Le quemaron el sustento mientras dormía: perdió el motocarro y aún lo debe completo


Un motocarro fue incinerado en la madrugada en Villa Betel, Santa Marta. Su dueño lo pagaba a diario y hoy enfrenta la pérdida total de su herramienta de trabajo sin dejar de deber.

A las 3:00 de la madrugada, mientras dormía, a Juan David le estaban destruyendo la vida. No fue un robo. No fue un accidente. Fue maldad en su contra.

Cuando los vecinos vieron las llamas, ya era tarde. El resplandor iluminaba la calle y el olor a combustible quemado confirmaba lo peor. Corrieron a avisarle. Lo despertaron para que saliera. Pero no había nada que hacer.Al abrir la puerta, Juan David se encontró con su motocarro envuelto en fuego.

No alcanzó a reaccionar. No hubo tiempo, no hubo ayuda que valiera. Solo pudo quedarse de pie, con las manos en la cabeza, viendo cómo el trabajo de todos sus días se convertía en chatarra.

En cuestión de minutos, lo perdió todo.

Ese motocarro no era un lujo. Era su única herramienta de trabajo. Con él hacía mudanzas, transportaba escombros, resolvía lo que saliera. De ahí salía el sustento de su casa.

Ahora solo quedan restos calcinados.

Las primeras versiones apuntan a que no fue un hecho fortuito. Testigos aseguran que varias personas habrían rociado el vehículo con combustible antes de prenderle fuego. La rapidez con la que se propagaron las llamas no deja muchas dudas. Fue provocado.

Y eso hace la escena más cruel.

Porque no solo le arrebataron el vehículo. Le dejaron una deuda viva.

El motocarro lo estaba pagando bajo la modalidad de “diario”. Cada jornada representaba cerca de 65 mil pesos que debía cumplir sin falta. Hoy, sin herramienta de trabajo, esa obligación sigue corriendo.

Debe pagar, pero ya no tiene con qué.

Juan David asegura que no tenía amenazas, ni problemas con nadie. No encuentra explicación. No hay un motivo claro. Solo la incertidumbre y la rabia de no entender por qué alguien decidió arruinarlo.

Lo que ocurrió en Villa Betel no es solo un incendio. Es el golpe directo a la economía de un trabajador informal, a una familia que dependía de ese ingreso y que hoy quedó en el aire.

Sin motocarro. Sin ingresos. Pero con la deuda intacta.

Los vecinos, que fueron los primeros en ver el fuego, hoy también son testigos de las consecuencias. El llamado es claro: que las autoridades investiguen, identifiquen a los responsables y den respuestas.

Porque mientras no las haya, la historia queda incompleta.

Lea aquí: El toro le atravesó el cuello… y sobrevivió de milagro: “no sé qué estaba pensando cuando expuse mi vida así”

Y Juan David, sin cómo trabajar, tendrá que empezar de cero… con una deuda que no se quemó.


¿Quieres pautar

con nosotros?