
Reparaba armas… y con una de ellas lo mataron: cinco tiros dentro de su propia casa en Bonda
El hombre fue asesinado en su vivienda en la vereda Mazinga, zona rural de Santa Marta. Era conocido por reparar armas y su muerte apunta a un posible ajuste ligado a ese mismo oficio.
La puerta quedó abierta y el cuerpo tendido en el suelo. Síntana Peláez Lozada recibió cinco disparos dentro de su propia casa, en el mismo lugar donde arreglaba armas. Murió ahí, sin opción de defensa, con una escena que parece cerrarse sobre sí misma: lo mataron con el mismo tipo de herramienta con la que se ganaba la vida.
El crimen ocurrió en la vereda Mazinga, en el corregimiento de Bonda, y se suma a una jornada violenta que dejó cuatro muertos durante el sábado en Santa Marta.
El oficio que lo marcó
Síntana no era un hombre cualquiera en ese sector. Tenía un conocimiento específico y peligroso: se dedicaba a reparar armas de corto y largo alcance.
Quienes lo conocían aseguran que era buscado para hacer mantenimiento, ajustar mecanismos y dejar operativas armas de fuego de todo tipo. Ese oficio, que lo conectaba directamente con circuitos ilegales, también lo puso en la mira.
Había estado privado de la libertad. Su nombre ya circulaba en entornos donde las armas no son solo herramientas, sino poder.
Lo mataron donde atendía
El ataque ocurrió dentro de su vivienda, el mismo espacio donde recibía a quienes llegaban con armas para reparar.
Según versiones preliminares, un hombre ingresó hasta el lugar y le disparó en repetidas ocasiones. Cinco impactos terminaron con su vida de manera inmediata.
El agresor huyó sin dejar rastro. La casa quedó abierta. Minutos después, otra persona ingresó y encontró el cuerpo tendido, rodeado de sangre. Fue quien alertó a las autoridades.
Sin hipótesis oficiales, pero con señales claras
La Policía Judicial y unidades de criminalística realizaron la inspección técnica del cuerpo y recolectaron evidencias en la escena.
Hasta ahora, no hay una hipótesis oficial confirmada. Sin embargo, el contexto apunta hacia una posible retaliación vinculada a su actividad con armas y a estructuras ilegales organizadas.
El silencio institucional contrasta con lo que se comenta en el territorio: no fue un hecho aleatorio.
Una ciudad en alerta
El asesinato de Síntana Peláez Lozada se registró el sábado 18 de abril, una jornada que terminó con cuatro homicidios en Santa Marta.
La seguidilla de crímenes encendió las alarmas entre los habitantes, especialmente en zonas rurales como Bonda, donde el control territorial y las economías ilegales siguen marcando la dinámica de violencia.
Las autoridades reiteraron el llamado a la ciudadanía para entregar información que permita identificar al responsable.
Mientras tanto, el caso deja una imagen difícil de ignorar: un hombre que vivía de las armas, asesinado a tiros en su propio taller improvisado, en una escena que parece escrita por el mismo riesgo que lo rodeaba.
PAUTE
AQUÍ
420 px x 450 px
INFO AQUÍ
