Petro llama “chatarra” al avión siniestrado y Duque le responde: “deje de hacer política con la tragedia”


La caída del avión Hércules en Putumayo no solo abrió una investigación técnica, sino una confrontación política de alto calibre entre el presidente Gustavo Petro y el expresidente Iván Duque por la compra de la aeronave y la responsabilidad en la tragedia.

El dolor por los muertos aún no termina de asentarse y ya el país está en medio de una pelea política. La tragedia aérea en Puerto Leguízamo, Putumayo, que dejó 66 víctimas fatales y decenas de heridos, desató un enfrentamiento directo entre el presidente Gustavo Petro y el expresidente Iván Duque, con acusaciones que van desde la compra de “chatarra” hasta el uso político del luto.

En medio de los operativos de rescate, la indignación del jefe de Estado escaló rápido hacia una crítica a decisiones del pasado. La respuesta no tardó. Y lo que empezó como un pronunciamiento sobre seguridad aérea terminó convertido en un cruce de señalamientos personales y políticos.

Petro: “Compraron una chatarra y se cayó”

El presidente Gustavo Petro puso su crítica en el origen del avión siniestrado. Señaló directamente la antigüedad de la aeronave y cuestionó la decisión de incorporarla a la flota militar.

El avión, identificado como FAC-1016, era un Hércules C-130H fabricado en 1983, con más de 40 años de operación antes de llegar a Colombia en 2020, durante el gobierno de Iván Duque. Aunque había recibido mantenimiento mayor en 2023, Petro considera que eso no compensa su vida útil.

“Compraron una chatarra y se cayó”, escribió el mandatario, vinculando de forma directa la tragedia con la adquisición de equipos militares envejecidos.

Pero no se quedó ahí. Su mensaje fue más allá de lo técnico y se metió de lleno en lo político. Cuestionó la forma en que se invierten los recursos en defensa y lanzó una crítica a gobiernos anteriores por priorizar, según él, gastos innecesarios mientras se descuida la seguridad de los soldados.

Para Petro, el problema no es solo este accidente. Es estructural. Habló de una flota que depende de aeronaves viejas y advirtió que la vida de los militares no puede seguir expuesta a ese riesgo.

También planteó una reflexión de fondo: la guerra, dijo, termina siendo un negocio donde quienes mueren son jóvenes del pueblo, mientras las decisiones sobre equipos y presupuesto se toman lejos del campo de operaciones.

El contexto técnico: un avión antiguo, pero operativo

El debate no ocurre en el vacío. Los aviones Hércules C-130 siguen siendo utilizados por varias fuerzas aéreas en el mundo, incluso con décadas de servicio. La clave está en el mantenimiento, la modernización y los protocolos de operación.

Colombia cuenta con una flota de 12 aeronaves de este tipo. En países como Estados Unidos, estas aeronaves han sido actualizadas con tecnología más reciente, lo que prolonga su vida útil bajo estándares estrictos.

En este caso, las primeras hipótesis apuntan a una posible falla de potencia que habría provocado la pérdida de control antes del impacto. Sin embargo, la investigación oficial aún no concluye y será determinante para establecer responsabilidades reales.

Mientras tanto, el despliegue de rescate incluyó múltiples aeronaves, entre ellas un King Air medicalizado, otro C-130 adaptado para evacuaciones, un C-295 y helicópteros UH-60. La reacción fue rápida, pero el cuestionamiento de fondo sigue siendo otro: si el accidente pudo evitarse.

Duque responde: “Deje de hacer política con la tragedia”

La reacción del expresidente Iván Duque fue inmediata. Rechazó los señalamientos y defendió su gestión en materia de defensa.

“Gustavo, ya le queda poco para que se despierte de su sueño de ‘emperador’ cósmico”, escribió, en un mensaje que elevó el tono del debate y lo llevó al terreno personal.

Duque insistió en que las decisiones sobre la Fuerza Aérea no pueden simplificarse en una acusación política. Recordó que varios de los actuales mandos militares hicieron parte de su gobierno, incluyendo al actual comandante de la Fuerza Aérea, el general Carlos Silva.

También pidió que se investiguen las verdaderas causas del accidente, mencionando variables técnicas como el peso del avión al despegar y las condiciones de la pista.

Pero su mensaje más fuerte fue otro: acusó al presidente de utilizar la tragedia con fines políticos.

“Deje de ser tan ruin y falto de inteligencia, y de hacer política con tragedias”, afirmó.

El cierre fue aún más polémico, con una frase que desató reacciones por su tono directo contra el jefe de Estado.

Una tragedia que se volvió disputa política

El accidente del Hércules dejó una herida profunda en las Fuerzas Militares y en decenas de familias. Pero también abrió una discusión que va más allá del siniestro.

La edad de los equipos, la inversión en defensa, la transparencia en las compras militares y la seguridad de los soldados están ahora en el centro del debate nacional.

Lo que aún no se sabe —y será clave— es si la tragedia fue consecuencia de una falla técnica inevitable o de decisiones que pudieron haberse tomado de otra manera.

Mientras las investigaciones avanzan, el país presencia algo más que un duelo institucional: una confrontación política en la que la responsabilidad, la indignación y el dolor se mezclan sin filtro.

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Y en medio de ese cruce, hay una realidad que no cambia: 66 vidas se perdieron, y sus familias siguen esperando respuestas que vayan más allá de la pelea.


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