El amplio prontuario delictivo de ‘El Sixa’, una de las dos víctimas de ataque sicarial en la Zona Bananera


Las investigaciones confirmaron que uno de los dos hombres asesinados en ataques casi simultáneos en Soplador tenía 17 anotaciones judiciales. Su muerte, ejecutada de forma directa y sin advertencia, destapó un historial delincuencial que muchos en el corregimiento desconocían y que hoy es clave para entender los móviles del crimen.

Juan Carlos Cuenta Villamil estaba sentado en una silla cuando lo mataron. No corría, no discutía, no se escondía. El sicario llegó en motocicleta, disparó y se fue. El cuerpo quedó tendido en la terraza de una vivienda del barrio La Popa, en el corregimiento de Soplador. Minutos después, su hermano lo abrazaba entre gritos, mientras los vecinos intentaban entender qué había pasado.

En ese primer momento, nadie hablaba de ajustes de cuentas ni de venganzas. Para muchos, ‘El Sixa’, como era conocido, llevaba una vida discreta. No imponía miedo. No hacía ostentación. No estaba en el radar del barrio. Pero apenas se confirmó su identidad, comenzaron a surgir los comentarios que cambiaron por completo la lectura del crimen.

Las autoridades revelaron que Juan Carlos Cuenta Villamil registraba 17 anotaciones judiciales. Hurto, porte ilegal de armas, extorsión, fuga de presos, concierto para delinquir y tráfico de estupefacientes hacen parte del historial que ahora se convierte en pieza central de la investigación. Un prontuario amplio, acumulado durante años, que nunca fue visible para gran parte de la comunidad donde residía.

Ese pasado, que parecía enterrado, salió a flote solo después de su muerte.

La información oficial fortaleció la hipótesis de un homicidio selectivo: no fue un ataque al azar ni producto de una riña circunstancial. Fue una ejecución directa, rápida y precisa.

El perfil delincuencial de la víctima cambió el enfoque del caso. Lo que inicialmente se interpretó como un hecho confuso en medio de una tarde cualquiera, tomó la forma de un ajuste de cuentas ligado a su historial criminal. La forma del ataque —un solo objetivo, sin advertencias, en plena vía— refuerza esa línea.

Otro homicidio que guardaría relación

Minutos después del primer asesinato, otro hombre cayó baleado en el sector de Palos Prietos. Se trataba de un vendedor ambulante de helados que recorría la zona cuando fue alcanzado por los disparos. Murió antes de recibir atención médica.

Las autoridades no descartan que el mismo sicario haya participado en ambos hechos.
La simultaneidad de los ataques y el modo de operar mantienen abierta la hipótesis de una acción continuada. Sin embargo, el foco principal sigue puesto en el primer crimen y en el prontuario de Juan Carlos Cuenta Villamil, considerado determinante para esclarecer los móviles.

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Hoy, el caso ya no se mira desde la sorpresa inicial, sino desde el peso de un historial que terminó por alcanzarlo. En Soplador, la muerte de ‘El Sixa’ dejó una certeza incómoda: el silencio y el bajo perfil no siempre significan una vida lejos del crimen.


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