Hombres armados lo pararon en un retén, le revisaron el teléfono y se lo llevaron por unos mensajes que le encontraron


Un menor de 16 años fue retenido por un grupo armado en zona rural de Tibú, Norte de Santander, y su familia exige su liberación sin que exista información clara sobre su paradero.

Lo bajaron de la moto y el silencio empezó a crecer. Siete días después, un joven estudiante sigue en poder de un grupo armado y su familia vive atrapada en una espera sin respuestas.

El 7 de abril, en el kilómetro 25 de la vía que atraviesa el corregimiento de La Gabarra, en Tibú, hombres armados, presuntamente pertenecientes al ELN, instalaron un control ilegal que terminó por cambiar el rumbo de una familia. Allí fue retenido Yormai Sebastián Contreras Castillo, un adolescente de 16 años que regresaba a Cúcuta tras visitar a sus seres queridos durante la Semana Santa. Iba acompañado de su hermano mayor. Ese trayecto fue interrumpido.

Según el relato de su madre, Blanca Castillo, los hombres detuvieron la motocicleta, lo obligaron a descender y revisaron su celular. No está claro qué encontraron. No se sabe si algún mensaje influyó en la decisión. Tampoco hubo explicaciones. Después de esa revisión, se lo llevaron. Al hermano le dieron una instrucción: avisar a sus padres. Dijeron que si acudían, lo entregarían. Nada de eso ocurrió.

Lo retuvieron y le dijeron al hermano que vinieran los papás y lo entregaban. De ahí, no hemos sabido nada de él”, cuenta la mujer, con la voz quebrada por la espera.

Desde entonces, permanece cerca del lugar donde fue visto por última vez. No se mueve. No se rinde. Solo espera.

Los días han pasado sin respuestas. Sin certezas.

La familia ha intentado acercamientos en la zona, pero la única versión que reciben es que el menor “está bajo investigación”. No hay fechas. No hay garantías. Solo una espera que se estira.

Nos dicen que nos vayamos para la casa y esperemos, que pueden ser 15 días, un mes, seis meses…”, relata la madre, atrapada en la incertidumbre.

La angustia también la comparte su tía, Carmen García, lideresa del Catatumbo, quien ha acompañado la búsqueda. La falta de información agrava todo. “No sabemos si está por aquí, o en la frontera, o afuera. No tenemos idea”, afirma, evidenciando el vacío que rodea el caso.

Yormai no es un nombre más. Es un estudiante de octavo grado. Un joven, según su familia, tranquilo, sin problemas y enfocado en sus estudios.

Su madre había quiso evitar la desgracia que hoy la aqueja. Habia decidido llevarlo a Cúcuta para alejarlo del contexto de violencia en el Catatumbo. Quería protegerlo. Mantenerlo fuera de riesgo. Pero el regreso temporal a su tierra terminó volviendo realidad su temor.

“Me lo había llevado a la ciudad viendo todo lo que estaba pasando en el territorio”

Una espera que carcome a una madre, a una familia entera.

Hay días en los que no tengo fuerzas para nada. Solo quiero volverlo a ver. Es lo único que me motiva”, confiesa Blanca Castillo. El tiempo se volvió espera. La familia acudió al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en busca de apoyo. La entidad ha brindado acompañamiento psicosocial y ha difundido la imagen del menor para exigir su liberación, pero hasta ahora no hay información concreta sobre su situación.

Según el defensor del Pueblo regional, Pepe Ruíz, el caso sigue bajo observación. Se ha indicado que el grupo armado estaría adelantando un proceso interno para definir qué ocurrirá con el adolescente. Un “juicio”. Sin fecha. Sin certezas. Sin garantías. Mientras tanto Yormain sigue alejado de sus suyos.

Sus familiares han decidido alzar la voz mediante plantones y llamados públicos. Insisten. Exigen. No se detienen. Quieren que regrese.

El Catatumbo sigue siendo un territorio donde la guerra se cruza con la vida de los jóvenes. Donde un retén puede marcar un antes y un después. Donde las respuestas no llegan.

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El golpe es mas duro. Según se conoció en uno de sus últimos mensajes en redes sociales, el adolescente había publicado un video junto a su madre.

“Te prometo que cuando logre salir adelante, te daré todo a manos llenas porque te mereces eso y mucho más”.

Hoy, esa promesa permanece en pausa, sostenida por la esperanza de una familia que no deja de buscarlo.


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