
La historia del samario que encontró la felicidad y el éxito recorriendo el mundo como DJ
Después de años sintiéndose perdido en Estados Unidos, trabajando jornadas agotadoras y viviendo una rutina que lo hacía infeliz, un joven samario cambió el rumbo de su vida gracias a la música. Hoy es DJ, recorre escenarios internacionales y ha llevado su sonido latino a ciudades como Nueva York, Miami, Tulum y Dubái.
Durante años creyó que el éxito era tener estabilidad, un buen salario y un empleo seguro en Estados Unidos. Lo consiguió. Trabajó en una universidad prestigiosa, hablaba inglés, tenía una vida organizada y un camino profesional construido lejos de Santa Marta. Pero por dentro seguía sintiéndose vacío.
Mientras muchos veían a un ingeniero de sistemas que había logrado abrirse paso en otro país, él sentía que vivía atrapado en una rutina que no lo hacía feliz.
“Me iba bien económicamente, pero sentía que me faltaba todo lo demás”, recuerda.
Hoy su vida es completamente distinta. Ahora duerme poco porque vive entre vuelos, hoteles, escenarios y festivales. Cambió las oficinas por las tornamesas. Las reuniones de trabajo por noches frente a miles de personas. Y lo que comenzó como un simple favor a un amigo terminó convirtiéndolo en un DJ samario que hoy recorre el mundo gracias a la música.
La vida que dejó atrás
Cuando llegó a Estados Unidos la realidad fue mucho más dura de lo que imaginaba.
Pasó meses intentando adaptarse a un país extraño mientras buscaba cualquier empleo para ayudar económicamente a su familia. Trabajó acomodando inventarios en tiendas, limpiando oficinas y en fábricas de repuestos de carros. Había días en los que empezaba a trabajar desde las cinco de la mañana y terminaba cerca de la medianoche.
“El cansancio físico era fuerte. Pero el emocional todavía más”, manifiesta Miguel Ángel.
Extrañaba Santa Marta, a sus amigos, a su familia y la vida que había dejado atrás. Muchas veces pensó en devolverse. Muchas veces lloró en silencio mientras intentaba convencer a todos de que estaba bien.
“Creo que pasé por un episodio de depresión por mucho tiempo”, admite.
Aun así siguió adelante. Estudió ingeniería de sistemas y logró entrar al mundo profesional en Estados Unidos. Pero ni siquiera ahí encontró el sentido que estaba buscando.

El día que la música cambió todo
La música siempre estuvo cerca de él. Desde niño lo disfrazaban de Carlos Vives y creció rodeado de familiares músicos. Pero nunca imaginó que terminaría viviendo de ella.
Todo empezó en Philadelphia, cuando un amigo lo llamó de emergencia porque el DJ de un festival canceló a última hora. Él había estado practicando por curiosidad con una consola y decidió ayudarlo.
Aquella noche improvisada terminó cambiándole la vida.
“Yo solo quería hacerle el favor a un amigo”, cuenta.
Después de esa presentación comenzaron a llegar nuevas oportunidades. Residencias en eventos, invitaciones a festivales y conexiones dentro de la industria musical. Poco a poco empezó a darse cuenta de que la música le estaba devolviendo algo que había perdido hacía mucho tiempo: felicidad.
El samario que hoy pone a bailar al mundo
Ahora sus días transcurren entre aeropuertos, cabinas de DJ y escenarios internacionales.
Ha tocado en ciudades como Nueva York, Miami y Philadelphia. También llevó su música hasta Tulum, México, y vivió uno de los momentos más importantes de su carrera cuando se presentó en Dubái, en Emiratos Árabes Unidos.
Todavía le cuesta creer todo lo que ha vivido en tan poco tiempo.
“Me pongo a pensar y siento que he vivido varias vidas”, dice.
Su estilo mezcla Afro House con sonidos latinos, una combinación con la que ha logrado conectar públicos de diferentes culturas y nacionalidades.
Y aunque el reconocimiento empieza a crecer, insiste en que lo más importante para él sigue siendo ver a la gente feliz frente a su música.
“Más que el respeto de la industria, me interesa ver a las personas sonriendo cuando pongo algo”, asegura.

El éxito que no encontró en una oficina
Paradójicamente, el momento más feliz de su vida llegó cuando dejó atrás la estabilidad que había construido.
Durante mucho tiempo creyó que debía cumplir con una vida socialmente aceptada: estudiar, conseguir un buen trabajo y mantener una rutina segura. Pero terminó descubriendo que el éxito también puede sentirse vacío cuando uno no está haciendo lo que realmente ama.
Por eso tomó la decisión de arriesgarse.
“Es mejor intentar vivir algo que soñamos que pasar toda la vida haciendo algo solo porque es más aceptable para los demás”, afirma.
Hoy vive de la música. Viaja constantemente. Conoce países. Se presenta ante cientos de personas. Y aunque reconoce que detrás de esa vida hay agotamiento, sacrificios y muchas horas de preparación, asegura que finalmente encontró algo que le devuelve sentido a sus días.
Santa Marta sigue viajando con él
A pesar de vivir lejos de Colombia, dice que nunca ha podido desprenderse de sus raíces.
Santa Marta sigue apareciendo en pequeños detalles de su música, en sonidos que pocos logran identificar y en la manera en la que conecta con la gente.
“Santa Marta fue, es y siempre será la tierra que me brindó tantas cosas”, afirma.
Por eso uno de sus grandes sueños es regresar algún día y construir proyectos musicales en Colombia. Quiere devolverle algo a la tierra donde empezó todo.
Mientras tanto sigue recorriendo el mundo con una maleta llena de música y una historia que hace algunos años parecía imposible.
La misma historia de aquel joven samario que llegó a Estados Unidos sintiéndose perdido y terminó encontrando en la música el lugar donde finalmente volvió a sentirse feliz.

PAUTE
AQUÍ
420 px x 450 px
INFO AQUÍ
