Fugados de La Norte: varios son sicarios señalados de cometer múltiples asesinatos


Entre los prófugos hay sicarios vinculados a estructuras armadas, atracadores de bancos y violadores. Las autoridades atribuyen la fuga a una “confusión interna”, mientras la ciudad enfrenta el riesgo de tener en las calles a delincuentes con múltiples homicidios. Cuatro ya regresaron por cuenta propia.

La fuga de 34 reclusos del Centro Transitorio La Norte no solo dejó en evidencia el colapso del sistema de detención en Santa Marta, sino algo más grave: entre los que se escaparon había hombres señalados de matar, extorsionar y operar para estructuras criminales.

No eran detenidos menores. Eran perfiles de alto riesgo concentrados en un lugar que nunca debió tenerlos.

Horas después del motín, la Policía Metropolitana reveló el cartel de los fugados. Lo que apareció allí fue una radiografía cruda: sicarios con múltiples homicidios, integrantes de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra y del Clan del Golfo, atracadores de bancos, reincidentes y hombres procesados por delitos sexuales.

Uno de los nombres que encabeza la lista es el de Julio Martínez Ariano, alias ‘Ñau’, señalado como sicario de las ACSN y vinculado a por lo menos cinco asesinatos. Fue capturado en 2025, pero terminó recluido en un centro transitorio que hoy quedó expuesto como un punto vulnerable.

También figura Jefferson Hernández Sangronis, presunto sicario del Clan del Golfo, a quien le atribuyen al menos tres homicidios en Santa Marta. A ellos se suman nombres como Reynel Llinaz, investigado por el asesinato de una mujer, y Jean Carlos Torres Avendaño, señalado de ejecutar un crimen en plena Troncal del Caribe.

No solo eran asesinos. Entre los fugados hay hombres acusados de asaltos a camiones de valores en varias ciudades de la región Caribe, como Jeiner Álvarez Calderón, y otros con historiales de hurto agravado, porte ilegal de armas y concierto para delinquir.

El listado también incluye perfiles que elevan aún más la alarma: procesados por acceso carnal violento, reincidentes con múltiples ingresos al sistema y delincuentes que, según las autoridades, llevaban años entrando y saliendo sin que el sistema lograra contenerlos.

Una “confusión” que desató el caos

El secretario de Seguridad, Carlos Eduardo Bernal Cruz, aseguró que el origen del motín no fue un intento de traslado, como se dijo en un principio, sino una confusión interna.

Según su versión, lo que estaba programado era una actividad de atención en salud. En algún punto, la información se distorsionó y los internos creyeron que serían trasladados sin el ser informados donde, lo que generó la reacción violenta.

Esa explicación, deja claro que hubo una mala comunicación en el lugar que terminó detonando una fuga masiva de criminales peligrosos en pleno centro de la ciudad.

La escena fue caótica. Reclusos fuera de control, enfrentamientos con la Policía, comercio paralizado y un sector obligado a encerrarse porque un grupo de detenidos se tomó las calles.

Volvieron… pero el riesgo sigue

En medio del escándalo, las autoridades confirmaron que cuatro de los fugados regresaron voluntariamente. Algunos lo hicieron acompañados de abogados, pidiendo garantías y denunciando condiciones indignas dentro del centro.

Pero el dato no tranquiliza. La mayoría sigue libre.

La Policía ofrece hasta cinco millones de pesos por información que permita recapturarlos. Mientras tanto, varios de estos hombres —acusados de homicidio, extorsión y delitos de alto impacto— están en la calle o incluso habrían salido de la ciudad.

La revelación del perfil de los fugados dejó una pregunta inevitable: ¿qué hacían delincuentes de tan alta peligrosidad en un centro transitorio de mínima seguridad?

La comunidad exige explicaciones. Comerciantes, residentes y líderes locales coinciden en que lo ocurrido no es un hecho aislado, sino el resultado de una crisis que lleva años acumulándose.

El propio alcalde Carlos Pinedo pidió una reunión urgente con el Gobierno Nacional, el Ministerio de Justicia y el Inpec, reconociendo que la ciudad ya no tiene capacidad para manejar la situación.

Santa Marta no solo enfrenta una fuga. Enfrenta la evidencia de que el sistema falló.

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Y mientras las autoridades intentan recuperar el control, la ciudad convive con una realidad incómoda: varios de los hombres más peligrosos que estaban bajo custodia hoy están, otra vez, afuera.


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