
Balacera en plena fiesta: mototaxista fue a divertirse y terminó asesinado a tiros en estadero de Alfonso López
El hombre de 35 años, fue atacado a bala mientras compartía con amigos en el estadero La 11. Dos hombres en moto irrumpieron disparando contra su mesa. Murió en el lugar. Su familia llegó minutos después y encontró el cuerpo en medio del caos.
La madrugada se partió a tiros. Lo que era música, tragos y risas terminó convertido en una escena de terror. Una balacera irrumpió sin aviso en el estadero La 11, en el barrio Alfonso López, y dejó un muerto tendido en la terraza: Carlos Andrés De Arma Borja, un mototaxista de 35 años que había salido a distraerse y terminó ejecutado frente a todos.
El ataque fue directo y brutal. Dos hombres en motocicleta llegaron hasta el lugar y, sin mediar palabra, abrieron fuego contra una de las mesas donde varias personas departían. Allí estaba Carlos, desprevenido, confiado, en medio de la fiesta.
Los disparos lo alcanzaron por la espalda. No tuvo oportunidad de defenderse ni de escapar. Las balas lo derribaron en segundos, mientras a su alrededor el caos se desataba con gritos, carreras y gente buscando refugio.
El estadero quedó paralizado por el pánico. La música se apagó entre detonaciones y el ambiente festivo se convirtió en miedo puro. Quienes estaban cerca corrieron como pudieron. Otros se tiraron al suelo.
Nadie entendía qué pasaba, pero todos sabían que alguien había sido alcanzado. Era Carlos. Quedó tendido, sin reacción, en el mismo lugar donde minutos antes reía, brindaba y compartía.
Carlos Andrés vivía en el sector 7 de Agosto y trabajaba como mototaxista. Era de los que se levantan temprano a buscar el sustento diario, de los que hacen carreras para llevar comida a la casa. Esa noche no estaba trabajando. Estaba celebrando la vida, siendo el mismo hombre alegre que, según quienes lo conocían, siempre encontraba una razón para bromear y pasarla bien. Pero la violencia le cayó encima sin advertencia y lo sacó de esa mesa para no dejarlo volver jamás.
La escena se volvió más dolorosa cuando su familia llegó al lugar. Se encontraron con lo peor: su cuerpo en el suelo, rodeado de miradas, de sillas corridas y del rastro de una noche que terminó en tragedia. Los gritos de dolor rompieron el ambiente. Hubo llanto, desesperación, incredulidad. Nadie podía aceptar que todo había terminado así, en cuestión de segundos, en medio de una balacera que lo convirtió en víctima.
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Minutos después, unidades del CTI realizaron la inspección técnica y el levantamiento del cuerpo, que fue trasladado a Medicina Legal en Santa Marta. Mientras tanto, en Alfonso López quedó el miedo sembrado. Otra noche que termina con disparos. Otra vida que se apaga en una mesa de fiesta. Otro trabajador que salió a distraerse y regresó sin vida, envuelto en la violencia.
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