
Fueron a matar a comerciante, pero los recibió a tiros y con chaleco antibalas: seis heridos, entre ellos un niño
Un intento de sicariato en el norte de Bogotá terminó en un violento intercambio de disparos que dejó seis personas heridas, entre ellas un niño, un sicario capturado y el propio objetivo del ataque, quien respondió armado y con chaleco antibalas.
No caminaba tranquilo. Vivía esperando el disparo.
Yahir Ruiz Díaz, de 29 años, no bajaba de su camioneta blindada como cualquier comerciante. Bajaba preparado para sobrevivir. Chaleco antibalas bajo la ropa. Arma lista. Mirada alerta. Como quien sabe que la muerte ya tiene su nombre.
Esa tarde, en el barrio Barrancas, en Usaquén, el destino le llegó puntual. Tres hombres lo estaban esperando.
El ataque que no salió como estaba escrito
No hubo advertencia. Solo movimiento preciso.
Uno de los sicarios se le pegó por la espalda. Los otros dos cerraron el cerco. Era un libreto ensayado: acercarse, disparar y desaparecer.
Pero el blanco no era fácil.
Ruiz Díaz no corrió. No dudó. No se entregó. Sacó su arma y respondió.
La calle se convirtió en campo de guerra
Lo que iba a ser una ejecución rápida se transformó en una escena de combate.
Disparos secos, repetidos, sin pausa.
Las balas cruzaron la calle como si no existiera la vida alrededor. Peatones corrieron. Familias se tiraron al suelo. Un niño de ocho años quedó atrapado en medio del fuego.
El comerciante disparaba para vivir.
Los sicarios, para cumplir y la ciudad, otra vez, pagando el precio.
El sicario que cayó y los otros que huyeron
El plan se rompió en segundos. Uno de los atacantes quedó tendido, herido por los disparos de su propia víctima. Los otros dos, al ver que la cacería se había invertido, huyeron sin terminar el trabajo.
Ya no eran cazadores. Eran fugitivos.
La Policía llegó minutos después. El sicario herido fue capturado bajo custodia médica. El resto desapareció entre calles y caos.
Seis cuerpos marcados por la misma escena
Cuando el ruido se apagó, quedó la verdad. Seis personas heridas. Un niño alcanzado por el miedo y las balas. Tres civiles que no tenían nada que ver.
El comerciante, herido pero vivo.
Y el sicario, derrotado por quien debía morir.
Un hombre que vivía blindado
No era casualidad. Ruiz Díaz se movía en camioneta blindada. Usaba chaleco antibalas. Vivía anticipando el ataque. Como si cada día fuera el último.
Y ese chaleco, esa decisión de vivir alerta, fue lo que lo mantuvo de pie.
Ese día, la bala no encontró carne. Encontró preparación.
Las sombras detrás del atentado
Las autoridades ya tienen una hipótesis: sicariato.
Un ajuste pendiente. Una cuenta abierta.
Pero la historia no es limpia.
El comerciante figura como propietario de Carnes Frigomontreal y registra antecedentes por lesiones personales y violencia intrafamiliar. Además, un antiguo trabajador suyo paga condena por homicidio.
Demasiadas piezas sueltas. Demasiados motivos posibles.
Una ciudad en medio del fuego
La investigación sigue. Videos, testimonios, rastros.
Los dos sicarios que huyeron siguen libres. Y en medio de todo, una certeza incómoda: El hombre que iba a morir estaba listo para matar.
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