
Abelardo de la Espriella dice que renunciará a su salario, no hará viajes y tampoco vivirá en la casa de Nariño: “gobernaremos en los departamentos”
El candidato presidencial propone un modelo de gobierno itinerante: sin salario, sin residencia fija en Bogotá y con presencia permanente en los territorios, mientras delega la agenda internacional a su vicepresidente.
Abelardo de la Espriella dice que quiere llegar a la Presidencia sin cobrar un peso, sin dormir en la Casa de Nariño y sin salir del país. Su propuesta rompe con el molde tradicional del poder: gobernar desde las regiones, moverse cada semana por los departamentos y tomar decisiones en terreno, como si el Estado fuera una empresa bajo presión constante.
Según su planteamiento el poder dejaría de concentrarse en Bogotá. De la Espriella propone un gobierno itinerante que se desplaza por los 32 departamentos, instalando puestos de mando unificado (PMU) en cada territorio para atender problemas de forma inmediata.
Según explicó, permanecería una semana en cada región, coordinando con autoridades locales, Policía y Fuerzas Militares. Con esta manera de gobernar asegura logrará decisiones rápidas, ejecución inmediata y presión directa sobre los funcionarios.
“El que no responda, sale”, aseguró.
Su mensaje apunta a una ruptura con la burocracia centralizada. En lugar de despachos, reuniones y trámites en la capital, plantea presencia constante en las zonas donde se originan los problemas.
Renuncia al salario y al protocolo
El candidato asegura que no recibiría sueldo como presidente. Argumenta que su estabilidad económica le permite prescindir del ingreso y enfocarse en gobernar.
“No vine a hacer plata, vine a hacer patria”, afirmó en entrevista.
La propuesta también elimina símbolos del poder tradicional: no residiría en la Casa de Nariño ni mantendría una agenda internacional activa. Su prioridad sería el territorio nacional, mientras delega las relaciones exteriores en su vicepresidente.
Esa decisión busca enviar un mensaje político de menos diplomacia directa del presidente y más gestión interna.
El poder internacional, en manos del vicepresidente
En su modelo, la política exterior quedaría en manos de su fórmula vicepresidencial. Mencionó a José Manuel Restrepo como figura clave para liderar relaciones internacionales, atraer inversión y coordinar con Cancillería.
La comparación que lanzó fue un perfil similar al de figuras fuertes en política exterior, encargado de viajar, negociar y conseguir recursos mientras el presidente se mantiene en el país.
La apuesta redefine el rol presidencial: menos presencia global y más enfoque doméstico.
“No soy político”
Abelardo de la Espriella insiste en marcar distancia de la política tradicional. Se presenta como alguien ajeno a las prácticas del poder público, crítico de las “roscas” y de los gobiernos que, según él, han fallado pese a tener experiencia.
Su discurso mezcla confrontación y apertura. Ataca a figuras tradicionales, cuestiona liderazgos actuales y, al mismo tiempo, menciona posibles nombres para su gabinete, diferenciando entre políticos y “politiqueros”.
En esa lista aparecen perfiles como Paloma Valencia, Sergio Fajardo y Juan Daniel Oviedo, mientras descarta abiertamente a otros actores políticos.
Un modelo que divide
La propuesta deja más preguntas que certezas. Gobernar sin sede fija, delegar la política internacional y aplicar lógica empresarial al Estado plantea un cambio profundo en la forma de ejercer el poder.
Para sus críticos, el modelo podría generar improvisación y debilitar la institucionalidad. Para sus seguidores, representa una ruptura necesaria frente a un sistema que consideran agotado.
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Lo cierto es que la idea ya está sobre la mesa: un presidente en constante movimiento, sin salario, sin oficina permanente y con la promesa de resolver los problemas desde donde ocurren.
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