Frente al ataúd, un hijo roto: despidió a su madre y a su hermano asesinados por no pagar una extorsión


Rosa Beatriz Mora Pérez y su hijo David Vallejo Mora fueron asesinados frente a su negocio en Soledad, Atlántico, tras negarse a pagar extorsión. Ella intentó salvarlo, se atravesó en medio del ataque y recibió el disparo que también la mató. Días antes del Día de las Madres, su otro hijo los despidió frente al ataúd.

El ataúd estaba abierto. Y frente a él, un hijo que apenas se sostenía en pie. Lloraba a su madre y a su hermano al mismo tiempo. Dos golpes en una sola escena. Dos muertes que llegaron juntas y que le cambiaron la vida en cuestión de segundos.

A Rosa Beatriz Mora Pérez y a su hijo David Vallejo Mora los mataron afuera de su negocio. Dos sicarios llegaron armados. El primer disparo fue contra él. Directo. Ella reaccionó como lo haría cualquier madre: se lanzó, se interpuso, intentó cubrirlo. En ese movimiento recibió el impacto que también la mató.

Todo ocurrió frente al local donde trabajaban. Los sicarios aparecieron, ubicaron a su objetivo y dispararon. David cayó primero. Rosa Beatriz no se quedó quieta. No dudó. Se metió en medio de la línea de fuego y terminó en el mismo suelo.

La escena fue rápida y brutal. Dos cuerpos tendidos, el negocio convertido en escenario de muerte y una familia rota en cuestión de segundos.

La extorsión detrás del crimen

El ataque, según versiones conocidas, estaría relacionado con el no pago de extorsiones. Una presión constante que terminó en sentencia de muerte.

Se trató de una advertencia ejecutada. Un castigo directo contra quienes se negaron a ceder.

Un adiós que duele doble

Días antes del Día de las Madres, la familia se preparaba para celebrar. Este año no habrá reunión. Hubo velorio.

Jainer, el hijo que sobrevivió, se enfrentó a lo impensable: despedir a su mamá y a su hermano al mismo tiempo. Frente a los ataúdes dejó un mensaje que resume la magnitud del golpe:

“Aquí estoy dándoles el último adiós con el dolor más grande que he podido sentir en mi vida. No se imaginan cómo estoy. El camino ahora se me ha hecho más largo y voy sin sentido. Eran todo para mí. Mi alma y mi corazón se han ido con ustedes. Los amaré por el resto de mi vida. Madre, hermano, me tienen destrozado. Descansen en paz”.

Una familia partida en dos

La imagen del joven llorando frente a los féretros se volvió el símbolo del crimen. Un hijo que perdió a su núcleo en un solo ataque. Una madre que murió intentando salvar. Un hermano que no tuvo oportunidad de defenderse.

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El caso dejó consternación en Soledad. Y una exigencia que se repite: justicia. Porque detrás de las cifras hay historias que se quiebran para siempre. Y esta se rompió en dos, en el mismo disparo.


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