para enseñar inglés en una institución educativa rural, pero terminó encontrando una comunidad que lo adoptó como uno más y estudiantes que ahora sueñan con hablar otro idioma.
A sus 19 años, Abraham Ziegler-Fourie tomó una decisión que para muchos parecía impensable. Dejó atrás Berlín, una ciudad gigante, fría y acelerada, para terminar dando clases en un corregimiento del Atlántico donde el calor pega fuerte, los estudiantes lo saludan con confianza y la vida transcurre a otro ritmo.
El joven alemán llegó a la Institución Educativa San José de Aguada de Pablo con la misión de enseñar inglés. Pero en pocas semanas terminó haciendo mucho más que eso.
Su presencia comenzó a mover algo dentro de las aulas. Los estudiantes empezaron a interesarse más por aprender otro idioma, preguntar por otras culturas y atreverse a imaginar un futuro distinto desde un corregimiento donde muchas veces las oportunidades parecen lejanas.
El profesor extranjero que terminó ganándose a los estudiantes
En Aguada de Pablo rápidamente dejó de ser “el alemán” para convertirse en el profesor carismático que llegó con una manera diferente de enseñar.
Sus clases, según cuentan los estudiantes, dejaron de sentirse pesadas. Empezaron a ser dinámicas, cercanas y hasta divertidas.
“Enseña bastante, es divertido y carismático”, expresó una estudiante del plantel, resumiendo el sentimiento que hoy comparten muchos jóvenes de la institución.
Abraham conversa, juega, ríe y enseña inglés mientras intenta conectarse con una generación que pocas veces tiene contacto directo con personas de otros países.
Ese intercambio terminó despertando curiosidad en ambos lados.
El choque entre Berlín y la Costa Caribe
Para Abraham, vivir en Aguada de Pablo ha significado entrar a un mundo completamente distinto al que conocía en Alemania.
Pasó de las calles organizadas y el ritmo frenético de Berlín a un corregimiento rodeado de tranquilidad, calor humano y cultura costeña.
Lejos de incomodarlo, el cambio terminó enamorándolo.
“La costa es el lugar más bonito que hay”, aseguró el joven, quien afirma que eligió este destino precisamente para intercambiar experiencias y conocer otra forma de vivir.
El contraste cultural es enorme. Él mismo reconoce que Aguada y Berlín parecen dos mundos completamente diferentes.
Pero en medio de esa distancia, encontró algo que terminó marcándolo: el cariño de la gente.
Una historia que terminó inspirando a toda una comunidad
La llegada del joven alemán terminó convirtiéndose en una experiencia inspiradora para estudiantes, docentes y habitantes del corregimiento.
Porque mientras muchos jóvenes sueñan con irse lejos para buscar oportunidades, Abraham hizo el camino contrario: dejó Europa para llegar a una pequeña población del Caribe colombiano donde hoy enseña inglés y comparte tiempo con estudiantes que jamás imaginaron tener un profesor alemán dentro de su salón.
En Aguada de Pablo todavía les sorprende escuchar a un muchacho nacido en Berlín diciendo palabras costeñas y describiendo el pueblo con una sonrisa.
Y mientras da clases en medio del calor y las risas de sus alumnos, el joven alemán sigue confirmando algo que pocos esperaban: que a veces alguien tiene que venir desde el otro lado del mundo para recordar el valor que tiene lo propio.
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