Adolescentes reportadas como desaparecidas aparecieron juntas de rumba en Barú tras desatar pánico en Barranquilla


La angustia de dos familias que acudieron a la Fiscalía y no durmieron durante días terminó en sorpresa: las menores estaban juntas en la Isla de Barú. El caso se viralizó en medio del dolor reciente por el asesinato de dos hermanas en Malambo.

La ciudad entró en pánico. Dos adolescentes de 13 y 14 años dejaron de contestar el celular y sus familias, aterradas por el reciente crimen de las hermanas halladas enterradas en Malambo, corrieron a denunciar su desaparición ante la Fiscalía. No podían dormir. Temían lo peor.

Pero no estaban secuestradas. No estaban retenidas. No estaban en peligro. Estaban en la Isla de Barú.

Emily Sophia Borrero Tapias, de 14 años, y María De los Ángeles Sánchez Garrido, de 13, habían sido reportadas como desaparecidas en el norte de Barranquilla luego de salir el fin de semana, presuntamente tras asistir a una rumba con un grupo de jóvenes. Sus rostros comenzaron a circular en redes sociales, en cadenas de WhatsApp, en medios de comunicación. Los carteles se multiplicaron por toda la ciudad.

El miedo tenía contexto. Días antes, el hallazgo de los cuerpos enterrados de dos hermanas en Malambo había estremecido al Atlántico. Por eso, cuando las adolescentes dejaron de responder llamadas, el temor fue inmediato. Las familias acudieron a las autoridades. La Fiscalía recibió la denuncia. La alarma estaba encendida.

El Gaula activó la búsqueda.

Las autoridades revisaron cámaras de seguridad, trazaron una hoja de ruta y siguieron los últimos movimientos conocidos de las menores. El rastreo los condujo hasta Cartagena. Más exactamente, hasta la Isla de Barú.

Allí estaban. Juntas. A salvo.

La presión mediática y la viralización de sus fotografías aceleraron la ubicación. Incluso en la isla comenzaron a reconocerlas por los carteles que circulaban. Finalmente, este martes, tras la difusión masiva del caso, las adolescentes se comunicaron para informar que estaban bien y que se habían ido a pasar el fin de semana fuera de la ciudad.

La noticia, que durante horas fue angustia colectiva, terminó en alivio.

Las menores ya se encuentran con sus familiares.

Sin embargo, el episodio dejó al descubierto la fragilidad del momento que vive la región: cualquier silencio prolongado activa el fantasma de la violencia. El reciente asesinato de las hermanas en Malambo elevó la sensibilidad social y convirtió cada desaparición en una posible tragedia.

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Esta vez no lo fue. Pero el susto fue real. Las noches sin dormir también.


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