
Por una cadena están matando: la ola de robos que ya deja dos muertos y un herido en Valledupar
Tres ataques en menos de un mes, dos víctimas mortales y un patrón claro: delincuentes que siguen, interceptan y disparan para robar cadenas de oro. La ciudad enfrenta una modalidad violenta que convierte un accesorio en sentencia de muerte.
En Valledupar ya no se trata de un hurto cualquiera. Es una cacería. Portar una cadena de oro dejó de ser un símbolo de estilo para convertirse en un riesgo directo. En menos de treinta días, tres personas fueron atacadas bajo la misma modalidad. Dos murieron.
El más reciente caso ocurrió la noche del 8 de abril en el barrio La Granja, cerca del colegio Prudencia Daza. Deivis José Estrada, conocido como ‘El Mono’, fue interceptado en la vía pública. Lo estaban esperando.
Según testigos, el atacante descendió de un taxi una cuadra antes, caminó hasta ubicarlo y lo enfrentó. Estrada alcanzó a intentar reaccionar y sacar un arma, pero el agresor disparó primero. Varias detonaciones lo dejaron tendido en el lugar. El homicida huyó en una motocicleta que lo esperaba a pocos metros.
El objetivo estaba definido desde el inicio: una cadena de oro.
El patrón: seguir, interceptar y disparar
La secuencia se repite con precisión.El 25 de marzo, en el barrio Don Carmelo, fue asesinado el prestamista Aldair Mendoza. Llegaba a su vivienda cuando hombres armados lo interceptaron. Se resistió al robo de su cadena. La respuesta fue inmediata: disparos a quemarropa.
Murió frente a su casa.
La escena se repite en tiempo, forma y propósito. Las víctimas son ubicadas previamente, seguidas y atacadas en puntos donde quedan expuestas. El robo se ejecuta con violencia y, si hay resistencia, el desenlace es fatal.
El que sobrevivió: “me venían siguiendo”
Sebastián Buelvas logró vivir para contar lo que otros no pudieron.
El ataque ocurrió cuando llegaba a su residencia. Tres hombres lo rodearon. Le ordenaron bajar la mirada y entregar todo. El primer objeto exigido fue la cadena. Luego el dinero y el celular.
“No me miren, entregue todo”, le dijeron.
Buelvas asegura que no fue un hecho improvisado. Lo venían siguiendo.
“Como víctima me siento frustrado y desprotegido”, afirmó, describiendo un atraco ejecutado con planificación y ventaja total por parte de los delincuentes.
Una ciudad en alerta por una modalidad que se repite
Tres hechos, un mismo objetivo, un mismo resultado: violencia directa para despojar una cadena de oro.
La coincidencia ya dejó de ser casualidad. Se trata de una modalidad que crece y se perfecciona. Los delincuentes eligen, siguen y atacan. No improvisan. Ejecutan.
En las calles de Valledupar el ambiente es de zozobra. La sensación de inseguridad se profundiza y se instala una idea que pesa cada vez más: portar una cadena ya no es un lujo, es exponerse.
Mientras aumentan los casos, también crece la presión sobre las autoridades. La ciudadanía exige acciones concretas frente a una modalidad que se repite y escala en violencia.
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Hoy, en Valledupar, la línea entre un robo y un homicidio se volvió demasiado delgada.
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