
Los detalles de la muerte de alias “El Flaco” en motín carcelario: estaba sindicado del asesinato del comerciante Fernando Melo
El reo, señalado por el homicidio del comerciante Fernando Melo, falleció luego de resultar gravemente herido en medio de disturbios protagonizados por reclusos del Centro Transitorio Norte. La protesta, marcada por enfrentamientos con la Policía, dejó varios lesionados y encendió las alarmas en la zona comercial de la ciudad.
A Keiner Almanzo, conocido como alias El Flaco, nada le salió bien este año. Su historia terminó de la peor forma: herido en medio de un violento levantamiento carcelario y muerto minutos después en una clínica de Santa Marta.
El hombre ya se encontraba privado de la libertad desde finales del año pasado en el Centro de Traslado de Protección (CTP) Norte cuando, en enero, su situación judicial se agravó. Las autoridades lo vincularon a un nuevo y grave delito: el homicidio del comerciante Fernando Melo Acosta, asesinado durante un violento atraco en el sector de Bavaria, mientras compartía con su hija. Desde entonces, su nombre quedó marcado dentro de uno de los casos que más indignación generó en la ciudad.
Dos meses después, su vida se apagó en medio del caos.

Así fue la protesta
La noche de la protesta, el Centro Transitorio Norte estalló. Un grupo numeroso de reclusos protagonizó disturbios violentos, denunciando condiciones indignas de reclusión y exigiendo traslados urgentes. La situación se salió de control: varios internos lograron salir hacia la carrera Quinta, en pleno corazón comercial de Santa Marta.
Lo que siguió fue una escena de confrontación abierta. Piedras volaban de lado y lado, el fuego apareció en medio de la calle y el pánico se apoderó del sector. Comerciantes cerraron sus locales, transeúntes corrieron y la Policía desplegó un operativo masivo para recuperar el control y evitar una fuga.
En medio de ese enfrentamiento, Keiner Almanzo resultó gravemente herido.
Fue evacuado en ambulancia hasta la clínica La Castellana, pero no resistió. Horas después, su familia recibió la noticia que terminó de sellar la tragedia.
Para su madre y sus hermanos, El Flaco no era el alias que hoy aparece en los reportes judiciales. Era un hijo, un hermano, un ser humano cuya vida —aseguran— terminó de la forma más violenta posible. Entre el dolor, lamentan su muerte y elevan un clamor por justicia, insistiendo en que, más allá de sus señalamientos, murió en medio de una protesta que buscaba condiciones dignas.

Las autoridades confirmaron que la situación fue controlada tras el despliegue policial que rodeó completamente el sector. Sin embargo, el balance deja varios heridos, tanto uniformados como personas privadas de la libertad, y mantiene la incertidumbre sobre posibles intentos de fuga, aún no confirmados oficialmente.
La muerte de alias El Flaco no solo cierra un capítulo marcado por la violencia, sino que vuelve a poner sobre la mesa una realidad que sigue creciendo tras los muros: el hacinamiento, la tensión permanente y el riesgo latente de que cualquier protesta en los centros de reclusión transitorio termine, otra vez, en tragedia.
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