
“Solo Dios puede castigarme”: madre dejó a sus hijas con discapacidad y desapareció tras pedir un favor
Las dos niñas quedaron en abandono en Montelíbano, Córdoba, luego de que su madre las dejara al cuidado de una adulta mayor con limitaciones de salud y recursos. Un audio de la mujer desató indignación en la comunidad, que exige la intervención urgente de las autoridades.
Las dejó y no volvió. Así, sin pensarlo dos veces. Dos niñas con discapacidad quedaron atrapadas en una casa humilde de Montelíbano, Cordoba, dependiendo de una adulta mayor que apenas puede sostenerse a sí misma. La madre pidió un favor, prometió regresar y desapareció. Lo único que dejó fue un audio: “solo Dios puede castigarme”.
Edurlys Fiero Lara, oriunda de Achí, Bolívar, llegó al barrio Villa Clemencia con sus dos hijas. Dijo que necesitaba salir a hacer unas diligencias relacionadas con una supuesta gestión de vivienda. Pidió que le cuidaran a las niñas por unas horas.
Fue una solicitud común. Una madre buscando ayuda con el compromiso de regresar pronto.
Pero el tiempo pasó. Las horas se hicieron días. Y la mujer nunca volvió.
Un audio que agravó la indignación
Cuando la incertidumbre crecía, apareció un mensaje. No fue una explicación. Fue una frase que cayó como un golpe seco:
“solo Dios puede castigarme”.
Lejos de aclarar lo ocurrido, el audio confirmó lo que la comunidad temía: la decisión de irse fue consciente.
No hubo disculpas. Tampoco intención de regresar.
Dos niñas que dependen de todo
Dentro de la vivienda, la situación es crítica. Maribel Suárez y Mari Shirley requieren atención permanente. Necesitan ayuda para comer, para bañarse, para cumplir con sus rutinas básicas. Su condición exige cuidado especializado.
Hoy, ese cuidado está incompleto.
No hay garantías médicas. No hay acompañamiento institucional. Solo una red improvisada de solidaridad.
Una cuidadora que también necesita ayuda
Las niñas quedaron bajo la responsabilidad de una adulta mayor que aceptó ayudar sin imaginar la dimensión del problema. Su voluntad es firme, pero sus condiciones son limitadas.
Padece diabetes e hipertensión. Su capacidad física es reducida. Sus ingresos son escasos.

Aun así, se mantiene al frente. No las abandona. Hace lo que puede, aunque sabe que no es suficiente.
“Ellas dependen de uno para todo y yo no estoy en condiciones”, dice, con la voz cargada de preocupación.
La comunidad intenta sostener lo insostenible
Vecinos del sector han respondido. Llevan alimentos, vigilan la casa, acompañan a las niñas. Han convertido la solidaridad en un escudo temporal. Pero la ayuda no alcanza.
Esto ya superó a la comunidad. Lo que ocurre dentro de esa vivienda exige intervención estatal.

Un llamado que sigue sin respuesta
Hasta ahora, las autoridades no se han pronunciado. No hay reporte oficial, ni acciones visibles para garantizar la protección de las menores.
Desde Montelíbano, el mensaje es claro: se necesita una respuesta urgente.
Que se verifique la situación. Que se proteja a las niñas. Que se ubique a la madre.
Porque aquí no se trata de una ausencia. Se trata de un abandono que dejó a dos menores expuestas, esperando a alguien que decidió no volver.
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