Le arrancaron la piel después de matarlo y robarlo para que no los capturaran: así cayeron “marroquí” y “forero”


Los señalados fueron detenidos por el crimen de un hombre, ocurrido el 9 de abril en la vereda Tusavita, en Ubaté, donde intentaron ocultar su identidad tras asesinarlo.

Un robo terminó convertido en un acto de extrema crueldad. Johan Arias Espinel fue interceptado y llevado hasta un lote baldío de la vereda Tusavita, en zona rural de Ubaté. Un punto apartado. Poca visibilidad. Allí lo abordaron. Lo redujeron. Lo robaron. Ya lo habían despojado de sus objetos. Espinel pensó que todo había acabado. Pero “marroquí” y “forero” tenían otra cosa en mente. Silenciarlo y borrar toda pista.

Según la investigación, los agresores no solo habrían acabado con su vida. También intentaron impedir que fuera reconocido. Un acto calculado. Lleno de horror y frialdad. De acuerdo con las autoridades, manipularon el cuerpo para dificultar su identificación. Le retiraron parte de la piel del rostro. Buscaban borrar rastros. Ganar tiempo. Desaparecer. Pero no lo lograron.

La escena, pese a todo, habló. Testigos. Movimientos sospechosos y registros en cámaras de seguridad de imágenes que los ubican.

Según fuentes oficiales, se observaría a los hoy capturados en cercanía con la víctima antes del crimen.

La gravedad del crimen activó a la Seccional de Investigación Criminal de Cundinamarca tomara acciones contundentes. Las autoridades avanzaron paso a paso. Hablar con testigos. Cruce de información. Cada dato reforzaba la hipótesis. Los alias comenzaron a repetirse. “Marroquí”. “Forero”. Nombres que tomaron fuerza en el expediente.

Las capturas se realizaron en las últimas horas mediante orden judicial. Los procedimientos se llevaron a cabo en sectores del mismo municipio de Ubaté y zonas aledañas, donde los señalados se movilizaban con normalidad. Sin levantar sospechas. Hasta ese momento.

Durante los operativos, fue inmovilizado un vehículo y se incautaron dos teléfonos celulares. Elementos claves que ahora son analizados por peritos. La Fiscalía imputó a ambos el delito de homicidio. En audiencias concentradas, un juez de control de garantías decidió enviarlos a un centro carcelario mientras avanza el proceso penal. Quedaron tras las rejas. El caso sigue en desarrollo. No se descartan nuevos hallazgos. Ni posibles vínculos adicionales. Lo cierto es que el intento de ocultar la brutalidad no fue suficiente. La violencia dejó rastros. Y esos rastros condujeron a los responsables.

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Por un robo. Por arrebatar objetos. Se desató una cadena de hechos marcada por la sevicia. Un ataque. Un intento fallido de desaparecer la verdad.


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