
Paro armado que autoridades calificaron como falso dejó más
de $35 mil millones en pérdidas en La Guajira
Un video falso atribuido a alias Naín paralizó el comercio, cerró localidades enteras y dejó pérdidas millonarias. Aunque el paro armado
dijeron nunca fue real, sus consecuencias sí lo fueron.
La Guajira no necesitó disparos ni amenazas en persona para paralizarse. Bastó un video que recorrió redes sociales y grupos de mensajería. En cuestión de horas, Riohacha bajó sus rejas. Los comercios cerraron, las calles se vaciaron y el transporte se redujo al mínimo. La gente decidió no salir. El miedo se impuso antes que cualquier verificación.
El supuesto anuncio de un paro armado, atribuido a Nain Pérez Toncel, jefe de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada, fue suficiente para detener la dinámica económica de todo un departamento.
Aunque días después las autoridades dijeron que el video era falso y creado con inteligencia artificial, el daño ya estaba hecho.
El costo del miedo: pérdidas que superan los $35.000 millones
El impacto económico fue inmediato y contundente.
De acuerdo con estimaciones del sector comercial, las pérdidas superaron los 35.000 millones de pesos, producto del cierre masivo de establecimientos durante los días en los que se creyó que el paro estaba en curso.
La afectación golpeó con más fuerza a pequeños comerciantes que dependen del ingreso diario. Tiendas de barrio, restaurantes, negocios informales y servicios de transporte dejaron de operar por completo. Cada jornada sin abrir representó ingresos que no se recuperan en una economía marcada por la informalidad y la subsistencia.
Aquí no hubo saqueos ni destrucción visible. Lo que ocurrió fue más profundo: la economía se detuvo por decisión colectiva ante el temor.
El efecto dominó sobre la actividad productiva
El impacto se extendió más allá del comercio.
Las clases fueron suspendidas en colegios y en la Universidad de La Guajira. El transporte intermunicipal redujo su operación y múltiples empresas optaron por frenar actividades ante la incertidumbre.
El paro inexistente generó una desaceleración total de la vida productiva. La cotidianidad se interrumpió y con ella el flujo económico que sostiene a miles de familias.
Este episodio evidenció la fragilidad de un territorio donde el miedo, construido históricamente por la violencia, sigue siendo un factor determinante en el comportamiento social.
El Estado respondió a una amenaza que no era real
Mientras la ciudadanía se resguardaba, las autoridades desplegaron un amplio dispositivo de seguridad.
El Ejército y la Policía salieron a patrullar, reforzaron la presencia institucional y acompañaron a la población. La reacción fue inmediata, pero también reveladora: el Estado actuó como si el paro fuera real, priorizando la prevención ante cualquier riesgo.
Esto implicó movilización de recursos, logística operativa y activación de planes de contingencia, todo en respuesta a un mensaje cuya autenticidad aún estaba en verificación.
La desinformación como herramienta de impacto económico
El caso dejó en evidencia una nueva forma de afectación: la desinformación como mecanismo de control.
El video, posteriormente señalado como un montaje elaborado con inteligencia artificial, logró generar un efecto que históricamente requería presencia armada. Detuvo el comercio, confinó a la población y alteró el orden económico sin necesidad de ejecutar acciones violentas en el territorio.
Las autoridades han planteado que el contenido pudo haber sido difundido por estructuras criminales rivales con el objetivo de desestabilizar el control territorial de las ACSN, lo que introduce un elemento adicional de riesgo en medio de las disputas ilegales.
En este escenario, la economía termina siendo una víctima directa de estrategias que combinan tecnología, miedo y desinformación.
Un golpe a la confianza del comercio
Más allá de las pérdidas económicas, el impacto más profundo se refleja en la confianza.
El comercio en La Guajira depende de la estabilidad diaria, de la certeza de que se puede abrir un negocio sin amenazas. Ese equilibrio se quebró en cuestión de horas.

Hoy, cualquier mensaje similar podría generar una reacción igual. La capacidad de respuesta institucional queda en desventaja frente a la velocidad con la que circula la desinformación.
El resultado es un entorno más incierto, donde el rumor tiene la capacidad de frenar la economía antes que la realidad.
El paro que sí ocurrió
No hubo panfleto de confirmación. No hubo estructura operativa ejecutando órdenes. No hubo acciones armadas que respaldaran el anuncio.
Pero sí hubo comercios cerrados, pérdidas millonarias, suspensión de clases y calles vacías.
La Guajira vivió un paro armado sin armas.
Ese es el precedente más preocupante: que el miedo, amplificado por la tecnología, sea suficiente para detener la economía sin necesidad de ejercer violencia directa.
El paro dicen nunca existió, pero sus consecuencias, esas sí, quedaron marcadas en la economía de todo un departamento.
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