Pastor que secuestró, amarró y abusó a su hijastra menor de edad fue sentenciado a 43 años de cárcel


La justicia sentenció seis meses y un día de prisión a un pastor evangélico de Santa Rosa de Cabal tras aceptar su responsabilidad en los delitos de violencia sexual agravada, acceso carnaval violento y secuestro agravado contra una menor de edad.

Más de cuatro décadas tras las rejas deberá cumplir un pastor evangélico señalado de secuestrar y abusar de su propia hijastra en zona rural del Eje Cafetero.

La contundente condena fue impuesta por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Chinchiná, luego de que el acusado aceptara su responsabilidad mediante un preacuerdo con la Fiscalía, decisión que dejó en firme una pena de 43 años, seis meses y un día de prisión, sin beneficios penitenciarios.

Predicaba la palabra con la biblia , pero escondía algo oscuro y aberrante. José Erley Ramírez Garcés, oriundo de Santa Rosa de Cabal, Risaralda, era conocido en su comunidad como pastor evangélico. Un hombre de Dios, de religión. Vivía junto a su familia y con él, su hijastra, menor se edad, quien vivió momentos de profundo miedo y angustia, pero que logró escapar y pedir ayuda, permitiendo que el caso no quedara en silencio.

Los hechos ocurrieron el 29 de abril de 2025, en la vereda San Andrés, un sector rural rodeado de fincas, montañas y caminos destapados que marcan el límite entre Santa Rosa de Cabal y Chinchiná.

Ese día, según la investigación, el hombre llevó a la menor hasta una finca del sector. Lo que ocurrió dentro de ese lugar fue reconstruido posteriormente por las autoridades.

Allí, lejos de cualquier ayuda y en medio del silencio del campo, la niña fue retenida contra su voluntad, amarrada y sometida a agresiones sexuales violentas.

El lugar estaba apartado y solitario. El lugar perfecto para cometer el delito. En medio de la desesperación, la joven comenzó a buscar cualquier oportunidad para escapar. Miraba alrededor, tratando de encontrar una salida. En un momento, logró aprovechar un descuido.

Fue entonces cuando vio una posibilidad: una ventana. Era su única oportunidad de escapar. No lo dudo.

Con el corazón acelerado y el miedo marcándole cada movimiento, consiguió salir por allí y comenzó a correr.

Atraveso el terreno de la finca. Sus pasos eran desesperados. Lo único que tenía en mente era alejarse lo más posible de ese lugar.

Tras varios minutos de carrera llegó hasta donde se encontraban algunos habitantes del sector. Agitada, asustada y aún en shock, logró explicar lo que acababa de vivir.

Los vecinos, impactados por el relato, alertaron de inmediato a las autoridades.

El pastor intentó desaparecer del lugar. Sin embargo, su huida fue corta. Uniformados desplegaron un operativo en la zona y lograron ubicarlo escondido en otra finca cercana, donde fue capturado poco tiempo después.

La noticia se propagó rápidamente y provocó una fuerte reacción en la comunidad. Muchos no podían creer que el señalado responsable fuera un líder religioso, alguien que durante años había predicado y ocupado un lugar de confianza dentro de su congregación.

Ante la contundencia de las pruebas reunidas por la Fiscalía, Ramírez Garcés optó por aceptar los cargos mediante un preacuerdo, evitando un juicio prolongado.

El abogado de las víctimas, Julián Martínez, explicó que la decisión también buscaba proteger a la menor y a su madre de revivir una y otra vez los hechos durante un proceso judicial largo.

“Más allá de establecer la responsabilidad penal, buscábamos una condena ejemplar. Con el preacuerdo logramos evitar revictimización y ahora avanzamos en el incidente de reparación integral para las víctimas”, señaló el jurista.

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La condena se convirtió en una de las más altas dictadas por delitos contra menores en esta región del país. El caso dejó una profunda huella en la comunidad y volvió a encender las alertas sobre la importancia de proteger a niños, niñas y adolescentes incluso dentro de entornos donde debería existir plena confianza.


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