Las dos historias que enlutan al Magdalena tras tragedia del Avión Hércules que deja 66 muertos


La familia de un soldado en Aracataca confirmó que era la segunda víctima del departamento en el accidente militar en Putumayo. Horas después, en Zona Bananera, otra familia pasó de la esperanza al luto con una llamada que cambió todo.

La espera terminó como nadie en Aracataca quería que terminara.

Después de horas de incertidumbre, la familia de Urbano Junior Pertuz Martínez recibió la confirmación: no sobrevivió.

Su nombre quedó entre las víctimas del accidente del avión Hércules ocurrido en zona rural de Puerto Leguízamo, Putumayo, una tragedia militar que, hasta el momento, deja 66 muertos y decenas de heridos.

Con esa noticia, el municipio no solo entró en duelo, sino que confirmó que se trataba de la segunda víctima del Magdalena en este siniestro.

Minutos antes del despegue, Urbano Junior había hecho una videollamada con su esposa. Le dijo que todo estaba bien, que ya estaba en el avión y que pronto regresaría, porque después vendría un descanso.

Fue una despedida normal. Sin sospechas. Sin miedo. Después vino el silencio.

La incertidumbre creció con el paso de las horas, mientras las familias en diferentes regiones del país esperaban listas oficiales, llamadas, cualquier dato que les diera una señal.

En Aracataca, la esperanza se sostuvo hasta el último momento. Pero la confirmación llegó. Y fue definitiva.

Urbano Junior no estaba entre los sobrevivientes.

66 muertos y decenas de familias en vilo

El accidente del Hércules convirtió un traslado militar en una de las tragedias más graves recientes para la Fuerza Pública en Colombia.

La aeronave, que transportaba a más de un centenar de uniformados, se estrelló y posteriormente explotó en tierra, dejando un saldo devastador.

Las cifras aún están en verificación oficial, pero hasta ahora se habla de 66 muertos, además de heridos que fueron evacuados de urgencia a centros asistenciales en Putumayo.

En medio del caos, la información llegó fragmentada.

En muchos casos, como el de Aracataca y Zona Bananera, las familias recibieron versiones contradictorias, alimentando esperanzas que terminaron rompiéndose horas después.

Río Frío: la esperanza que duró unas horasMientras en Aracataca se confirmaba la tragedia, en el corregimiento de Río Frío, en Zona Bananera, otra familia vivía un drama distinto, pero igual de cruel.

La familia de Carlos Elías De la Cruz Gutiérrez ya sabía del accidente. La angustia era total.

Hasta que llegó una llamada que lo cambió todo. Carlos estaba vivo.

Había sido rescatado y trasladado a un centro asistencial en Puerto Leguízamo. La noticia corrió rápido entre los familiares. Hubo alivio. Hubo llanto, pero de esperanza.

Se aferraron a esa versión como a una última oportunidad.

Pero horas después, el teléfono volvió a sonar.

La nueva comunicación no dejó espacio para dudas. Carlos no resistió.

Las heridas que sufrió tras el impacto del avión fueron demasiado graves. Aunque llegó con vida a la clínica, su cuerpo no soportó las secuelas del siniestro.

La escena en la vivienda fue inmediata: llanto, gritos, vecinos llegando a abrazar a una familia que no entendía cómo todo había cambiado en tan poco tiempo.

“Estamos muy tristes por la pérdida de Carlos Elías, 23 añitos que se fue a la Policía con el sueño de salir adelante, hoy dejando a su familia sola. Su esposa, su hija de pocos meses. Le faltaban pocos días para salir de permiso”, relató Breiner Andrade, familiar de la víctima.

Ese detalle —los días que faltaban para volver a casa— terminó de romper a quienes lo esperaban.

Dos historias, un mismo desenlace

En Aracataca y en Río Frío, el dolor se instaló con la misma fuerza. Dos jóvenes del Magdalena. Dos historias distintas. Un mismo final.

Uno alcanzó a despedirse por videollamada antes del despegue. El otro fue reportado como sobreviviente antes de morir en una clínica.

Ambos salieron a cumplir su servicio. Ninguno regresó.

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Hoy, sus nombres se suman a la lista de víctimas de una tragedia que no solo deja cifras, sino historias incompletas.


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