
Dijo que no iría, pero fue y terminó muerto: mensajes antes de la muerte del barrista del Junior
Chats conocidos tras el crimen de Gabriel Alfredo Acosta Navas, barrista del Junior asesinado en Cartagena. Temía por su vida antes de viajar.Lo presentía. Lo escribió. Y aun así fue. La muerte lo estaba esperando.
Con el paso de las horas, el caso de Gabriel Alfredo Acosta Navas ha comenzado a leerse de otra manera. Ya no es solo la historia de un homicidio en medio de disturbios. Ahora, las conversaciones que dejó antes de viajar dibujan un contexto distinto: el de alguien que intuía el riesgo y aun así terminó en el lugar donde todo ocurrió.
“No voy a dar el blanco”
En esos mensajes no hay dramatismo exagerado, pero sí señales claras. Gabriel dudaba, analizaba, medía el entorno. En un momento escribe, “No voy a dar el blanco”, como si entendiera que podía convertirse en objetivo. No hablaba desde la certeza, pero sí desde una intuición persistente de que algo no estaba bien.
Esa percepción se mezcla con otro elemento que hoy pesa. Quería protegerse para los suyos.
“Yo tengo mi vieja, mi mujer, mi familia herma”, deja ver en la conversación, mostrando que el riesgo no era solo una idea lejana. Aun así, el viaje no se detuvo.
Antes del partido Gabriel lo tenía claro. No iba a ir. Sabía que era un riesgo.
“Dios no quiera me lleguen a partir a mi por allá, y la barra ni para socorrerlo a uno”. No es solo miedo, es desconfianza frente a lo que podía ocurrir en medio de un escenario violento como el que ya se anticipaba tras el partido.
Y, sin embargo, Gabriel fue. Había dicho que no iría, pero terminó subiendo al bus. Ese cambio de decisión es hoy uno de los puntos más sensibles del caso.
Horas después, su miedo se hizo realidad.
Tras el partido entre Junior y Palmeiras, la violencia se desbordó en Cartagena. En medio de disturbios que dejaron varios heridos y escenas caóticas registradas en video, Gabriel descendió de un bus en el sector de Los Ejecutivos, cerca del estadio Jaime Morón León. Fue en ese instante cuando varios hombres lo interceptaron. Lo rodearon y lo atacaron con arma blanca. La agresión fue directa, sin margen de escape.
Murió poco después en un centro asistencial.
Las circunstancias en las que ocurrió el ataque abren otra línea de preguntas. Versiones indican que lo estaban esperando. No fue un cruce accidental en medio del desorden. El momento exacto en que bajó del vehículo y la forma en que fue abordado, la violencia desmedida, hacen pensar que alguien conocía sus movimientos.
Mientras tanto, las imágenes que circulan de esa noche muestran una ciudad tomada por el caos: enfrentamientos, corridas y miedo colectivo tras un evento deportivo que terminó desbordado por la violencia.
Hoy, entre lo que se ve en los videos y lo que quedó escrito en los mensajes, el caso adquiere otra dimensión. No es solo lo que pasó, sino lo que, al parecer, ya se temía que podía pasar.
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Las autoridades avanzan en las investigaciones. Pero las preguntas siguen abiertas. Advertencias que no frenaron el viaje y que, vistas en retrospectiva, parecen haber anticipado el desenlace.
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